01/06/26

Tres amigos y un psicópata

Un loco, un psicópata y un esquizofrénico entran en una tienda de antigüedades.


El primero se enamora de la dependienta y convence al esquizo de que ella también escucha voces y que, en realidad, es su novia.


El psicópata observa y después de darse una vuelta por la tienda y ojear unas cosas decide robarle la novia al loco.


El loco se da cuenta y se enfurece y empieza a destrozar la tienda con las manos abiertas.


El esquizo se queda inmóvil, perplejo, acojonado.


Mientras las voces de su cabeza le hacen dudar de todo, termina pegándose con el psicópata.


La dependienta aterrada por ese cóctel molotov sale corriendo de su propio establecimiento y entre gritos de auxilio suplica ayuda.


Unos vecinos ven la escena y rápidamente llaman a la policía que no tarda ni 20 minutos en llegar.


Unos colegas de barrio que fuman hierba se quedan de piedra al ver tanta violencia junta, pero están demasiado de chill y no deciden intervenir.


Por allí hay otro psicópata que observa la escena y al ver que la sangre de su sangre corre peligro se acerca sigiloso hacia los tres amigos y saca una navaja.


Acuchilla al esquizo en la espalda tres veces seguidas y al loco le quita un ojo.


El amigo psicópata observa a su hermano y entre carcajadas le guiña el ojo, después le susurra:


mira qué cosa tan rica, cómo corre.


Entonces los dos se echan a reír y mientras la policía llega a la escena del crimen, los dos al unísono juegan con la sangre derramada, a fin de cuentas era sangre de su propia sangre.


Luego entre risitas tontas y algo autistas, se miran a los ojos con cierto deseo, y se morrean guarramente.

Zengendros




 V       En una fiesta de drogadictos en un barranco se acerca a mí una chica extraña. Y se sienta a mi lado. Empieza a contarme paranoias sobre su vida, y que está muy borracha: la carta que le libra de cualquier responsabilidad. Quiere que le lie un peta. Le sonrío, a unos metros de mí un colega está pasando por un buen viaje; aunque eso luego se torcería y me reprocharía sonámbulo que dónde estaba que por qué le dejé solo que lo último que recordaba era a mí hablando con una chica. Me río interiormente, ese hijoputa estaba tan pasado que no se dio cuenta que no era una chica, sino una puta con bigote. Se acerca a mí. Busca mi boca y cedo mis labios. Me besa, me besa con fuerza, buscando mi lengua. Me carcajeo por dentro, me dice que le gusto, que soy un gran tipo. Lloro interiormente, es mentira, me quiere usar, quiere mi savia, quiere mi sudor, quiere mi polla. Le sonrío, le acaricio el pelo, me dice que es una chica, aunque nació chico. Ya me lo imaginaba, eres un pobre adefesio creado por Dios, una criatura repugnante y ambigua que vaga por las ravez de la isla buscando un revolcón. Yo soy puro, soy un buda puro. Soy un brujo. Veo en ella cierto destello, me doy cuenta que es un ángel. Me compadezco de ella. Es un ángel que quiere ser follada.

         Seguimos liándonos mientras la noto caliente y excitada. Le digo de ir más allá a liarnos con intensidad. Dice que sí, se pone de pie y empezamos a caminar montaña arriba. Me dice que allí está su coche. Una patética caravana de muerto de hambre que no tiene dónde caerse muerto. Pienso en todas las pollas que se ha comido, pienso en lo duro que ha sido su vida, en su educación católica, en el colegio, en su puta madre; pienso en todo. No me da ni pena ni lástima, sólo un poco de asco: sólo quiere un poco de sexo.

        Entro en su coche, y se desviste mientras estoy sentado. Se pone unas medias de mayas. Un regalo de putas maricas. Para sentirse sexy. Al acabar de correrme una esvástica me dice que si puede salir así de nuevo a la rave, le digo que sí. Le guardo mis bóxers en su bolso como recuerdo, sera lo único que tendrá de mí; porque no pienso volver a darle el gusto a Dios de follarme a sus criaturas mal nacidas. Le empiezo a comer la boca y el cuello, luego se pone a cuatro y le como el culo, se lo masturbo y veo que tiene una polla enorme. Me asusto un poco pensando que probablemente le de hambre de follar y me reviente todo el intestino. Masajeo su polla con delicadeza. Está muy cachonda, lamo sus huevos y la pongo en posición. Saca un frasco de lubricante y le embadurno el culo como si fuera una cicatriz profunda abierta y seca. Luego me pongo un condón y la penetro.

