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04/06/26

Buena Suerte Andrés

 Dedicado a Valcour, el tercer integrante de Sífilis Mon Amour

<<Si estás perdiendo llévate contigo siempre algo de tu enemigo>>

Como una oreja.

Un Sergio muy obeso camina triste y solo por la ciudad de Vecindario. La gente lo mira con desprecio y burla porque está gordito. Sus antiguos compañeros de Instituto lo basurean porque está gordo sucio deprimido y sin trabajo. Y otro gordo (hermano se supone, sólo por gordura social, no por ser hermano de sangre) le dice: estás horrible, no sé qué te pasó, pero estás gorda y das asco; ¿sabes a quién me recuerdas? Al actor pornografico Torbe.

El gordo con baja autoestima, tristeza, sin madre y malestar no responde. Luego, al rato, sádico y burlón, al ver que no le ha hecho daño todavía, continúa hambriento: ¡Estás hecho un asco puto degenerado; da muchísimo asco verte caminar, y hasta respirar, hazte un favor y muérete, suicídate ya mismo, no le haces ningún favor a nadie, el sólo hecho de verte con nosotros, los tíos guays hace que me den ganas de vomitar. No sé, haz algo, ábrete el culo, déjate follar por algún negro. ¡PUERCO, gordo cabrón!

El gordo sigue sin responder. Impasible, y pálido. Observa con malestar y algo de lástima la escena, y tan sólo logra pegar un trago a su cartoncito de vino delante del grupito de amigos de este Neogordo. Luego el cabronazo sigue: qué mal, encima bebiendo vino barato. Puto pobre sudaca de mierdad. Eso lo usa mi santa madre para cocinar, me das risa, me dan ganas de darte una bofetada.

Acto seguido, Andrés se acerca a Sergio y le propina un latigazo con la mano. Pero Sergio no responde, piensa: ¿qué sentido tiene devolverle un golpe físico a un cabronazo que lleva toda su vida metiéndose en peleas y abusando físicamente de su hijo pequeño y de su madre, y probablemente haya sido violado hasta por su padre? ¿Tendría sentido pegarle? Algo dentro de mí se rompió ese día. Una parte de mi corazón desapareció y entendí que tenía que acabar con él de todas formas. No podría seguir viviendo si no moría él. Pero con paciencia y mucha angustia, tristeza, decepción, lástima y hasta pena por él pensé: ¿Si él me arrebató a ese pequeño pajarito rojo debería yo arrebatarle a su bebé? ¿Debería follarme a su hijo por el culo hasta que le salgan hemorroides y le cueste cagar su propia diarrea? ¿Debería cortarle la polla y hacerle operar para que se vuelva mi mujer? El gordito de Sergio tenía dudas. Pero lo que sí sabía era que Andrés había cruzado una línea, había tocado el rostro del hijo de su papá. Calma, se dijo Sergio. Si no muere hoy, morirá mañana. Y si no muere él, moriremos los dos. Y si no morimos los dos, en la próxima vida, seré tu torturador.

El gordo piensa: ¿Ah, que tú, hijo de puta madre, tienes mamá? No lo parece, ¿qué tienes hijos? No lo parece. ¿Cómo un gordo se burla de otro gordo? ¿Qué clase de chiste es este? Pero el verdadero gordo guarda silencio y no decide entrar al trapo, porque, entre otras cosas, sabe que ese falso gordo hijo de su putísima madre le ganaría en una pelea real. El gordito está desentrenado, no hace ejercicio, apenas se mueve de la cama, apenas sale más que a comprar el pan, apenas tiene pene. No se la logra ver. Encima, se dice para sí mismo, "ese gordo cabrón tiene razón, me doy un aire a Torbe". Sergio se ríe, no por nervioso, sino porque es un psicópata. Se ríe porque le hace gracia que alguien tan insignificante haya podido pensar en algo tan mundano.

Una de las muchachas de allí hace lo que puede para defenderlo: cállate ya, desgraciado, no digas más mierdas de mi amigo. El gordo se conmueve, y llora por dentro. En su casa piensa en Yanet. Es una chica linda y hermosa, pero es muy joven para entender a Sergio. Sergio tiene sus motivos, prefiere no romper el silencio. Sigue a su rollo. Bebe otro trago de alcohol y no gesticula, no hace ningún comentario. Lo único que alcanza a hacer es soltar una sentencia:

"La verdad es que soy un parásito social, un gordo que sale de vez en cuándo a echarse unos cigarrillos, fumar algún que otro porro y beber alcohol".

