lunes, 3 de octubre de 2016

Diario: un pájaro muerto, mugre, y desesperación

En la nada, un muro y un pájaro muerto. Con los ojos cerrados lo reconoces. Sientes cómo suda tu cabeza. Te encuentras frente al puro desperdicio humano que eres tú. De tus ojos salen moscas y de tu lengua un aguijón que te inyecta veneno. Un lamento sigue a otro, el sueño se esfuma, miedo a levantar la mirada. Pánico a contemplar el horizonte. Todo se encoje en un mismo puño. Y ese puño te estruja el cuerpo. Nadar en la miseria de la existencia. Sucias esperanzas, llegar a doblarte y llorar por estar vivo, la angustia de no poder mantener la compostura. Sin ninguna esperanza. Sin ningún rezo te aproximas a lo inerte. Tumbas frías y camas viejas. Despejas tu frente y en tu garganta muda sólo hay un puño de nudos. De súbito te ves cara a cara con el miedo, y lo digieres torpemente mientras te asfixias con tu propia respiración. El miedo es la depresión. El miedo es la inmovilidad. La parálisis de cualquier impulso vivo. Sientes una mano rodeando tu nuca y sólo te ves capaz de negar asustado con la cabeza. Gastas saliva en la nada, gastas oxígeno para un muerto, sol para una tumba joven. Un estado absoluto, la negación de la existencia. Una sincronización insoportable. Una maldad torpe, que te deja petrificado sobre tu sombra, un reflejo tóxico, enfermedad y cansancio. Infamia y voluntad, lejanía y ausencia. Miseria y lamento. Dios y la huida. El descanso y un accidente. Un insecto que bebe de tu cabeza, un animal que se muere y duerme en tu pecho.

Hiede el miedo, tus dientes rompen cristales, tus ojos contemplan laberintos. No hay refugio mental. No hay sala de espera. No hay ninguna pared blanca. El suicidio fingido, la muerte apresurada, una enfermedad que no existe. Buscas una rutina de salvación pero no encuentras nada que te haga respirar. Te dices frente al espejo, ¿qué eres? Y luego te abraza la catástrofe, ¿muchacho, a qué abismo le rezas? ¿Por qué eres tan terriblemente frágil? No existe ninguna oportunidad, todo es una farsa, te vas a morir. Fantasmas asfixiados y demonios dormidos. No hay folclore, ni tumbas con flores. Todo está inmerso en un angustiante gris palpitante. Te vas a morir. Un animal camina por un sendero, una nube se rompe y un hombre llora angustiado. No hay lugar para tu ardor. Respirar te intoxica. Vivir te estremece del llanto. Seguir despierto es una broma de mal gusto. Creer en el futuro es una burla. El futuro aterra, la existencia te ahoga en una tina llena de sudor amarillo.

Calmado y noble veo al horizonte, un deseo infame de morir me recorre. Dolor de estómago, escucho mi voz a través de las paredes, el silencio de mi nuca me está dejando sordo. Siento el latido bajo mis venas, la incertidumbre rampando por mis vísceras. Todo se vuelve oscuro y se esconde en un ombligo, quiero estar muerto o ser un feto. Doy quince vueltas sobre la cama, y me veo que es imposible. No puedo dormir. ¿Qué impulso me empuja a estar despierto? ¿Qué broma perversa es esta? Todo ese vacío sepulcral, las odiseas, los sueños, el deseo, el deseo, el deseo... Hace una noche fría y solitaria que se pronuncia sobre los abismos de mi cabeza. De mis ojos nacen precipicios y de mi boca sólo llanto. De mi pecho brotan flores muertas y en mi corazón descansa un pájaro que no respira.

Soy un príncipe echado a perder. Suciedad por todas partes, gorgojos escapando de mi piel, mugre. Soy un infame suicida, un hijo perverso, la encarnación de la decepción humana. Decrepitud y enamoramiento. Falsas esperanzas y dolor irreversible. Yo fui niño y amé el mundo, fui líquido y me elevé sobre el cielo, fui una nube y ahora tormenta. Llueve en mi cabeza, el monstruo se mece cada vez más cerca, cierro los ojos y escucho su respiración, luego me doy cuenta que es mi misma respiración. Estoy aterrado y encerrado en un zulo. En círculos veo el mundo y me retuerzo, y me niego a mí mismo y agonizo. Pierdo la cabeza, busco esconderme, estoy desprotegido, a merced de la nada, descalzo para los asesinos, muerte para los niños, cunas vacías, canciones funerarias, campanas fantasmas, miedo, asco; demasiado cansancio... una voluntad infame me recorre, mi sangre no está bien, y de mi piel emana sangre amarilla.

De pronto en la nada te das cuenta que los pasos que has dado te han llevado a un pantano, y cuando lo ves con tanta nitidez sólo te queda hundirte. Y lo aceptas con melancolía, y con dolor pálido te dejas sumergir mientras intentas pensar en algo hermoso, alguna flor, alguna mentira. Y la mugre y la muerte te devoran como una tuerca oxidada. Miras al frente y en tus ojos no encuentras ni una mísera brisa de calma, y en tu respiración una asfixia, y al rededor de tu cuello una soga. Intentas acelerar tu cabeza, levantar los ojos y creer en la salvación de tu alma, la redención hacia el fin; pero no hay escapatoria. Tu cabeza está por encima de todo, y quedas preso en el pantano, mientras tu cuerpo sufre y se muere, tu cabeza permanece en la superficie, como si fuera un bolsa llena de aire podrido. Rojo y asustado miras cómo vas dejando de ser para convertirte en un engendro, en un muerto que no tiene ni siquiera la voluntad de arrodillarse ante su propio destino. Los cadáveres no saludan a la muerte, los vivos tampoco. El mundo es un gran gusano hambriento, devorador de cuerdos, asesino de voluntades y violador de cualquier calma. Ni siquiera se puede permanecer, ni latir, ni tampoco sobrevivir. Todo se devora por sí mismo. No hay auxilio. No hay frontera, ni salvación: ni le rezas al caos, ni le rezas a la vida, ni a nadie. Estás solo en el agujero y la muerte te susurra al oído obscenas y perversas realidades. Horizontes inimaginables. Tú mismo te has dejado hundir en todo ese fango. No hay Dios, no hay padres, no hay voluntad, ni sueños, ni amor. Sólo un vacío, la tentación y el precipicio. ¿Qué has hecho para merecer toda esta tortura? ¿Por qué toda esta química cerebral te impulsa hacia el abismo, y tus mentiras, y tu voz, y la calma y la soledad; por qué te has abandonado a merced de la pesadumbre, la muerte y la tristeza? Soy un pájaro azul.

Me tumbo en la cama y hay un cadáver sobre el colchón. Recorre mi cabeza una idea. Me veo a mí, soy yo. El enfermo soy yo. Follarte a un esquizofrénico y que se ponga a llorar. Que se arrastre por el suelo y se retuerza en la cama, mientras agoniza y chilla que odia el mundo y que la sangre no le pertenece, que su propia sangre le está quemando por dentro, que está sumido en un pozo de muerte demasiado denso, que ve rostros en las paredes y que hay un insecto hambriento entre tus piernas. Que le ha picado una serpiente, que tu lengua serpentea, que tus ojos no son normales, que necesita arrancártelos, que se lleve las manos y la desesperación a la cabeza, que empiece a convulsionar y que se quede dormido. No hay hogar para la decepción y la tristeza. El mundo no se sostiene. ¿Y ahora qué...? ¿Dónde refugiarte, dónde poder enterrar la cabeza con el único deseo salvaje y profundo de desaparecer? ¿Hacia dónde huyen los pájaros cuándo quieren morir?