       Mientras jadea y yo empujo pienso en lo absurdo de la vida, del sexo vacío, que amo a una chica, que amo a otra chica, que mi madre no me habla, que mi hermana me detesta, que mi padre está deprimido, que no me pagan a tiempo en el trabajo, que me gusta ir en bus, que he perdido mis gafas de sol, que su puta madre como arde su culo. Salgo de allí y llevo mi polla a su boca y ella mama. No lo hace mal, pero las mejores mamadas me las hizo una chica hace unos años. Estas mamadas no están a la altura, me deprimo un poco, tampoco me importa mucho.

        Una mamada es una mamada. Cambio de condón y vuelvo a penetrarla. Se muerde los labios y jadea, sigo empujando mientras intento olvidarme del absurdo de la vida, del culo de mi madre y de las tetas de mi hermana. Un olor a mierda húmeda inunda el ambiente. Pienso que es el aroma de los maricas. Me entra una risa dura, me carcajeo un poco mientras llevo mi polla a su boca y le digo que me voy a correr. Me dice que me corra y le digo que dónde y me dice que dónde quiera así que me corro en su cara, en su frente, y canto un en nombre del padre, del hijo y del espíritu santo, amén –en nombre de Dios.

       Después, mientras me visto, la contemplo desnuda y bien follada en el asiento cama de su camioneta. Y me doy cuenta, con tristeza, de que en realidad sí es una chica. Una pobre y miserable chica atrapada en el cuerpo de un macho brasileño. Suspiro inexpresivo, me dice que qué hago, le digo que me tengo que ir, se pone un poco triste, querría repetir, pero era suficiente para mí. Follarse suficiente a un pobre ángel maricón. Me subo los pantalones, me pongo la camiseta le digo que adiós, y cierro la puerta. Regreso dónde mi amigo que está jodidísimo en el suelo mientras algunas personas se acercan a ver cómo está, pero él está hecho mierda, mi polla late y se detiene, se duerme y apesta a sexo de maricas. Luego otro puto marica se me acerca, me habla de no sé qué mierda con faltas de autoestima y me pongo de pie, a hablarle al oído, mientras le como la oreja con mi voz y noto que su polla se pone dura, luego cambiando de oreja a oreja rozo mi nariz con la suya, excitándolo aún más, hasta que busca mi boca y cedo, entonces me doy cuenta de que es un demonio. Un puto demonio y un ángel el mismo día. Niego con la cabeza, es que hoy me va a follar todo el universo o qué coño pasa, pienso. Suspiro cansado y amargamente, correrme otra vez.

       Mientras mi amigo está hablando con un extraño empiezo a liarme con semejante engendro repugnante. Mi amigo y el extraño se sonríen y me miran cuando le como la boca al transexual aquel. Los veo de reojo, le digo al maricón de irnos a algún lado a liarnos intensamente. Me dice que sí, subimos por la cuesta y veo la caravana de la puta de antes, me asusto un poco, no vaya a ser que abra la puerta y me reclame. Lo llevo un poco más lejos, cerca de unos arbustos en plena soledad, con la noche escondiéndonos como dos putos maricones degenerados. Me odio tanto a mí mismo por caer tan bajo: pero no tengo dudas de que es un demonio poseyendo a un pobre transexual. Lo noto en su mirada y en que cuándo me corrí dijo que había liberado mucha energía, mucha deliciosa energía, mucha deliciosa energía que él deseaba tener de mí. Una paranoia espiritual; que lo que en realidad está buscando es un novio, que me daría lo mío que me tendría feliz, que tenemos que quedar para follar, que tenga su número, que le llame, que nos veamos otro día, que se vaya a la puta mierda, marica repugnante.