El gordo abusador se queda callado, no dice nada, pero mira la situación con extrañeza. Luego el gordo profético continúa: "Soy un gordo nihilista y comprometido con la muerte. No me importaría morir mañana mismo. Estoy triste, pero tampoco me importan tus palabras. Son, como se suele decir, de usar y tirar. Papel sucio en baño mojado. Papel mojado de diarrea".

El neogordo se cabrea, intenta re-controlar la situación, así que le dice algo desorientador: ¿sabes dónde deberías estar tú? En el Jumbo chupando pollas. Tienes cara de puto gay. Pero el gordo se sonríe, luego con cinismo y gordura responde: Algo maricón sí que soy. El gordo reprimido se pone caliente, piensa, en sus delirios homosexuales que, de algún modo, podrá convertir a este pobre gordito en su gordita pasiva. Siente una atracción fatal y retorcida hacia él. A fin de cuentas, es un gordo con la cara bonita.

En alguna paranoia carcelaria, el típico gordo que es deseado por todos los presos que han descubierto su homosexualidad recientemente. El gordo, después de soltar esas palabras con algo de ironía, decide irse a casa, bastante triste pero sin agachar la cabeza. Nunca agachar la cabeza, Sergio. Luego recuerda a una profesora de mierda diciéndole que "está gordo, que le den por culo, que no tiene familia, que es una escoria, etcétera".

Pero al gordo le entra la risa, y cuándo un gordo se ríe, jadea de placer. Pobre vieja infeliz de tres al cuarto, piensa el gordo. Camino a casa ve la corrupción de la ciudad. La gente fumando sus porros, la gente ligando de madrugada, la gente falseando la verdad, la gente y la ausencia de Dios en todos los sentidos posibles. Los genitales del gordo están encogidos por el frío y las pastillas, quitándole testosterona, volviéndolo una criatura mitad hombre y mitad santo. Ha olvidado el olor de una vagina. Ha olvidado el olor de sus propias feromonas, su propio olor, el olor delicioso de sus huevos. Pero intenta no decepcionarse, intenta salir adelante. Intenta no morir en el intento de sobrevivir. Llega a su casa y se tumba en la cama. Y yace allí mientras los fantasmas de su gordura y la tristeza le lamen la oreja. Antes de dormir, ocurre lo insospechado, se acurruca con frío meado y con algo de caca en el ano, como el bebé de Andrés, y habla con Dios.

Por favor, Dios, si estás allí, dame una señal, suplica. Y a la mañana siguiente, el gordo despierta, contra todo pronóstico, más gordo todavía. Pasando de una obesidad mórbida I a una obesidad mórbida II.

Luego vuelve a ocurrir lo miso la noche siguiente, y el gordo sigue suplicando a Dios, acojonado por lo que le está ocurriendo. Ya pesa 150 kilos. Intenta levantarse de la cama, pero no puede. Piensa en las palabras del otro gordo, en su violencia psicológica. En sus maltratos, en sus abusos. En el terror que pudiera sentir una persona buena al verse en la situación en la que uno puede salir mal parado. Digamos que hablamos de miedo a ser asesinado... ¡golpeado hasta sangrar o quedar inconsciente! El gordo vuelve a rezarle a Dios, esta vez con más necesidad:

Por favor Dios, si estás allí dame una última e irreprochable señal, una señal para no apuñalar a su hijo en los ojos, y tragarme la sangre. Dame una señal para no disfrutar con la tortura que estoy a punto de realizar. Dame una señal, Dios, para no convertirme en un mounstruo. Para no cruzar el umbral.

Entonces Dios le manda una señal. Eres sociópata. No hay nada qué temer.

Y el gordo se despierta al día siguiente con una obesidad grado tres. 300 kilos aproximadamente. El gordo no se lo cree, ni la ropa que llevaba antes de dormir le queda, sólo hay retazos de tela estrangulando sus carnes y su grasa. Pero siguen sonando en su cabeza las palabras de ese gordo avasallador, se dice con ternura y tristeza: "¿Por qué es tan tóxico si él también está gordo? ¿No somos casi la misma persona?"

El gordo intenta levantarse de la cama, pero no puede, intenta respirar, pero no puede hacerlo con facilidad. Decide llamar a una ambulancia con el único dedo medianamente normal que tiene, y mientras pulsa los botones táctiles con el meñique se palpa el estómago con mucha ansiedad y desesperación. Su barriga entonces empieza a rugir, y antes de hablar con la ambulancia para que le auxilien la barriga comienza a hablar:

-Tranquilo gordo. No pasa nada por estar gordo. Soy yo, lo mejor de ti. La grasa que te habla te reconforta, la grasa no se hunde nunca, siempre flota.