viernes, 16 de septiembre de 2016

Cyanide Chroma Cruz

De pie frente a un espejo mudo y quieto. El silencio lo consume todo. Siento la respiración de las venas y mis vísceras latiendo. La muerte toca mi nuca y tu soledad besa mi alma. Noto el pulso en mi pecho y veo un llanto en mi cabeza. Esto es lo más cerca que te voy a conocer. Respiro pausadamente, no queda rastro de locura en mi cabeza, ni gotas de enfermedad. Estoy completamente cuerdo. Lo sé porque me quiero matar. El mundo florece entre arcadas de invierno. La hiel limpia los mares de la desolación. Hay humo en mi cabeza. Tengo una corona de animales muertos en la cabeza y un ramo de flores secas. Soy un grito noble. Existe en el centro de mi pecho una espina hambrienta del baño tóxico de la sangre. Sin ninguna aceleración, sin ningún tipo de latido perverso. Contemplo mi cara frente al espejo y luego lo entiendo: estoy crucificado frente a ti. Ojalá tú no..., dejadme morir en paz. Ojalá no estar entre costras y baños de sangre violeta..., no lo suplico, lo imploro. No me miento a mí mismo, lo rezo con ferocidad. Con los brazos en horizontal y el cuello torcido. Parecemos mimos tristes. Con los ojos hinchados en rojo, y la garganta rota de tanto gritar. Nos hemos quedado mudos. Somos mudos hambrientos de almas jóvenes. Somos la belleza enamorada de la muerte. El horror cortejando la cabeza de un loco. Todo es un vórtice rabioso de auténtica desesperación. Me sumerjo en el vapor de la irrealidad que inunda la atmósfera. Frente a la nada y al borde de la tragedia dos almas ciegas. Nos contemplo como humanos de plástico inmóviles y fútiles. Rabiosamente alejados. Somos dos almas rotas en medio de un festín de irreverencias y abismos malditos. Yo te veo a ti y tú a mí, y somos eso mismo: dos muertos que se reconocen. Estamos en la flor de la decadencia, en el lomo de un animal que se muere. Tú en una cruz y yo en otra. Se hace insoportable no poder decirnos nada. Somos dos ingenuos sumidos en un mar de cabezas rotas. Estamos hechos de plástico y amamos el dolor. Entre abismos y abrazos lejanos. Cada vez existe más arena debajo de nuestros pies. Nos están enterrando vivos, de súbito no queda nada, ni una sola queja, en la intemperie sólo hojas secas. En la lejanía la gente cuchichea, estoy crucificado frente a ti y no decimos nada. Sólo hay un pozo y unos arbustos negros. El sol incide sobre la carne y empieza a burbujear. Tú estás callada y yo escucho tu silencio, has nacido para la soledad y yo para padecerla. Lo veo y me retuerzo, no he podido salvar ni una sola alma. Dios es un bastardo y yo un engendro. Tú eres la muerte y yo un escarabajo. De tus ojos brotan lágrimas secas. De mi boca una mosca, la sal, los dientes rotos. Éramos reyes del caos y ahora estamos pagando las deudas del infortunio. Tú inmóvil y yo sediento. Tú ajena y extraña: yo soy un tumor y tú un sedante. Yo soy un muerto y tú eres la putrefacción. Te veo casi ciego. Te reconozco, siento compasión por tus manos rotas en sangre. Siento angustia por tu desolación. Te veo y me reconozco. Yo sé que te quieres ir, sé que te vas a morir; pero yo tengo en el estómago un león hambriento. Tengo en las venas una santa intoxicación. Burbujas en mi piel, estoy ciego, lleno de yagas, mugriento y acelerado por amarte. Agito la cabeza: la incomunicación, la distancia y el sol. Dios, tus ojos y un suicidio silencioso. Tiemblas un poco, intentas esbozar una sonrisa. Jadeo salvaje y me arranco de las manos los clavos y sangro y acecha un chillido agudo. Y giro las rodillas y se rompe toda la madera y los huesos y mis pies. Caigo al suelo y me arrastro hacia ti, mientras te mantienes hermosa y crucificada en tu hogar. Has nacido para este momento. Todos tus gestos y toda tu calma se reducen a este instante. No existe nadie sobre la faz de la tierra que pueda morir mejor que tú. Me arrastro como si fuera lo único que sé hacer. Llegar a ti. Y desde abajo te contemplo silencioso. Abrazo tus pies y tu cruz, intento trepar hacia ti, pero es imposible, intento romper tu cruz pero niegas con los ojos; estás demasiada sumida en tu cabeza. No hay forma de liberarte de tu hogar. No hay forma de poder soltar la lengua y librarnos de toda esta enfermedad. Noto toda tu oscuridad y la abrazo, sumido en una tristeza lamentable y con absoluta aceptación. Te entiendo, claro que te entiendo. Trago saliva, me río de la existencia, te dedico una mirada llena de ternura. Acaricio el pelaje de tu alma, sé que no hay laberintos, que estás muy sumida en ti misma, cierro los ojos con calma. Me digo que hemos escalado tanto, que tu corazón no es de piedra. Me veo, tengo un aspecto lamentable. No hay más, no hay más roca, no hay muro que trepar. Estamos en lo alto y sólo queda la caída. Sé que te amo. Enloquezco, mis cejas explotan y mis ojos hieden en sal. Te veo allí y tú desde arriba. Yo me arrastro por el sendero de la muerte y tú la esperas digna y confiada. Es el caos reventándose contra sí mismo. En mis ojos una gota, en tus labios frío, estás púrpura y te estás muriendo, sonríes al frente y yo sonrío contigo. 

jueves, 15 de septiembre de 2016

Belzunegui

Me despierto podrido de un calor insoportable: siento cómo se derriten mis uñas. Luego empieza a llover. Calma dentro de la nada, el silencio de los mudos. Aire gris. Desde la ventana me arrojo a un precipicio involuntario, no veo nada, huelo sangre, le rezo a la muerte, soy un hombre perdido echado a perder. Veo las fauces de la locura y la salvación de la humanidad: una lombriz anida en mi cuerpo. La muerte y la calma: los gusanos devorándolo todo. Quiero otra cabeza, quiero otra vida. Esta ha caducado y ahora sólo queda la descomposición, amoniaco, mugre. Las indeterminaciones de la vida. Lo insoportable que se hace respirar bajo el manto de la depresión. Soy un enfermo clínico con los ojos amarillos y la garganta sucia. La familia rota, los valores podridos. Las mentiras piadosas por un Dios extraño. La gente es rara, mi cabeza no está bien. Los animales de compañía. Lloro salvaje y sumido en una mazamorra ponzoñosa. Quiero correr carretera abajo y perder el control. Una manzana podrida no es una manzana podrida. Una manzana podrida es mi cabeza rota. Tengo un gusano en la cabeza que me está volviendo loco. Que alguien me lo quite, no lo soporto, ha trepado por mis piernas, y me ha violado. Me está haciendo perder la voluntad. No me reconozco.

Todo se ha torcido, nada ha salido bien. Hace frío. Me congelo afortunado. La muerte es mejor en invierno. No tengo abrigo. Estoy rabioso. Necesito salir y morir a la intemperie. Soy un vómito humano. Tóxica evaporación, leche agria y lactante. Me pongo de pie y doy unos pasos por la habitación, frenéticamente niego con la cabeza: todo es muerte y enfermedad. Humo e intoxicación. Lombrices paseando por mi cabeza. Salvación mortífera, drogas de la calma, la pérdida de la cordura. Opio en el desayuno. No quiero estar loco. No quiero entrar en un psiquiátrico. Me veo en el espejo del baño: tengo los ojos hinchados y la piel seca. Los labios arañados. Quiero ser una rata y morder un cable eléctrico. Me veo el antebrazo: ayer me he excedido con los impulsos. Parece que he metido la zarpa en una máquina de moler carne. Pero la sangre cuando fluye fuera de la caja es hermosa: es pura calma. Un diamante. Desangrarse es la calma absoluta. Un río de tranquilidad. Las venas son la única salvación posible. La vuelta a la cordura antes de la muerte. Dios y un espejo, un hombre y su sombra. Cuando surca los pliegues de la piel y alimenta la sal, cuándo se desborda. La sangre es mágica porque está podrida. No hay suplicio, pero me retuerzo en el propio vómito materno. Volver al útero, secarme y morir. Ser un feto abominable y gigante. Tengo que salir y luchar para morir. Mi lucha: la muerte. Mi vida: un oasis de perversión e infelicidad. Veo mil cataratas de pura desolación. Rostros salvajes y ansiosos por devorar mi alma. Sangre por todas partes. No quiero estar enfermo, prefiero estar muerto. Pienso en ti, sabes que pienso en ti. Sabes que sólo sé pensar en ti. Y te lo digo, lo escribo enfermo desde la cama, con los dedos, torpemente aliviando mi dolor. Amor en gotas de cianuro. Amarte a costa de la morfina. Eres el alivio de mi sangre. La intoxicación de mi cabeza. Amarte me salva de la huida. Pero tú quieres estar triste, y yo sólo quiero estar muerto en una caja debajo de tu almohada.

Mi único pensamiento durante la noche: tú y tus ojos devoradores de almas, tu voz fantasmagórica. Mi única incertidumbre durante la madrugada: si aún me amas, si importa algo, si vamos a construir catedrales, quemar monumentos, derrotar castillos. Si vamos a florecer en un campo de asfixias, arbustos y lobos muertos. Te necesito a mi lado. Necesito huir de aquí y desaparecer. Me pongo a llorar. Me intento administrar valor, pero todo es una farsa. ¡Soy tan asquerosamente frágil que no me soporto a mí mismo! Lloro pensando en los animales mecánicos. En la carne. La sangre. Las madres. La gente. El infierno sonriendo entre relámpagos y hormigas gigantes. Cojo mi estómago con el puño y empiezo a reventarme a hostias. Chillo agónico hasta quedar completamente desnudo. Me doy de cabezazos contra la pared hasta sangrar y perder el sentido. Me despierto de súbito, intento pensar, intento recuperar la cordura, pero todo es un caos. Y sé que yo le rezo al caos. Infame y obediente, yo le rezo al caos y te rezo a ti. Me pongo de pie y chillo mil obscenidades hacia mi sangre. Todo es un lamento repugnante. Empiezo a temblar, a mecerme sobre mis rodillas. Escucho canciones en mi cabeza, melodías que no son mías. No me aterro, empiezo a deambular en los jardines de mi cabeza. Quedo presa en un pozo y de allí no hay quién me salve. Estoy en un lugar húmedo y tranquilo. Ojalá vivir en el pozo y morir aquí. Me digo que tengo que dormir más. Estoy acelerado y esquizofrénico. Qué insoportable se me hace vivir. Lo miro todo con ojos de loco. Me reincorporo, voy al baño, echo una meada y enciendo un cigarrillo. Miro por la ventana. Llueve en la ciudad del caos. Arde la ciudad. Se evapora cualquier rastro de tranquilidad. El clima se ha roto de golpe y ahora sólo hay temblores y catacumbas. Frío y devastación. Me digo que soy un hombre y un hombre debe hacer lo que debe hacer un hombre: salir de casa y morir. No quiero estar podrido en mi cabeza. No quiero ser presa del espectro de la soledad. Me tiro de los pelos y vuelvo a perder la consciencia. No estoy bien. Tengo una sonrisa extraña. Me estoy muriendo.