       Arriba descubro que el puto asqueroso se había sacado la polla por debajo de la falda dejando a un lado su braga de guarra. Veo su polla blanca depilada y cachonda, así que poso mi mano en su hombro y lo pongo de rodillas y le ordeno que mame. Y el marica mama, mama, y mama. Cojo su cabeza como si fuera el cadáver de un pollo muerto y empujo con crueldad mi polla en su boca, atragantándolo y provocándole varias arcadas. Ni siquiera saber asfixiarse bien.Y mientras me la chupa pienso en Daphne, en sus ojos, en sus labios, sus mejillas, en su barbilla, en su frente, en su piel; en su cabello, en su figura delgada y alargada, en su adicción a las drogas, en la ropa que no es suya, en sus zapatos, en sus tetas famélicas, en su coño mojado, y en su culo en pompa para que me lo coma yo. Me pongo muy triste, follándome mierdas en vez de follarme diosas. ¿Es esto una especie de prueba divina para ver si soy lo suficientemente hombre como para follarme a dos maricones que juran en nombre de Dios que son mujeres? ¿De verdad son mujeres? ¿Debería cortarles la polla con una navaja y cumplir el deseo de Dios?

       Se pone de pie, se baja las bragas y se abre el culo para mí. Me pongo en posición y empiezo a comerle el culo. Luego pienso que su culo huele a culo y me da asco. Sólo me comería un culo que huele a culo si fuera de una chica, no de un puto degenerado. Paro y empieza a masturbarme mientras miro las estrellas y pienso que debería hacer lo mismo. Entonces cojo su polla y empiezo a masturbarla mientras él hace lo mismo. Chilla y jadea que le encanta esto. Que estoy buenísimo, que soy guapo, que soy increíble, que busca un novio, que podría ser su novio, que me daría todo, absolutamente todo lo que quisiera; luego le pregunto si me comería el culo, y me responde rotundamente que sí; entonces me doy cuenta de que ese pobre diablo no es una chica, sino un puto maricón confundido. Y mirándole a los ojos le digo que si le gustaría follarme el culo y me dice hipnotizado relamiéndose y babeándose que sí.

       Me carcajeo por dentro, le digo que tengo que irme que un amigo está muy mal cuesta abajo, que tengo que ir a verlo; pero el marica no me deja irme y aumenta la intensidad de la paja hasta que logra que me corra. Me corro en su mano como si un bebé estornudara en la mano de su madre. Después exprime mi polla con la mano para sacar la última gota y me suelta esa paja mental de que he liberado mucha energía, que quería toda esa energía, que llevaba mucho tiempo esperándome, que deseaba mi energía, que le debía esa energía, que esa energía era suya. Lleva su mano con mi corrida a sus labios, saca la lengua y la lame como un perro lamiendo un meado en la calle. Arqueo las cejas. Tengo que irme. Cierro mi bragueta y lo dejo solo. Camino colina abajo para ver a mi amigo. Me dice que está muy mal, que tenemos que irnos. Que había perdido sus cosas, que la gente se había bebido su sangría de 8 litros, que le robaron el tabaco, el dinero, sus cervezas; y casi llorando, que se habían bebido su tequila.

        Una sensación de asco y decepción me acompaña toda la madrugada. Luego levanto a mi amigo del suelo y le digo que nos vayamos a casa. Caminamos cuesta arriba hasta llegar a un poblado, cogemos el bus que va a San Telmo. En el bus me voy quedando dormido, y una señora desde detrás me da golpes en la cabeza para que no me hostíe contra el asiento de al lado. Me causa gracia, muchas gracias señora y me vuelvo a quedar dormido, hasta que la señora vuelve a despertarme de la misma forma. Unas cinco veces seguidas, hasta que deciden dejarme ser yo mismo y me despierto con mi cabeza golpeada contra el palo de metal de los buses. Me hace gracia y me duele a partes iguales. Llegamos a la estación, mi amigo se lleva las gafas de sol puestas porque la luz le arde y los colores del tripi le estallan la cabeza. Me sonrío y carcajeo un poco, soy un chico que se ríe mucho.