El gordo queda perplejo, pero decide escuchar a su propia barriga, a fin de cuentas antes del suicidio como solución pretende escuchar a su propia grasa: "con esto gordo quiero decir que no te hundirás, y pese a que pudiera parecer lo contrario sólo será una forma de encontrarle sentido a la vida y a tu condición crónica de gordo terminal. No estarás solo en el proceso, yo te acompañaré". El gordo escucha atentamente y luego pregunta: ¿Y qué hago con ese otro gordo que tanto daño me ha hecho con sus palabras, que me ha obligado a tragarme mis heces? "No hace falta que hagas mucho, porque no es un auténtico gordo, sólo es un gordo mierdecillas que ni para darle por culo vale, es escoria, es escoria, es escoria; y deberías saberlo bien, no eres tonto, porque, entre otras cosas, te estás dejando avasallar por un impresentable. Pero no te preocupes, yo, tu grasoso amigo, Ytchz, tengo una solución a tu problema".

El gordo abre bien los ojos y acaricia su barriga, luego sigue las instrucciones que su diabólica barriga le indica. Lo complicado del asunto era salir de casa, así que esperó a que se hiciera de noche y luego de madrugada para salir por la puerta.

Se arrastró por el pasillo hasta el salón, intentando no despertar a su padre, dejando un hilo de sudor amarillo. Luego con la ayuda de la funda del gran sofá dónde se sentaba a ver la televisión se hizo un taparrabos. Fue a la cocina y cogió un pela papas que guardó en el pliegue de su barriga. Ésta lo engulló como si fuera una boca sin labios. Y guardó allí el filo y la punta de metal. Siguió con las instrucciones de su barriga y salió descalzo a la calle, en busca del gordo hijo de puta.

De mejor humor al no estar solo en esta guerra, con su barriga gigante mórbida y llena de estrías, con la piel como un órgano gigante y extendido como el coño laxo de una actriz porno, la abuela de Andrés, camina muy lentamente por la calle secundaria. La barriga le dice: Ahora gordo, quiero que camines muy despacio para ahorrar energía y cuándo veas a ese cabrón con sus amigos no les digas nada, se sorprenderán al verte y allí es cuándo deberás buscar el conflicto, atento a eso. Y luego ofreces droga. Inmediatamente después, cuando se hayan confiado, coges el puñal y te dejas llevar pensando en lo más sagrado que tengas. Para que llores tú, tu madre, o tu padre; mejor que llore su bebé.

El gordo obedece y camina y camina durante más de una hora, los pasos son muy dolorosos para él y sus articulaciones, pero de igual modo continúa. Llega al lugar dónde fue humillado y con una media sonrisa saluda a todos los presentes.

Atónitos y podridos en la droga miran al gordo con auténtico asco y pavor: si hasta parece más alto. La muchacha que lo defendió empieza a lloriquear histérica y piensa: "¿qué demonios te ha pasado, hermano, si tú antes no estabas así?" Sergio con olor a sobaco mira a los ojos al puto subnormal de Andrés. Ya él y con chulería y crueldad le dice:

Te has vuelto loco y encima estás peor todavía, no sé cómo coño lo has hecho; pero estás hecho todo un puto gordo. Encima no llevas camiseta, te has vuelto completamente loco, ¿qué coño haces aquí?

–Hola, ¿qué tal?

–¿No entiendes?

¿Qué coño haces aquí?

Aquí no te queremos.

–Yo he venido a saludar, traigo porros para todos.

–Ah vale, eso se dice primero, ¿polen o hash?

–¡Polen del bueno!

–¿Y dónde lo tienes?

–En la cartuchera...

–Ah, gordaco, sácalo todo y luego me la chupas, ¿vale?

–¡Claro! –el gordo lleva su mano al pliegue entre sus carnes y palpa el afila papas, piensa que ahora es una cuestión de sangre fría, pide papelillo y un filtro, se lo dan, se lleva el papelillo a la oreja que todavía es normal, luego el filtro en la boca y sujeta el mango del pela papas. Después se aproxima al abusador que quería convertirlo en su puta personal y, entre sonrisas cómplices, le pregunta si tiene fuego –a ver la droga– dice el basura éste, con tono autoritario.

Entonces la barriga rugue y una voz infernal, nacida de sus entrañas empieza a gritar. Todos se asustan. Le cambia el gesto al gordito y hambriento de sangre se abalanza sobre el abusador que parece una rata encogida. Caen al suelo, sus amigos intentan pegarle patadas al muchacho, pero la grasa le protege. Su cabeza está clavada en el cuello del abusador y mientras el abusador drogado y tambaleándose por dentro intenta desesperadamente buscar los ojos del gordo para clavarle los pulgares éste empieza a apuñalar su estómago hasta dejarlo hecho un colador.