Cierro las persianas, y con unas toallas tapo las ranuras de la puerta. Y en medio de la oscuridad una incertidumbre cegadora. No estoy solo en este arrebato infernal. Noto la sangre por mi cuerpo. Sé que no voy a salvar el mundo. Sé que no existen dioses en el horizonte. Ni flores en el cielo. Acaso arcadas y tumbas en el infierno. Una luz gris. Estoy aterrorizado, salir para morir. Salir para estar de pie, deambular, creer en una fe insoluble..., yo no soy el que se arrodilla frente al amor. Yo no soy el que se arrastra por los pasillos de la existencia. No soy una marioneta. Sólo soy un Jesucristo asustado.

En medio de la oscuridad un cigarrillo late. Y cuándo inhalo el humo la luz lo ilumina todo. Una inexistencia demasiado agradable, como una caricia mortífera. Escucho el sonido de la muerte a cada respiración. Me digo que si todavía respiro. Me digo que si existe algo a lo que poder recurrir cuándo el mundo perverso se te arroja encima. Ayer subí a la azotea de Belzunegui y me sentí caer. Lo vi todo desde esa perspectiva majestuosa de las aves y los muertos. Un fantasma. Estoy enamorado de un fantasma que dice mi nombre. Y de pie en el borde me dije que no quería morir hoy. Pero que mañana sería otro día. Y me entró una risa lamentable. Qué bien te conocías sucia escoria. Qué bien te conoces, jodido inútil: al menos sirves para reírte de ti mismo. De pie, en chándal, frente a un abismo de cemento. El cielo ilumina la ciudad. Los árboles se mecen sobre sí mismos, ansiosos, enfermos, acabados. Las almas no rezan. Las señoras se sientan en las bancas, charlan de cosas insignificantes. La gente sale a trabajar. Los buses pasean. Los animales se esconden. La ciudad no es lugar para la vida. La ciudad lo pudre todo. Sólo somos ratas humanas en un hogar de mediocridad. Bajo de la azotea, renovado como aquel que ve su futuro..., y en mi boca sólo anida la sonrisa de un loco, del hombre libre que sabe que se va a matar.

Me río salvaje. Prefiero mil veces la esclavitud a la muerte. Me evado de mi cabeza. Soy un esclavo afortunado. Camino hasta la casa. Mi nuca me pesa, llevo una cuerda o un regalo. Entro en la habitación y me fumo diez quince cigarrillos de golpe. Uno tras otro, tembloroso y necesitado. Toso hiel, siento mi garganta arrastrándose hacia el abismo infernal de la enfermedad. Hay una cucaracha en mis pulmones. Veo mi vida tan lejos, una luz leve me consume, soy un muchacho gris. Las persianas están abiertas. Y me digo quién, yo o el fantasma, Dios o el amor. Me digo que este es el final, no me lo creo. Me miento constantemente. Te rezo a ti, mujer. Te rezo, y luego acepto el último pensamiento antes de morir. Antes de irme, tirado en el suelo mientras la sangre chorrea gritaré que viví siete meses más porque te vi respirar. Y lo tengo tan claro que enmudezco. Sin ti estaría muerto desde hace siete meses. Soy un muerto perdido. Un moribundo del amor. Sacerdote de la infelicidad. La aceleración lo consume todo. La violencia, la muerte, la desolación, la maldad. Soy un animal mecánico. Te rezo a ti, porque sólo sé rezarte a ti. De verdad que sólo sé rezarte a ti. Eres mi fe y mi caos. Eres herida y sedante. Eres Dios y la muerte.

Bajo a la calle. Y empiezo a caminar hasta adentrarme en los barrios más rancios de la ciudad. La calle lo delatada todo: suciedad y alcohol. Basura y salvajes. Voy con una soltura absoluta. Como aquel que no le teme a nada. Como el hombre sucio y libre que rebusca en la basura. La gente me mira con desconfianza. Tengo el brazo destrozado de tanto jugar a los cirujanos. Tengo la cara roja y sangrante de los cabezazos contra el muro del calabozo, y la nariz torcida. La piel seca, los ojos muertos. Como si fueran movidos por un suspiro fantasmal. Me engaño a mí mismo. Veo a lo lejos a un grupo de gente poco memorable. Suicidio por la voluntad. Matarme por amor. Amarte por no morir. Enfurezco, me vuelvo loco, quiero sangre, quiero muerte, quiero ser un insecto, quiero estar internado en un psiquiátrico. Camino hacia ellos. El duelo es fácil sólo tengo que mirarles a los ojos de forma repugnante. Como si estuvieras viendo un perro cagar encima de un bebé. Como si vieras la violación de tu hermana pequeña. Y sigo el plan. Les veo con ojos infames, casi vomitando. Desde lo lejos se ve a un muchacho que camina como yo. Rezo por su muerte. Y él reza por la mía. Mientras se retuerce y tiembla, la abstención, mi cabeza tiembla y mis ojos parpadean como si fueran luces en un loquero. Sonrío y empiezo a reírme de ellos. Me río de sus caras, de sus ojos, de sus vidas. Los imagino sufriendo por amor, discutiendo con sus familias, fumando droga ansiosos. Los imagino llegando tarde a todas partes, en la taza del váter, mientras se masturban violentos viendo pornografía poco ética. Me entra una risa histérica y todo el ritual está hecho. Se acerca uno, me dice qué coño hago. Le digo que me gusta la forma horrenda de su cara, que venga y nos conozcamos mejor. Insulta torpemente, saliendo de su boca un tono infantil de criatura ofendida. Me mofo, me mofo tanto que empiezo a perder la cabeza. Toso y sollozo, estoy perdido. No sé dónde está la iglesia. No sé dónde está el doctor. Necesito mis pastillas. Necesito volver al sedante. Necesito estar tumbado en la cama mientras me voy dejando morir. Necesito salvar mi alma y vender mi cuerpo. Necesito cambiar de aires y respirar veneno. Necesito estar muerto. Se acercan dos más. Están rodeándome. Gente peligrosa, les digo, agito las manos. Bienvenidos a San Francisco jadeo mientras meneo la cabeza como si estuviera bailando algún tipo de danza africana. Empiezo a contornearme mientras insinúo un baile exótico. Mastico con los dientes. Dios, la Patria, el Cielo, los Padres y el Infierno. Les grito enfurecido, con las cejas ardiendo en odio y maldición. Vuestra existencia, la pesadumbre, la fantasía, el aborto. Me mofo, pienso en todas las virtudes de la muerte. En la soledad de la vida. Veo mi infancia, me imagino al niño torpe en la clase, solo y asustado, perdido mientras habla con una sombra extraña. Me apetece tanto dormir en calma sin tener que oír mi cabeza. Empiezo a correr. Corre por tu vida muchacho, esa gente te va a matar.

Empiezo a enloquecer y a reír a carcajadas. El grupo corre tras de mí. Por fin la gente me sigue. Me digo que así es la vida, uno corre evitando morir aplastado por el peso de sus actos, pero luego uno se cansa y la muerte avanza. La muerte es implacable y la voluntad por la muerte es sublime. Un bálsamo de larvas y desperdicio humano. Doy saltos, me esmero en correr con estilo, me imagino destacando entre la multitud. Mi único talento: huir. La marcha del suicida. Un niño recorriendo las calles en busca de no morir y de amor propio. Tampoco me importa, jodida vida. Marcando los hombros, jugando con las rodillas, me digo que voy a correr hasta cansarme y morir. Voy a ser un artista de la retirada. Pero me canso demasiado pronto y sólo he sacado unos metros de distancia. Me quedo inmóvil. Todo está decidido. Estoy jodido. Siento un poco de arrepentimiento. Arqueo las cejas, inhalo aire, aceptar las condiciones de la vida. Me pongo en guardia y empieza el festín. Uno de ellos viene a darme con los puños, y al primer golpe me tumban al suelo. No me defiendo porque sé que ellos son inocentes. Y yo soy por un instante feliz. Hacen bien su trabajo: se esmeran en reventarme. Me dan de hostias. Las hostias más humildes y honestas del planeta. Herir por herir. Así es el amor. Uno tiene que dejarse herir. Es una garrapata sangrienta. Patadas en mi cuerpo, balas en el firmamento. Mi vida es un bucle del que no puedo escapar, poned fin, no creo en nada que no sea la muerte. Me estoy volviendo loco, ayudadme.