        Después llego a casa, me quito los pantalones y aún apestando a sexo homosexual me echo a dormir una hora, le digo a mi padre que entro en dos horas que si me puede llevar. Me despierto, me ducho y mi padre me lleva al trabajo. Y después de 10 horas de trabajo siguen las quejas y lamentos de mi amigo que por qué lo dejé solo, que estaba en urgencias con un lavado de estómago, que se lo contó a su padre, que estaba muy cansado. Luego fui a casa a dormir unas 6 horas y me preparé para ir a trabajar, mientras mi amigo dormía dos días seguidos. Me dijo que dejaría de tomar drogas que todo le daba miedo. Luego le di la razón de los tontos y me sudó la polla su decisión, porque sabía que al final, volvería a meterse mierdas extrañas en el cuerpo.
Y ahora yo.
Estoy muy cansando
y todavía me siento sucio.

        Pero qué se le puede hacer, soy un fiel servidor de Dios, y si Dios me pide que me folle a sus engendros, no tengo otra opción que obedecerle. A fin de cuentas, el Dios al que rezo, es un Dios extraño, casi demoníaco, completamente sublime. Que Ytchz descanse en paz.


Carta de suicidio

Antes de irme quiero dejar constancia de una única cosa inapelable: el amor hacia mi padre fue lo único que me mantuvo con vida los últimos tres años de mi vida. Después de eso entendí que mi presencia no era importante en su vida y que podría soportar la pérdida de un hijo. Entendido esto sólo queda homenajearle de la mejor manera que supe durante toda mi vida y es otorgándole todo mi amor y mis mejores deseos para su día a día, el cuidado y cariño hacia mi hermana Alice y su dedicación y pasión sublime hacia la música y en sí mismo, hacia la vida misma. Te deseo lo mejor papá, y espero que me recuerdes como el adolescente que siempre fui: un muchacho lleno de vida y hermosura que lloraba por las noches porque la gente era demasiado cruel con todos y no porque en los últimos días de mi vida en Vecindario me volviera un monstruo destructivo, cínico, cruel y arrogante. Te quiero mucho papá, y siempre te acompañaré. Allá dónde esté, que probablemente sea la habitación final de la casa, frente al tanatorio municipal de Santa Lucía. Por favor, quema mis restos, que nadie vaya a mi funeral y si puedes dile a mamá que, aunque no tuve palabras especiales para ella, siempre la tuve en cuenta. Mis mejores deseos para ella con su novio alemán. Mis más sincera disculpa hacia mi hermana, confío que con el paso de los años y mi auténtica desaparición de este mundo pueda hallar en su grandeza perdón para las ocasiones en las que le hice daño. Quiero que lo último que recuerdes de mí sea el gesto de regalarte una coca cola y una compota de mermelada de fresa y en mi lápida escribas: Mejor padre, mal hijo, buen ciudadano.

Cuándo me descubrí a mí mismo comprando una cuerda sólida supe que estaba jodido. Ya nada era salvable, con el dinero que me mandó mi madre por mi cumpleaños compré una cuerda, tres botellas de vino y una caja de cigarrillos rústica. No tendría tiempo de despedirme de nadie, ni de Daphne, ni de mis conocidos de El Canario. Y como me voy a ir pronto entiendo que podré dar un largo paseo de madrugada antes de ir a la barra de hacer dominadas a colgar la soga y estrangularme hasta morir. Este escenario no me gusta para nada para mi final, pero es lo más cercano de casa que tendré nunca, y la idea de ir a morir a Pozo Izquierdo es demasiado distante de lo que considero mi hogar. Lamento el estropicio que te ocasionaré, pero descuida papá, voy a cerrar con llave la puerta y he conseguido desinfectante y lejía para mojar por completo el suelo. También he puesto toallas en el borde de la puerta. Además te he dicho que estaré fuera de casa una semana entera y que bajo ningún concepto quiero que entres en la habitación mía, que si eso ocurre te iba a cortar el cuello con el cuchillo de cortar carne. Y aunque la despedida haya sido así de violenta sé que por tu inteligencia y tu gran sentido de la deducción sabrás que no iba de farol, además, para cuándo le pidas ayuda a Domingo para abrir la cerradura porque nunca has sido de pedir ayuda a un cerrajero, mi cuerpo ya estará bastante muerto y podrás verme como lo que soy: un amasijo de carne muerta fría y algo hinchada, siempre fui gordo de niño y terminaré uniéndome a Dios como un feto enamorado de la vida.