Se puede ver la grasa amarilla casi como el mordisco de un animal extraño. Las babas caen de la boca del gordo hinchado a fármacos e inspirado por Dios. Su expresión es de deleite puro mientras la adrenalina bombea salvajemente y el apuñalado empieza a sangrar. La barriga grita con su ronca voz: –¡Te lo dije!– Y el gordo sigue apuñalando hasta quedar exhausto.

Con las manos rechonchas empieza a jugar con la grasa y la sangre, llevándose, con mucho apetito, la grasa fresca a la boca. Su boca brilla sucia y podrida de tanto odio, alimentándose de otro gordo, como un epiléptico en una fiesta. Empieza a convulsionar, pero no se mueve de su posición. Se mantiene allí hasta que los brazos del gordo maricón empiezan a flaquear. Luego con la frente empieza a destrozarle la nariz y entonces éste llora y en un suplicio de desesperación jadea infeliz y miserable: –¿Por qué?

El gordo del infierno se ríe. La muchacha ya no está, salió corriendo despavorida. Los amigos están llamando a la policía. Una sonrisa fingida dibujada en la boca del abusador. "Puto gilipollas" piensa el gordo. La barriga exige su premio, así que sigue rebanando el estómago con el pela papas y engullendo esa grasa, luego se gira sobre sí mismo, rodando y quedando boca arriba, y con cansancio y satisfacción suspira aliviado.

Porque sabe que Dios o su propia grasa le han mandado una señal irreprochable. Y con convicción más que por otra cosa, con felicidad en los ojos y sangre en la barriga, mugre y con paz en la boca respira hondo; y se le purifica el corazón.

Por cierto, todavía me debes veinte euros. Y me los tendrás que pagar en esta vida o en la otra. Con el trabajo y esfuerzo de uno, no se juega.