Escupen en mi cara y alguno intenta quitarme los pantalones. Mientras sonrío angustiado e intento reír. Reír hasta las últimas consecuencias. Entre gorgojos de sangre y pus. Un escorpión en lo alto, volando la ciudad. Hombres con sombrero tendiendo la ropa. Veo un elefante a lo lejos. El mar. Unos árboles volviéndose semillas. La nariz sangrante y la boca callada. El Dios mudo y la gente sorda. Me río mientras vomito hiel y sangre. Pero son tipos duros, no desisten. Necesitan pegarme todos para sentirse justos. Es un acto grupal, un ritual para los justos judíos. Cierro los ojos y pienso en ti, cómo te amo, cómo me derrita lo sublime que es acariciar el pelaje de tu alma. Pienso en la vida y la dramática existencia, en tu último adiós. Uno de ellos tiene un don increíble para pegar patadas. Las siento profundamente, como una daga cortando mi piel. Me abrazo a su pierna y mientras se aterra por lo que fuera a hacer, miro hacia él y le digo que no me suelte nunca, que no me deje solo, por favor... Me callan con un talón en la boca. Siento algo roto. Escupo y sigo allí, abrazado a su pierna. Como un hijo a su madre. Pero no me abrazo a él, me abrazo a sus golpes. Me llueven sus hostias pero estoy a salvo, contacto humano, no estoy solo. Me salvan de mi cabeza. Hasta parece que se adormece todo mi cuerpo y ellos se cansan. No queda nada de mí porque nunca hubo nada destacable. Soy una cáscara de carne y dolor. Una mazamorra de frustraciones y aspiraciones inventadas. Soy un saco de auténtica desaprobación humana. Se van alejando de mí y a su paso la soledad y la tristeza. Veo un gran charco de orina sangre y sudor. La ropa hecha añicos. Ningún vecino en alarma, ningún ciudadano se preocupa: sólo son niños jugando. El último en irse es el de la pierna. Le sujetaba como si fuera mi salvación. Arqueo la boca y mientras tiemblo rojo casi ciego le digo que no me deje solo. Gritan que estoy enfermo, que debería volver a mi casa o matarme. ¿Pero qué casa, bastardos? ¿Pero creéis que no he intentado matarme? Yo no sirvo para eso. Yo no sirvo para nada Ni para matarme ni para vivir. Ni para sobrevivir a la oleada insoportable de la gente, ni para digerir el mundo tosco y hostil. Yo no sirvo para ser hombre, se han equivocado conmigo, yo debí nacer insecto o muerto. Yo debí ser una tragedia familiar, un arbusto, el vapor que sale cuándo meas en invierno. Yo nunca debí ser.

Por favor, suplico ansioso y aterrado, no me dejéis solo. No tengo a nadie, sólo os tengo a vosotros, muchachos. Hablando casi balbuceante, intento convencerles de que no se vayan o que me maten. Chillo aterrorizado por recordar las paredes de mi prisión. El muchacho se desespera, y su cara cambia de expresión..., de todo el odio y la violencia a la más extraña compasión y asco. Como si se viera reflejado en mí. Estás viendo a un lagarto desesperado. Luego mira mis ojos de loco y huelo su terror. Como si viera un alma reptante, como si viera a un demonio asustado, como si estuviera presenciando lo más hondo y repugnante de la desesperación humana. Sujeto a su pierna yo, sujeto a la vida él. Huyendo de toda responsabilidad, maldiciendo el día en el que nos cruzamos. Y yo sé que le amo, le amo porque me ha dado la vida, y me están matando. No quiero dejarles ir, es el único consuelo que tengo. No, por favor, suplico, no me dejéis aquí... Y sus ojos siguen aumentando, parecen que van a explotar, el muchacho no entiende nada, abrazo con salvaje determinación su pierna y pego mi boca sangrienta a él, intento besarle, le mancho sin querer un poco y siente auténtico asco, lo noto porque al verme y al no soltarle entra en su cuerpo una arcada.

Y yo sigo allí abrazándole mientras intento que no se vayan, que sigan allí moliéndome a golpes, que no me muestren piedad, que no me dejen sanar. Quiero huir de mi cabeza, quiero no tener cuerpo. No quiero ser, no soy humano, yo no existo. Estoy loco, he perdido cualquier juicio. Son las lombrices de mi cabeza, es el dedo del diablo en mi nuca, la voz de los espectros, la sarna de mi sangre, el sida, la muerte, la enfermedad, es el amor de mi pecho, es el oxígeno: respirar me está matando. El muchacho hace un movimiento brusco y logra soltarse de mi abrazo. Siento una gran nostalgia por el amor que perdí, su comprensión, toda la pasión de sus golpes, toda la belleza de nuestra unión. No puedes reventarme a hostias y luego no acompañarme hasta sanar. Es tu deber, hazte responsable de todo este estropicio, no me dejes tirado, tengo sentimientos, yo existo muy a mi pesar, no seas así, vuelve, compréndeme... Luego sólo queda la calma y desperdicio humano en el suelo. Me arrastro un poco por la calzada hasta poder quedar de espaldas a un árbol, y me invade la desesperación y una nostalgia terrible, empiezo a llorar, otra vez, me digo triste y hundido... Otra vez me han dejado con vida.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Lombriz

Temo enloquecer. Lo veo tan cerca que me erizo y lo niego entre gruñidos desesperantes. Lo veo tan de cerca que me horrorizo y me quiero matar. Veo la locura arrastrándose por el suelo como una lombriz, y yo sólo puedo tragar saliva y levantar los pies de la cama. El suelo de mi habitación está maldito. Mi única solución es estar dormido. La veo arrastrándose por el rastro que ha dejado mi sudor. Pero yo sé que pronto subirá por mis piernas y querrá entrar en mí: que nos unamos, que sellemos nuestro destino. Y cuando eso ocurra no podré hacer nada. No me negaré. que me resignaré a mi contrato. Lo profetizo ahora sin pudor. Voy a perder el juicio y no será agradable. Todo hombre se corrompe cuándo prueba la tierra prohibida. Y toda alma se rompe cuándo su propia saliva es veneno. Un día me despertaré de la cama con el mismo sentimiento suicida de siempre y habré comprendido algo de la existencia humana, algo tan crudo que no se pueda negar, y aún cuando quisiera no digerir nada de eso, lo haré y habrá sido el final. Y tragando aire, salivando flemas y sangre voy a ceder... y allí, en ese instante me encerraré en mi cabeza y no podré regresar. Lo vi cuando tenía diez años. En clase una idea horrenda me absorbió, me dolía la garganta y la gente hablaba, pero no podía salir de allí. Fiebre psicológica. Miraba en ciego y los niños me reprochaban que dejara de hacer el tonto, la mujer me llamó varias veces pero no podía salir de mi cabeza. Abrir mi boca para comer, y que sólo haya muerte. Una lombriz enorme colonizando mi carne. Sucederá lo mismo, pero esta vez no podré volver a mí mismo. Y estaré encerrado en mi cabeza. No podré hacer nada. No podré hablar, ni tampoco me preocuparé por nada biológico. Tocarán a la puerta y no responderé. Algún muchacho se preocupará, me intentará hacer entrar en mí, pero no habrá respuesta. Lo comentará con sus amigos. Entenderán que llevo cinco días en la misma posición, en la cama, tumbado como un esqueleto. Olerán el hierro de la orina y las toxinas de las heces. Se enfurecerán por el mal olor, pero luego se horrorizarán. Se preguntarán ¿cómo es posible que alguien sano haga esto? –Y es que no estaré sano. Y estaré allí, muriendo, mientras mi cabeza expira y vuela a otro lado. Lo he visto claro. Ese es mi destino, porque no puedo digerir el mundo. Porque noto la locura cerca de mí. Susurrándome nanas en la nuca. Llamarán al número de emergencias y buscarán mis datos en la billetera, mirarán horrorizados la habitación, intentarán encontrar algo más de información, pero no será necesario. Todo esta claro, ese tipo de allí, el que lleva mi nombre, el que se parece a mí, está loco. Miren fijamente sus ojos: no están. Me cogerán del brazo y me pondrán en pie, y mi cuerpo obedecerá. Y estaré de pie, desnudo frente a ellos, como un discapacitado. Habré mirado demasiado dentro de mí, me habré quedado ciego, Dios habrá pasado demasiado cerca de mi cabeza: el mundo habrá sido demasiado explícito, la vida me habrá obsequiado dejar de existir sin tener que morir. El olor de mi cuerpo será tan insoportable que antes de entrar en la ambulancia tendrán que ducharme entre varias personas. No reaccionaré con el agua fría y buscarán en los cajones algo de ropa limpia. Verán las marcas en mis brazos, las uñas de mis pies arrancadas, los moretones y las heridas rojas en la frente: se preguntarán, ¿qué le ha ocurrido a este muchacho? Y ese será el regalo que dejaré tras mi sufrimiento. Esta será mi única herencia: un cadáver que aún está vivo.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Cartas náuseas y muertas desde las desesperación (agosto)

07-08-16 

***
Lo digo jadeante después de llegar a casa. Estoy ciego y hoy ha sido un día azul. Estoy perdiéndome en mí mismo. El cielo se consume en nubes inagotables, grises mudos. Gigantes infames. Mi casa está vacía. Intento sobrevivir, pero lo olvido todo. Cocino algo, devoro, y luego vomito. No puedo sostenerme, no soporto el peso de mi alma. Soy un jinete derrotado. Un ingenuo degollado. Quedo rojo y petrificado frente al espejo. Tumbado en el suelo. Hediendo a proteína mal digerida. Te pienso y lloro. La idea de no verte me destroza. La ausencia de todo. La muerte prematura. Y aún así sé que te amo porque me estoy muriendo.

