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03/06/26

Sueños del día siguiente

Con una sonrisa en la cara me dirijo a la máquina de café portátil de casa. Enciendo la cafetera sin ningún sentimiento alguno. E hiervo el café, suavemente como una inyección de cianuro en la vena de mi primer bebé nacido del amor más transverso. Espasmos y pesadez mental, como cuándo una mujer mayor da a luz a un bebé nacido de una violenta perforación. Intento calmarme. No lo logro. Negatory. Voy a ser honesto con todos vosotros. Ayer casi me da un ataque de pánico. Y cuando los síntomas subieron escalando como cucarachas a mil por mi cabeza supe que estaba en alto riesgo. A un pelo de morir. Me desperté asustado y temblando de pánico y terror para niños pequeños de pies descalzos. Como una arpón en el dedo meñique. Cagado de miedo. Había visto de cerca a los Iluminatis por tercera vez consecutiva. En un extraño ritual en el que me forzaban a participar de sus actividades. No tuve opción a negarme. Hablaron en mi idioma, me dieron instrucciones pero yo me negué en rotundo cuando vi que la vida de mis hijos dependía de ello. Mis hijos no iban a pagar por los pecados que yo cometiera. Ni tampoco iba a suicidarme dejando a mis hijos traumatizados y muertos de miedo, yo tenía que sobrevivir a toda costa, medio cojo, ciego, tullido, sin dientes, y probablemente, por desgracia, con total seguridad, sin mi miembro viril. Estaba en clara desventaja, había nacido para perder; sin embargo eso no significaba que no me iba a defender con todas mis ganas. Iba a hacer un claro pvp de uno contra 6. Un vídeo pornográfico probablemente grabado por algún extranjero de mierda. Por suerte, no me afectaba en absoluto, ya que yo era un sociópata integrado. Esa carta me salvaba de todo remordimiento y de todo dolor que podría desencadenar en la pérdida de control de mi vida. Todavía estaba calentando cuándo me despertó el dolor de cabeza. Habré dormido unas pocas dos horas. La escalada mental es complicadísima. Tienes que dormir poco a poco, porque tienes el sueño destruido. Y ello implica cansancio lento. Y probablemente una fatiga profunda. La muerte por fatiga es acojonantemente sublime. No deja ni la sangre en el asfalto. Estás marcado con una cruz roja sobre tu cabeza. ¿Si ya estabas marcado para el asesinato, tendrías el valor de pelear por morir lento?

II

Cuando desperté de la pesadilla entendí que no había sido sólo una pesadilla nocturna, sino que era la presentación de aquellas bestias a las que nos enfrentábamos los de SMA. Habían hecho un consejo de guerra, y nos habían marcado para destruirnos. Aniquilar el amor de nuestros corazones y follarse a nuestros bebés. Allí supe que tenía que hacer algo. Yo no era el mejor luchador, ni tampoco el más esbelto ni el más fuerte, pero yo a pesar de tantos problemas físicos, estaba forjado a nervio y agilidad. 

iii

Tenía la daga más pequeña del grupo. Todos ellos eran monstruos con espadas kilométricas y dagas forjadas en sangre de Cristos muertos. Y yo sólo tenía una pequeña daga que logré forjar con mi padre. Una de metal templado, pero de manija de hueso marino. Una daga heredada de la familia, pero que era muy útil. Los vi a todos, ellos eran reales. Y yo también. Estaba en otra dimensión, con entes gigantes y crudos. Y yo sólo era un humano que estaba cerca de la sobredosis de pastillas, encima, por estúpido, mezcladas con alcohol. No pretendía suicidarme. Yo nunca haría algo así. Yo pretendía ponerme al límite. El efecto de pesadilla se mantiene aún ahora cuando escribo estas letras. Sin embargo, la paz que me da estar en mi catedral no me la quitan ni siquiera los gigantes que me terminaron atravesando con una espada Cristal. Muriendo rápido y sin posibilidad de despedirme de este mundo. 

v

Me puse serio.

VI

ME PUSE MUY SERIO

vii

Entonces me dispuse a dormir después de 6 días sin dormir prácticamente nada. Había mentido a todo el mundo respecto a eso, y las consecuencias iban a ser tremendas. Entre otras cosas conocer a esos Entes. Los vi como si yo fuera un juguete al que levantaban de las piernas y los brazos, hasta dislocarme los hombros y romperme parte de la espalda. Se reían mientras lo hacían. Se reían con viveza y alegría. Ellos se estaban riendo de mí. ¿Cómo era posible que a Vorj le sucediera eso? Era imposible evitar lo inevitable, observando el sadismo, supe de inmediato, y en ese momento que había muerto.

viii

Tenía dos opciones, el cielo o el infierno. O sucumbir ante el fantasma y estar en el purgatorio. Elegí purgatorio. Y allí empezó todo. Nuevamente me tocó vivir aquel sueño perverso. En el que las bestias llevaban las máscaras de mis seres queridos. Mi hermana, mi padre, y mi madre. Atavismo también estaba muerto y desfigurado. Tenían la máscara de mi novio. Y eso me hizo entrar en calor. Fue entonces que a la quinta vez del bullying decidí clavarle la daga justo en el labio inferior al más pequeño de ellos, y tratar de paso, en probar su sangre. Era un consejo que Ytchz me había dado. Así que obedecí sin objeciones. La sangre brotó como mayonesa en el estómago de alguien que no tiene apetito ni puede tragar ningún trozo de pan. Terror absoluto.


Eran ocho en total, ¿Cómo iba a librarme de ellos? Yo era humano. Eso me daba una ventaja extrema y letal. Podía morir llevándome a ellos conmigo. El precio no era muy caro, dadas las circunstancias. Ahora me río porque sólo a mí se me podía ocurrir lo de hacerle un piercing en el labio a un ente espectral y que este llorase por lo agudo del daño. A veces Exodum era fantasmal.

De pronto como que me entró mucho sueño, voy a irme a dormir.

Seguiré otro día, o nunca, depende de cómo se tercie la cosa, ya que; no iba a tolerar que unos cuantos bukakkes me arruinaran la experiencia de vivir una vida con Atavismo.

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