27/01/24

En la trinchera

En el origen de todas las cosas estaban Zoon, Larva y Vorj. Los tres individuos buscaban un método o un medio para contrarrestar toda la sucia podredumbre de la humanidad. Yo sólo puedo decir, como último Octavio al pulso... Qué no fui traicionado pero sí atacado por mis propias camaradas. Sentí lo que siente perfectamente cualquier ser humano que cree ciegamente en una abstracción tan hermosas que casi se vuelve una aberración. Han pasado años desde que inauguramos este portal kamikaze francotirador y absoluto. Después cometimos errores bautizamos con buena fe a un parásito y añadimos una esperanza al portal. Pero todo eso sólo fueron errores. Quisiera pensar que sólo eran errores rutinarios y no una lapidación en vivo y en directo. Y si no es molestia, por favor dejadme morir con este barco o sumérganme en la boca de la hidra. Valcour se volvió un integrante más. El Neo-Valcour: W. Y cuándo mi enfermedad estaba casi a punto de apoderarse de mí cuándo estaba a un dedo de gatillo de canibalizar a uno de mis vecinos escuché una voz dentro de la bestia roja y maligna en la que me estaba convirtiendo... Me dijo Licantropolitano que volviera mi herida en una espada. Qué amara mis cicatrices y que resurgiera del abismo en el que me encontraba... Me sugirió incluso que lapidaria yo mismo mi propia catedral. Explosivos y fuego por todas partes. Catacumbas y asesinos saliéndose con las suyas... No, no, no... Eso no lo iba a tolerar. Pero si es que... ¿SMA está clínicamente muerto?, ¿Qué más da si al menos fue y es mío? Mi propio hijo enfermo y deforme, tullido y maloliente como la carne de una herida con gusanos podridos en la grasa corporal de algún vagabundo. Robándole horas a la noche. Tomando pastillas que mi alma llora. Bebiendo vino para adormecerme. Supurando odio en rabia roja bajo mi nariz rota. Con los ojos petrificados al ver la muerte y resurrección de un Cristo Bujarra y apestoso. Así me veo. Así os veo. No fue para nada justo que me dejarais solo ante la infamia. Es que no veis lo que tengo bajo mía hombros. Es que no os hacéis ni idea de lo significais para mí. Es que no entendéis que yo no quiero vivir. Qué hace tiempo que hice un pacto silencioso con la muerte. Déjame vivir sólo si todos vosotros existís cerca mío. Yo no quiero un puto premio. Yo quiero mi banda organizada de escritores malditos, benditos, iluminados, dichosos, arrogantes, buenos, humanos, mortales, enamorados, naciendo y muriendo pero al lado mío. Y os escribo desde un puto teléfono móvil. Cómo un sucio sudaca mascando chicle y fingiendo que duerme... Que tengo sólo día y medio para respirar y gracias a todo esto probablemente tenga que estar otra semana más ingresado en esa suerte de baba nauseabunda fétida habitación del horror que es un psiquiátrico. ¿Sabéis quién puso el pecho y la cara cuando de público "Kramer"? ¿Sabéis que me obligaban a dar nombres direcciones sobre vosotros, sobre vuestro anonimato? Yo puse las manos al fuego sólo por defender la libertad artística y de expresión... Y no lo digo orgulloso. Lo digo con tristeza. Por qué si todo mi empeño y amor... Por qué me abandonáis así camaradas. Por qué no me lanzais un cinturón de seguridad, un chaleco salvavidas, algo... Me río. Soy perverso. No me compadezco de nada ni de mí mismo. No excuse, no Mercy. Os entiendo bien. Os entiendo demasiado bien. Y mientras el tiempo pasa. Me salen más arrugas y canas sigo buscando en alguna parte esa maldita carta de 6 folios que me escribió Larva. ¿Por qué nadie guardó una copia? ¿No entendéis que sólo era un muchacho con problemas que no entendía nada del amor porque nunca lo llego a conocer en profundidad? ¿Merezco todo este castigo yo también Zoon? ¿Merezco este sucio y amargo trato? Okay. Pero si hay algo que puedo decir en mi defensa es que SMA nunca ha estado muerta y si me lo ponéis así de crudo yo seré igual de crudo. Y no tendré contemplaciones a la hora de hablar de mis sentimientos sociopáticos ni de mis enamoramientos psicopáticos. No voy a tener ningún tipo de pudor. Y una vez muerto todo aquello que ame sólo seré un no-muerto. Con los ojos en negro el aura cruel y los labios quemados por el tabaco rancio. Seré además una marioneta de todos mis impulsos. Y no descansaré hasta que Dios me diga que pare. No voy a retroceder. Eso de tirar la piedra y borrar la mano ya no existe nunca jamás. No me habéis enfadado camaradas. Sólo me habéis apuñalado. Pero descuidad. Aunque la navaja mariposa tenga agujeros para que se filtre el oxígeno en el objetivo tengo bastante grasa cómo para soportar varias puñaladas. Primero fue Zarza. Luego mi madre. Más tarde mi hermana. Y trágicamente suave y lentamente mi padre en cierto sentido. Aunque quiero pensar que esto sólo es un delirio... Luego varias muchachitas guapísimas me apuñalaron. No soy un asesino. Ni un acosador. Lo que sí digo al mundo. No estoy bien. Estoy enfermo por favor sed amables conmigo. Larva me dejaste si respiración. Zoon, lo tuyo fue más cómodo jugar a ser asesinos con navajas afiladas. Dudo que quisieras perforarme algún pulmón. Pero ya no soy ningún niñato. Tengo la mirada afilada. No estoy de mala leche. Esa leche ya no existe. Sólo está el vino rojo y el pan duro. Algo de choco para fumar con algún hermano. El polen en las flores que también se fuma. Y las plantas que también se fuman. No estoy disgustado, sólo estoy digiriendo lentamente cada uno de los sucesos que transcurren en los últimos días. Y lo menos que quiero es a chivatos que no saben meterse en sus putas y rancias vidas. Estoy pletórico. Fuerte como un toro. Intoxicado con los antipsicóticos y podrido de poder acumulado. Me daré una ducha fría me afeitaré y saldré a la calle. Dejaré para la noche mi relato sobre el desayuno de un muerto. Pensaré en Albertito. Meditaré agradeciéndole a Dios la dicha de poder morir cada noche y buscaré mis gafas de sol. Hoy será un día extraordinario. Gracias hermanos por hacer de mí noche una guarida más acogedora. Y por volverme tan puro y ligero que no necesito nada de nadie salvo a uno o dos camaradas que no se andan con dramas. No siento odio. No siento amor. Siento una fría y terrible sensación de paz. Porque yo nunca dejé que SMA se muriera de sed. Y no sabéis la sed que siente uno en el psiquiátrico cuándo lo único que logra gritar a vivo moribundo pulmón, mientras estás atado de manos y pies, desnudo, meado y sin apetito: "¡POR FAVOR A******** PERDÓNAME TE LO SUPLICO NO PUEDO MÁS. SIN TI NO SIENTO NINGÚN TIPO DE PAZ: NO SIENTO NADA!"