***
No quiero mentirme, ni fingir indiferencia, ni existir. Sólo deseo amarte. Pero para ti sólo es un deseo: algo insólito y variable, una herida cualquiera. Una mancha en el esternón. Un tatuaje de sangre. Me desespera el mundo. Y me desesperas tú. Siento un gran puño en el estómago, un monstruo me está consumiendo. El miedo me devora..., y no me deja respirar. Ni siquiera me vomita: me quiere presa en su estómago hasta que el ácido me digiera. Tengo una necesidad irracional y maldita de amarte. Un demonio arrastrándome hacia el infierno, muriendo por el estómago. Huyendo de la existencia. ¿Por qué? ¿Por qué estás evaporándote...? Siempre has estado evaporándote. Pierdo la cabeza. Te amo tanto que quiero matarme. No soporto existir sin ti. Ni tampoco pensar en ti. No soporto nada que tenga que ver contigo. Odio tu voz. Estoy enloqueciendo. En mi cabeza sólo tú, en la soledad sólo tú: en el silencio tu voz. En mi dolor tus ojos, en mi agonía tu silencio. En mi lengua tu nombre y en mi garganta un llanto asfixiándome con tus manos. Mátame y déjame respirar.

***
En mi fe un atisbo de humanidad: me estoy volviendo loco, pierdo la cabeza. No hay manera de salir de mi mismo. Pienso en ti, y no queda nada a lo que aferrarme. Porque Dios bendito, inútil y profano, sabe el cielo que mi amor es tan ilógico, que lo que siento en mi pecho no son glorias ni penas, sino el más desesperante amor angustioso. Sida espiritual. Un tormentoso cáncer. Y aún así te necesito. Prefiero la enfermedad a la vida. La muerte a tu ausencia. Tus ojos antes que la luz. Tu vida antes que la ceguera.

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No puedo hacerme a la idea de ser infames, estoy cruzando el umbral. Sólo pienso en ti. Nada sucio ni humano, todo ternura e ilusión, tan puro que arde, tan delicado que me avergüenza..., como un niño que ama a una niña. Una burda imitación de la esperanza. Como una criatura solitaria al que algún ente alimentó con sus manos. Con un amor desesperante..., porque yo sólo soy un insecto que está preso en tu cuerpo. Un gusano grotesco que anida en la superficie de la piel de un animal grande, que sabe con tanta biológica exactitud que si el animal muere, él morirá también. Porque no es humanidad, es la necesidad más dolorosa que puedo admitir. Sollozando como un infante... No me sacia tu idea, ni tu recuerdo; te necesito viva, cerca de mí, porque sin ti estoy solo. Y no soporto oír mi cabeza. Porque nadie ha sido tú. Porque tus ojos me dan paz, porque sólo soy un mortal asustado, débil y adolorido. Porque no puedo seguir sin toda la farsa. Creer en ti, creer en nosotros. Un absurdo. Abstracciones afiladas, púas malditas. No seamos infames... no apagues la luz. Sin ti anochece.

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Mírame a los ojos, y mírame roto y rojo, de rodillas suplicando calma, suplicándote a ti que me ames. Como una alimaña, como un humano sucio, como un niño torpe. Y es que no puedo mentir, no te pido que me ames, lo suplico de rodillas, como lo peor de este mundo: un mendigo que no tiene forma de escapar de su destino. No quiero aceptarme, no quiero aceptarme en este estado reptante. Porque no le rezo a Dios... porque sólo sé rezarte a ti.

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Mi alma te llora. Mi alma te llora todas los días, y las noches se hacen imposibles, la ausencia, la negrura, el espesor de la sangre, las heridas, desangrarme. No es que te ame perdidamente, es que estoy perdido en ti y no puedo negarlo. Necesito nadar en ti. Beber de tu agua. Te amo con toda la fuerza de mi estómago, con la sangre de mis vísceras. Con el último aliento de mis pulmones. Te amo tanto que podría explotar. Pero aunque sé que me has salvado de mis abismos y roto mi letargo, dado algo en lo que creer, yo aún así no te creo...

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Te quiero tanto que me haces llorar. Y no lloro por tu frialdad. Lloro porque jamás he sentido un aguijón tan intenso. Me desangro al pensarte. Mi estómago se retuerce, mi boca se desencaja, y cuándo recuerdo las afrentas y las torturas que has padecido..., cuándo te imagino siendo rota y destrozada, mi alma chilla, y mi rostro empieza a gotear laberintos. Rojo y triste, solo y azul. Zarza yo sin ti estoy muerto.

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Amor mío no hay nada que pueda saciar mi necesidad de ti. Ni siquiera tú misma. Te lo digo sin ninguna esperanza de mantener la dignidad, sin ninguna intención de evitar la trampa. Te lo digo de rodillas y suplicante, ¡te lo gimo lloroso y arruinado! ¡lo digo sin vergüenza porque de mí no queda nada más que un tormento! ¡Cuándo tus ojos desaparecen sólo hayo oscuridad! ¡Cuándo no puedo verte en el mundo sólo hay torturas y maldad! ¡Cómo es posible que tu amor me suma tan de golpe en el suicidio más torpe! No sé cómo es que puedo todavía mantenerme en pie... ¡TE LO GRITO DESESPERADO! ¡SIN TI ESTOY MUERTO!

***
No puedo concebir la vida sin tu aliento, no puedo dar ni un sólo paso sin ti. Estoy perdido en una atmósfera grisácea. No existe nada en este mundo que pueda alimentarme. Lo juro por mi alma, por el dolor de mi vida, por los tormentos, por las guerras, por la muerte de los padres, por el cielo ruinoso y apocalíptico, por los entes salvajes, por los enemigos de las patrias. Lo juro desde el calabozo más absoluto. No me dejes aquí solo y azul.

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En mi corazón una flor roja y sangrienta que lleva tu nombre. Y en mi cuello una corona de espinas y una soga de cabello. En mi boca una mueca sonriente, y en mis manos las tuyas. En mis ojos tu silencio, y en mi cabeza una única convicción: sin ti nada, contigo soledad.

***
Me arrastro por los suelos de la ciudad como un insecto negro polvoriento y grotesco, con una mueca de horror: dolor y asco. Soy un engendro, una cucaracha humana. Me arrastro por las calles en busca de tu calor. Me arrastro por el mundo en busca de paz, de tenue iluminación. Sin calma, sin hogar, sin familia, sin corazón... Y luego estás tú y tus manos y tus ojos devoradores de almas. Y tu sonrisa afilada y tus gestos y toda tu gracia y la incertidumbre... sé que para ti no existe nada. Pero yo aún así te rezo.

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Mátame, pero no me olvides

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Suplicar un poco de ti. Ni siquiera un amor absoluto y ciego, me conformo con sentirme tuyo.

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¡Mirad al infeliz!, ¡miradle arrastrándose por un poco de amor! Humillado y triste, en una soledad pegajosa, excediendo la miseria de la vida. Nadie se hará una idea del dolor que marcha en mi corazón. Nadie sabrá nunca el ardor que nace de mi pecho, esquizofrenia enamorada, los temblores, la angustia, la tristeza y el impulso de querer morir a cada pálpito. Si no me mato es porque te rezo, y rezando se puede fingir que uno no está muerto. Pero rezar es una farsa, como todo lo que eres, como todo lo que dices no ser. ¡Te aborrezco con toda mi sangre! ¡Ojalá tú no! ¡Ojalá poder odiarte desde mis tripas! Tú ni siquiera existes aquí. Eres una aberrante abstracción, una mentira piadosa, una súplica agónica, la muerte de la voluntad la ausencia y el frío de tu indiferencia. Yo soy de cristal y tú eres mármol.

***
Me despierto aislado y con una terrible calma que me dice que hoy va a ser un día tormentoso. Lo sé porque de golpe siento una tristeza honda y cruda en mi pecho. Te necesito alimentando mi alma. Estoy enfermo de asma espiritual. Zarza cuánta falta me haces. A veces recuerdo cosas dulces de la infancia: me quiebro, no quiero respirar. Ojalá estar morado debajo del mar. Asfixiado con una bolsa de plástico. Y luego miro al frente y sólo hay durezas costras y dolor. Ni un atisbo de calma. Todo miseria y lejanía. Ausencia y vacío. Mis ojos se quiebran y empiezo a llorar.

***
Siento una gran presión en la cabeza, siento que me voy a quedar sordo. Inhalo aire, intento respirar hondo. Pienso en lo que ha sido de la familia. Pienso en todo el mundo. Hasta en los infelices. Luego explota mi cabeza y maldigo mi existencia. En silencio intento mantener la compostura. Nadie quiere desangrarse y con esa misma sangre manchar a algún despistado. Miro con dulzura el cielo, el sol que se esconde entre unos árboles y luego me veo a mí desde fuera: un muchacho llorando porque le están reventando a hostias. Y yo aquí, tan infeliz. Tan azul. Esperando algo de fantasía, de amor, calma, incienso. Suplicando fingir que el mundo no duele tanto. Aburrido de las falsas esperanzas en las que quise creer. Mi cabeza no está bien. Mi cabeza siempre gana, y por ello, yo soy el que se va a morir. Cuánto sucio dolor en mi corazón. Por qué tanta crudeza, por qué ni un poco de calma, ni siquiera un placebo. Nada con lo que mentirme. Se me revuelven las tripas, no tengo corona, no tengo patria. Estoy hundiéndome en la placenta de mi madre. Y tú evaporándote. Todo es un Infierno.

sábado, 4 de junio de 2016

Diagnóstico médico del joven Vorj

Hace siete meses fui al médico por muchas dolencias. A pesar de no haber tenido nunca una relación estrecha con el médico, hice una excepción porque los síntomas eran insoportables y me veía al borde de una catástrofe. Primero me hizo un examen breve, y después me sometió a diversas pruebas derivándome por último al psicólogo. Terminé aceptando la noticia del médico. No tuve que mentir para obtener resultados evidentes.

***

          Estimado joven, por desgracia tiene una infección en la zona superior de la cabeza, con una alarmante irritación de amígdalas, garganta, y oídos, que irradia hasta la cabeza. Probablemente sinusitis. Aunque según indican las pruebas, acumula fluidos en los tímpanos, lo cuál puede indicar a su vez que se quedará sordo. Además, usted, paciente, fumador, bebedor y con baja actividad física presenta calambres, entumecimientos de las extremidades y, probablemente, predisposición a la diabetes: en el historial médico podemos comprobar que el abuelo del joven padecía de este mal. Y por ello, la herencia de la diabetes es muy probable.
          Por otro lado, todo indica que tiene los pulmones bastante perjudicados, una mucosidad densa, similar a la que produce la fibrosis quística, lleva acompañando al joven largo tiempo. Mucosidades marrones, y en ocasiones grises. Los riñones procesan mal los líquidos, expediente: piedras en los riñones, arenilla; seguido de una predisposición maligna a las infecciones urinarias. Por otro lado, se ha encontrado sangre en las micciones de las mañanas. No procesa el hígado bien el alcohol, y dolores le acompañan cada vez que consume vino –tinto– . Recientemente se ha encontrado acidez grado 3, seguido de unas úlceras en el estómago. Segregación de hiel y esputo denso. Según parece, el conducto de alimentos, junto con la traquea, la faringe y la boca del estómago están dañadas por una posible vinculación a la bulimia. Joven, deje de vomitar tan seguido, no le traerá nada bueno. La válvula que regula los alimentos, ubicada en la boca del estómago está dañada y dilatada, por ello, la acidez, e incluso, parte de los alimentos, en momentos de estrés, mala posición o inactividad, suben hacia la boca del paciente. Según indica el equipo médico lógico y psicológico, presenta bipolaridad clásica, además de una terrible depresión, provocada, según indica el especialista, por un conflicto de valores y creencias familiares.
         Es probable que necesite medicación para tratar la esquizofrenia que parece presentarse, levemente, pero allí está. Es un hecho que no se puede negar. En el último informe, el joven paciente explicaba su larga necesidad de dormir, y, como indica, la de no despertar, la fantasía con la muerte, los pensamientos suicidas y la terrible soledad que le aflige. Todos estos síntoma son alarmantes ya que el muchacho no es un adolescente, y está experimentando males que se vinculan con un posible desarrollo de ataques de pánico, esquizofrenia, e incluso demencia completa. Predisposición, según el segundo especialista, a perder de la memoria de cosas simples. Memoria a corto plazo nula, y, extrañamente, memoria a largo plazo desbordante. Posible inicio de alzheimer. Se recomienda la utilización de fármacos para controlar el aspecto emocional.
        En cuanto al apartado físico del paciente, mi diagnóstico es que, en definitiva, el muchacho se está muriendo.


jueves, 2 de junio de 2016

Cartas de madrugada

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From: ***@yahoo.com
To: ***@yahoo.com
Subject: Hola cariño
Date: Wed, 11 May 2016 05:48:56 +0100


Te quiero y deseo que seas feliz y que te quieras mucho.... somos imperfectos, y a veces cuando creemos que no cumplimos "lo que debe ser" nos sentimos fatal... pero creo que es un error pensar así.

Sigue haciendo tus cosas con tranquilidad y no importa cuánto tiempo inviertas para lograr algo... el tiempo es un absurdo que me ha perseguido casi 50 años, pero ahora pienso distinto.

Te quiero y deseo que sigas bien... estar bien depende de nosotros, nadie más tiene que ver con este sentimiento.

Un beso,
mamá

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From: ***@yahoo.com
To: ***@yahoo.com
Subject: RE: Hola cariño
Date: Wed, 25 May 2016 07:53:03 +0200


Y yo a ti mamá, deseo que seas feliz y mantengas la compostura, por algo eres mi madre.
Sí, es cierto, somos imperfectos, pero no me vengas ahora con esas chorradas, te lo digo claro porque te quiero, pero la imperfección me puede comer toda la puta polla. No sé, no creo en lo que no cumplimos. No creo en lo que dices, pero yo de igual modo te amo. 
Sigue siendo fuerte y manteniéndote erguida y hermosa, me alegró mucho saber que tenías otro trabajo, te lo mereces, por tu esfuerzo, por tu dedicación...

Estaba pensando en ir a Mallorca en vacaciones, ya me diréis algo, pero todavía hay tiempo.

Un beso,
tu hijo Sergio

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De: María Ramírez (***@yahoo.com)
Este remitente no está en tu lista de contactos.
Enviado: jueves, 26 de mayo de 2016 6:49:01
Para: Sergio Ramírez ***@yahoo.com)

Espero que estés bien. Cada uno es dueño de su vida y de sus actos. La compostura es parte individual de cada uno de nosotros. Cada vez que te he dicho algo lo he hecho desde los sentimientos y jamás te he reprochado tus "chorradas o tus errores", ya tienes bastante contigo mismo, Sergio.

Que la imperfección te coma tu puta polla es algo que solo tú puedes gestionar. Cuando digo algo, no tienes que estar de acuerdo conmigo, por algo somos de distinta generación. La belleza es una cuestión interna, Sergio. Según el concepto que tengamos de nosotros tendremos hermosura.

En cuanto a tus vacaciones de verano, ¿cuánto tiempo has pensado descansar? También piensa en las prácticas que ya deberías hacer por lo avanzado de tus estudios. Tienes ya edad de trabajar y aprender a gestionar parte de tus gastos.

Solo eso, Sergio.
Estamos en contacto, como siempre y como lo desees.


Un abrazo,
tu madre

También quiero decirte que el lenguaje define mucho de nosotros. Evita hablarme como sueles hacerlo con la gente de tu generación, por favor muchachito, o por lo menos evita ciertas palabras que solo las puedes aplicar a tu contexto.

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Sergio Ramírez 6:33
Para: María Ramírez
De: Mi hijito lindo (***@yahoo.com)
Enviado: viernes, 03 de junio de 2016 6:33:51
Para: Puta Ramírez (***@yahoo.com)

Estimada madre:

Gracias.
Estoy bien.

Cada uno es dueño de su vida, pero nadie es dueño de nada. Honestamente la compostura es un absurdo, no hace falta enunciarla para que exista. De hecho, el propio hecho de hacerlo implica no respetarla. Yo mantengo la compostura, por ejemplo.

Vamos a aclarar algo, mamá, por si no lo has entendido bien. Cada vez que te he dicho algo lo he hecho desde los sentimientos significa que haces lo que te da la gana y luego intentas justificarlo diciendo que es lo que sientes, o en su defecto, que eso quiere decir que al menos hiciste algo. Eso no me vale. Por lo menos no a mí. Puedes decírselo a quién quieras, a los piojosos de tus alumnos, a tu hija, o incluso a papá, pero a mí no. Que nos conocemos, que hemos discutido esto varias veces. Por favor, te pido, amablemente, y desde los sentimientos, que seas mujer, y que aceptas las cosas de cara, que no me escondas el rostro, que no creas que puedes decir toda la vida que eres una niña pequeña, ten algo de amor propio y simplemente acepta cuándo has cometido un error. Nada más. Así como yo acepto mis errores. Sobre lo de los reproches, prefiero no comentar nada. Recuerda que las hostias duelen.

Es cierto que ya tengo bastante conmigo mismo, y voy a aclararle otra cosa, señora. Esa mierda de que vaya al psicólogo te lo puedes ahorrar, sólo es de cobardes que no quieren afrontar la vida. Que sea la última vez que me insinúas algo tan patético. En la vida piso uno de esos centros quirúrgicos, porque eso suponen mi fin. Lo digo tanto para mí como para ti. Si quieres ceder ante el vicio de los psicólogos, adelante, pero que sepas que allí sólo te van a joder la cabeza. Ya eres mayorcita (¿50 o 52?) como para decidirlo por ti misma.

La imperfección no come nada, de hecho, no me importa. La tolero y la acepto, no la victimizo, ni la hago reina de mi vida. Tendrías que estar ya en materia y aceptar que escudarse en que alguien es imperfecto no significa otra cosa que ser un cobarde. Cuando dices algo, de hecho, la mayor parte del tiempo, me muerdo la lengua para no estropearte el día. Esto no quiere decir que no te respete. Si te hablo claro es porque te respeto. Lo de las distintas generaciones, la verdad, eso sí que me puede comer toda la puta polla.

He pensado descansar cosa de cuatro o cinco días. Tengo trabajo en la redacción y quería ver a Alice antes de que empiece con sus cosas académicas. Yo tengo edad de trabajar y para aprender a gestionar parte de mis gastos como tú has tenido edad de trabajar con doce años porque tus padres eran una puta mierda. No me vengas con esas estupideces, que ya tienes una edad. Con esas jodidísimas estupideces. Te voy a traducir lo que tú, vilmente, me estás diciendo:

Sergio, ya tienes 21 años, y te jodes porque vas a trabajar y sentir lo que se siente, porque Sergio, yo tuve que trabajar cuando era muy joven, porque Sergio, eres un fracaso y siempre lo has sido, porque Sergio, eres una mierda, porque Sergio, te vas a joder porque el dinero lo pongo yo y tú sólo obedeces lo que yo mando

Otra cosa, mamá. Yo no soy culpable de tus años trabajando fregando suelos y recogiendo mierda con las manos, ni tampoco de nada malo que te haya ocurrido, eso entiéndelo de una putísima vez. Porque en casa los que hemos sufrido toda tu ira y todos tus agresiones hemos sido Alice y yo. Y si es que tengo una relación lejana con mi hermana no es por mi culpa. Eso también entiéndelo. Si es que mi hermana no me habla es porque tú la has intoxicado, porque eres una miserable egoísta que sólo ha pensado en ella cuando lo tenías todo. Tenías un hogar, y una familia, y lo has mandado a la mierda por una bajeza. Y si estos meses he estado en la más absoluta mierda, no es porque, como sueles pensar, soy frágil y demás mariconadas –como te gusta decir–, ha sido porque todo lo que he creído ha resultado ser falso. A la mierda, ¿me oyes? Y si he llorado en la cocine frente a tu rostro hipócrita, no ha sido por mí, ni por papá, ni si quiera porque mi hermana me desprecio, ha sido por ti. Porque has sucumbido ante el vicio, y te has traicionado a ti misma. Sentía dolor, pero no lloraba de dolor, lloraba de lástima. Como cuando uno va por la calle y ve a una perra siendo violada por tres bulldogs.

Por lo demás, respeto tu vida, tus deseos, tus anhelos y tus fantasías.
Y aunque arda, la verdad siempre se acepta.

Un saludo afectuoso,
tu hijo que te quiere
Sergio

Pronto

 Me visto una chaqueta y salgo al supermercado. Camino cansado, con la mirada prolongada sobre mis pasos. Con los dientes muertos y los labios secos. Doy pasos como un sonámbulo. Antes me he tropezado con un trozo de metal, he girado sobre mis pies para no caer y he terminado de espaldas contra un coche. He sentido la asfixia en mi cuello. Después me he arreglado la chaqueta y he seguido recto. Unas ancianas al verme han desviado la mirada y han cuchicheado algo. He podido leer sus pensamientos: dicen que algo raro guardo, que algo está sobre mí. Supongo que la superstición les hará divagar sobre maleficios, magia negra o demonios. No les presto mayor atención. Mi cuello se mueve con torpeza y me arde la garganta. Llevo tres o cuatro días fumando compulsivamente. No puedo parar, no tengo nada que pueda llenarme. Finjo que lo necesito, pero en realidad sé que me estoy engañando. Trago saliva y mantengo el ritmo. Evito cualquier obstáculo para no volver a tropezar. No sé si ya van dos o tres días sin dormir. No tengo insomnio. Sólo le tengo miedo a no despertar. Llego a la esquina y corto hacia la izquierda. Evito a la gente, levanto la cabeza con arrogancia y finjo que no me duele nada. Pero llevo los pies destrozados. Mis ojos están cayendo, mi sangre parece estar bien: no la noto cansada, ni siquiera noto mis pulsaciones. Tampoco noto nada diferente, sólo un letargo prolongado. Luces que me dejan ciego. Sombras que se mueven. Veo a unos vagabundos y me provocan asco. También veo a mucha gente más. Una anciana con buenos zapatos, llevada del brazo de una sudamericana. Me dan el mismo asco que los vagabundos. Después un tipo ha entrado al estanco a comprar tabaco, lleva el pelo canoso y un rebeca con pelusas. Asiento con la cabeza, y yo lo sé: ese tipo es un infeliz. Sale del casino un ludópata con algunos billetes. En total, calculo, unos ochenta euros. Entro en el supermercado, bajo por la escalera mecánica y me pongo en la fila. Una dependienta se pone nerviosa al verme. Giro el rostro y nos encontramos, nuestros ojos se ven y ella descubre en mí algo espantoso. Algo que le perturba porque baja la cara hacia el suelo e intenta alejarse. No sé qué ha visto, aunque me haga una idea, la verdad es que no sé qué ha visto. Cojo un paquete de chicles y lo deposito en la cinta transportadora. La cajera no me ha visto a los ojos. Menos mal, me digo. Extiendo la mano y le doy las monedas. Saca el tíquet, y me devuelve la diferencia. He dudado en cerrar los ojos, pero al observarme, y estirar la mano ha dejado caer las monedas al suelo. Después, como un lobo que observa la luna he devorado su alma. Ha gesticulado desesperación y ha arqueado los hombros con terror. Mi boca se dilata y mis ojos se extienden, veo el alma de la cajera intentando esconderse del depredador. Sonrío sin ninguna intención, piso las monedas con el pie y de mi boca brota un monstruo, y las palabras dicen: que sepas que pronto volveré a por ti.

miércoles, 1 de junio de 2016

Océano de piedra

Cruzamos un puente de piedra y saltamos una valla, caminamos por un sendero estrecho de baldosas, piedras y rosales. Llegamos al estómago del puente. Luego seguimos el camino que se dibuja en el suelo hasta estar profundamente perdidos en las vísceras de La Piedra. Contemplamos el oasis dentro de la ciudad, un rincón lleno de fantasmas de cristal. Nos sentamos a disfrutar de la belleza del mar de piedra. Los peces metálicos nadan, los hombres se asfixian con el aire, y la arena no se cuela entre los dedos. Estamos completamente solos en medio de un océano de piedra.

Quedo de pie mirando el sol mecánico. Brilla con una perfección artificial. Como si su alma estuviera hecha por hombres de metal. Él se va a jugar con la marea. A intentar cruzar las mayas del océano. Veo sangre en sus rodillas y sus muñecas crujen. Entiende que el proceso será muy doloroso. Gira su rostro hacia mí preguntándome con la mirada si sería buena idea seguir intentándolo. Niego dulcemente. No, Z, no vayas... Pero lo sigue intentando hasta que se cansa del roce, y sangra ríos por los talones. El dolor es purificación, pienso. Me sonrío levemente, no todos los días ves el océano de piedra. Le observo de lejos. Devoro sus movimientos, sus pasos, sus botas, su silueta precipitándose entre la gente fantasma. Le anhelo. En un rincón unos cartones, cajas para dormir, restos de paseantes nocturnos. Criaturas que duermen debajo del puente. Lío un cigarrillo y disfruto de toda su belleza. Da pasos, corre de un lado a otro, juega. Y yo simplemente observo.

Unos engendros aparecen, perturban y cruzan el mar de piedra. Z parece asustarse. Regresa corriendo de entre las olas del viento, salta la valla metálica, tropieza y cae de bruces contra el pavimento. Escucho sus costillas revolcarse en el hormigón. Arqueo las cejas, suspiro preocupado. Se levanta rápido y corre hacia mí. Y cuando está a la altura de mi pecho me abraza con fuerza, siento su ternura y me desvanezco. Recibo su abrazo, acaricio su espalda y beso su frente. Levanta el rostro hacia mí y dice que me quiere. Esbozo, como un anciano, una media sonrisa y beso sus labios. Luego le susurro que tenga cuidado, que caerse así por correr. Sé que no puedo salvarle de la herida, pero al menos advertirle, no sé cómo salvarle... Me acaricia la nuca y me explica que esos chicos le dan miedo, que ha visto en sus almas algo negro y podrido que no lo soporta –el Ýtchz, me digo–. Asiento con la cabeza, yo también lo noto, le respondo. Suspiro cansado, arqueo los labios, parpadeo y pretendo solemnidad para intentar dormir de pie.

Niego con la cabeza, mastico aire. Luego empieza a jugar con mi nuez, a intentar provocarme. Estruja mi cuello y se relame los labios. Respiro costosamente. Noto un bulto en mis pantalones. Disfruto del momento, pero miro al frente, se rompe toda la belleza, y pienso en lo jodido que estoy. En el ardor de mi madre. En los ojos rojos y rotos de papá. En la infamia, en la traición, en los escarabajos de oro reventándose ante el sol. Cierro los ojos, esbozo una sonrisa forzada, como un asesino amordazado, como un payaso que no tiene dónde esconder en rostro. Siento sus manos y me quiebro. Sé que le amo. Y yo he estado sepultado en el abismo supremo... He estado en medio de la agonía. En un vórtice de dolor, angustia y negación. Yo he dejado de ser hombre durante diez meses. Trago el llanto, respiro fuerte. Sé que le amo, eso me salva. Contraigo la boca, intento poner la mente en blanco. Sé que le amo, es lo único que sé. Zarza me coge de la mano y me dice que es hora de volver a casa. En silencio asiento con la cabeza. Con los ojos rojos escucho una voz en mi cabeza que me dice que no olvide que es un infante. Y después, un gemido atroz y gutural. Violento y rojo me escupe en la nuca. Me deja tieso, me domina y me viola la cabeza. Mientras intento quedarme con lo que queda del mar de metal, mientras intento memorizar el calor de su cuerpo, mientras trago todo el dolor que hiede mi alma. Me chilla el bastardo y me humilla: 

«Muchacho –me lo dice el mal de metal, me lo dice el Infierno– él se va a suicidar y tú tendrás que mirar». Agónico trago saliva, cojo su mano con suavidad y con los ojos húmedos finjo normalidad, le digo sonriendo que es hora de volver a casa.

martes, 31 de mayo de 2016

«La mala apología de la pereza» o por qué el ensayo de Larva es un auténtico disparate

Preámbulo
La mala apología de la pereza cae por su propio peso y sin ningún tipo de esfuerzo. Ya que su pereza mutila cualquier necesidad biológica. En un principio se escribió un ensayo fomentando dichas ideas. Apología de la irresponsabilidad (26 de abril de 2016). No obstante, es pertinente aclarar que dicho ensayo está errado y que debería ser quemado. Como incitaba algún radical llamado Diego Occhoa (erudito de las heces, alimaña salvaje, pequeño y menudo). En Apología de la pereza se encuentran muchos vacíos que explicaremos a continuación. Pero, ¿por qué Apología de la pereza es un auténtico insulto al sentido común? Lo descubriremos en breves momentos.

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Afirmo rotundamente que la pereza sí es un vicio, y por lo tanto, no es la grandeza que pretende hacernos creer el infame hombrecillo que así lo decreta. No os dejéis confundir por su repugnante dominio de la retórica, sus juegos de sustantivos, pronombres y estructuras lógicas. Ni tampoco por su tono elegante y sutil. Ni siquiera por su gran sentido del humor. Porque en pocas palabras está diciendo que es beneficioso que exista gente que no haga nada, e intenta fundamentar que alguien que no hace nada deba sentirse orgulloso al ceder ante dicha banalidad. Luego intenta argumentar pobremente (más que nada para convencerse a sí mismo) que la pereza salva a alguien de los abismos, que los filósofos tienen, necesariamente la opción de no hacer nada. Habla de ello con una ligereza que produce vértigo; como si fuera un valor, cuando en realidad es un auténtica porquería. Nos quiere dar gato por liebre, quiere que adoremos a los perezosos, que les amemos y les veamos como seres elevados, cuando en realidad sólo son hombres mediocres que han sucumbido ante la pereza.

i.i
Porque la pereza no es un derecho
La pereza es una enfermedad

ii
Estimado Doctor Destouches:
Me cago en tu santa madre hijo de la grandísima.

iii
Pese a que en algún momento pudiera confundirse la pereza con la concepción de la divinización, lo más honesto sería apuntar que la pereza sólo genera más pereza, y por lo tanto inmovilismo. Parálisis ad nauseam. Y el inmovilismo (pese a que el autor pretenda ensalzarlo) sólo es lo opuesto al movimiento y ello sólo significa la muerte, y la muerte no es un concepto válido, tanto en la medida en que no significa nada. Tanto en la medida que no ocasiona nada. Seria fácil apuntar a falacias, pero entiendo que Destouches es lo suficientemente inteligente como para no entrar en un debate que no trae consigo ninguna respuesta sólida. Por ejemplo, la muerte sí que es un auténtico vicio: no permite ni tolera que suceda nada, sólo te sume en un estado de inexistencia prematura. Y por ello, tanto la muerte como la pereza significan lo abominable.

iv
Intentar justificar la pereza, explicarla; o incluso, como alguien que yo me sé, intentar enredar al lector con bazofias pseudocientíficas sobre el capitalismo, el trabajo, el honor y el amor sólo suponen un alto en firme, y la muestra irrefutable de las jugarretas sucias y mil veces mal paridas que pretende el autor de obras como “sobre si la vida merece la pena o no”, “apologíadel suicidio”, “teoría y refutación de los celos”, “Andrésel ratón”, o su obra cumbre: “Suicidismo”. No os dejéis engañar. Destouches es un tipo que juega sucio. No es trigo limpio. Ni tampoco es vegano, como lo son los honorables miembros de esta revista literaria.

v
La pereza es la madre de todos los vicios”. Y por ello, aún cuando bajo mi concepción pudiera parecerme de lo más nauseabunda y moralista, la experiencia me indica que no se puede negar la cultura de la que mamamos. Así como no se puede negar que somos machistas por cultura, racistas por cultura, o incluso perezosos por cultura. Esto último, atribuido, enteramente a la cultura española (aunque hayan otras culturas similares, quizá la griega, la italiana, etcétera). Dicho de paso, españoles subnormales hijos de la grandísima puta, sois unos jodidísimos vagos de mierda. Por vuestra culpa España va mal. Por vuestra pereza la política exterior es un asco, y la interior parece un jardín de bebés orangutanes. Malditos españoles cabrones y perezosos. Gracias a vosotros y la cultura de la que habéis participado no se puede dar el progreso. No me dais miedo, la verdad siempre se acepta.

v.i
¡Y no os maldigo...
entrañables criaturas torpes y vagas!
¡Os animo a crecer!
¡Luchad contra vuestra especie!
¡Luchad contra vuestra herencia...!
¡Porque vagos hijos de la grandísima...
los españoles no son vagos por naturaleza!

vi
El hombre nuevo vs Dios
El hombre de siempre vs Los Españoles

vii
La pereza como concepto de elevación espiritual y nobleza moral sí que es divinizarse. Aunque sea imposible encontrar casos así en la práctica. Por lo tanto, reduciendo según las matemáticas básicas de segundo de bachillerato: no existe la pereza como concepción de elevación espiritual.

Epílogo
Aún pudiendo haber ejemplos de nobles sujetos que logran divinizar su pereza, hablando de manera técnica, no existen dioses entre nosotros, ni tampoco sujetos divinos a los cuáles podríamos atribuirles semejantes paradigmas falaces y engañosos. Y si pudiera parecer que el ensayo del estimado Doctor Larva Destouches pretende enseñar a los jóvenes a no temerle a la pereza, otorgándoles algo de paz sobre sus días, mi convicción ética y moral es superior (dado que se superpone al deseo de educar, deseo del que parte el ensayo de Destouches), y sólo me puede llevar a admitir abiertamente que Larva Destouches es un auténtico timador; un ser suciamente cruel, retorcido y cínico. Y si digo esto, es con pruebas, ya que yo, como ávido lector de todos sus ensayos, tratados, fábulas infantiles, chistes para adultos, revistas eróticas pornográficas, y demás panfletos políticos, he creído en él, y nuevamente, como siempre, me he visto engañado, vapuleado, ultrajado y hasta traicionado... Si es que me cago en la puta Larva Destouches. En la intimidad, eres alguien al que tengo gran estima, pero en sociedad sólo puedo decir abiertamente que, y pese a que sienta un gran respeto hacia ti y tu persona, tus manos blancas y virginales, tus venas divinas y ese hermoso rostros de vampiresco, Larva Destouches me cago en tu santa madre. Larva hijo de puta me la has jugado.