No estarás solo en esta nueva etapa de tu vida, con suerte podrás hacer las paces con mamá y notificarle la mala noticia. Pero eso no es lo importante de todo esto, sino que, vosotros dos, unidos por la desgracia viviréis una nueva vida, en la que me recordaréis con amor y nostalgia. Lamento las lágrimas que derramarás, pero sinceramente, no pienso soportar la desgracia de una vejez temprana.

He comprado una caja de tabaco especial para este desenlace final. Unos Latino Heritage, un tabaco híbrido entre el negro y el rubio. Una delicia, la verdad. Y mientras escribo esto, fumando gozoso y feliz, también bebo vino, así que supongo que podrás leer estas líneas. Creo, con total convicción, que leer esto te tranquilizará porque verás que en todo momento estuve en calma y disfruté mis últimos instantes con bastante dignidad. No creo que haya nada más salvador para tu mente que entender que me tenía que ir de esta forma. Ni siquiera te pido disculpas por todo esto, porque gracias al cielo existe el libre albedrío y la fascinante noción de la libertad humana en todas sus facetas. Y, aunque suene doloroso, me fui porque nunca estuviste a la altura de un hijo enfermo. No obstante, si me voy ahora no es por ti, ni por mamá, ni siquiera por la subnormal de M que, con sus patéticas neuronas, caviló una demanda judicial contra mí para desprestigiarme por el relato de Kramer; y ni siquiera porque los efectos judiciales de la guardia civil hayan sido graves. Quiero que entiendas que esa perra racista no tuvo nada que ver con este final, sino que en el fondo, muy profundo, todavía seguía enamorado de Albertito de la Mancha. Algo que la estúpida de E nunca entenderá. Porque yo lo sé, perra sucia, tú junto con B os dedicasteis a acosarlo y cuchichear sobre él. Humillarlo y burlarte de él. Pero descuida E, no te guardo rencor porque sé que, entre otras cosas, eres una niñata estúpida y no mereces mis últimas horas de vida. Así que te daré un consejo: cuida a tu puto perro y esmérate porque no le de una jodidísima miasis, jodida puta retrasada. Y pensar que nos queríamos en la adolescencia, que me suplicabas atención y que estabas derretida por mí, acariciándome con tu mirada, y tu deseo de ser adulta, y ahora con tu vida primaria y patética, tu novio de turno, y toda tu estupidez, tu sexualidad, en fin, que me das asco porque eres una perra mala y yo siempre fui un ciervo elegante y noble que nunca retrocedió ante todo el acoso y crueldad que recibía por parte de todos vosotros, perros arrogantes, sumisas de los gordos.

Bebo tres tragos, fumo una calada de cigarrillo. Veo el entorno hacerse polvo a mi al rededor, ¿me vengaré de todos ustedes u os perdonaré la vida sólo porque sé que la partida de ajedrez seguirá hasta que os mate la vejez? Voy a mear en una botella, porque en estos momentos ando demasiado ocupado escribiendo esto, putos parásitos arrogantes. Yo siempre he sido un emperador callado y silencioso. No sabéis cómo de grande es el espectro de mi odio y de mi maldad hacia vosotros. Si yo pudiera, os asesinaría a todos sin ningún tipo de pudor, porque para mí siempre habréis sido inferiores. Y no lo digo porque sea de otro país, sino porque nunca habéis llorado por la sensibilidad de una niña de instituto. En cambio, yo lloraba por cosas astrales y abstractas que nunca en vuestra miserable existencia podréis imaginar. Siempre he sido yo el auténtico escritor de toda esta puta y sucia isla. Y mientras que tenía esperanzas y amor hacia vosotros, siempre me disteis la espalda y me dedicasteis la peor de las miradas. No os odio, simplemente es que, de alguna manera, no sé cómo, me meo en vuestras abuelas muertas.

Un muchacho solitario

Un muchacho solitario cruzará toda la ciudad sólo para ver gente conocida; sin esperanzas ni buen humor, sin siquiera deseos de un encuentro memorable… Alguien completamente destruido por dentro, lobotomizado hasta al hartazgo y reventado de tanto dolor psicológico, tristeza y fármacos de nueva generación. Un hombre calmado que camina con la mirada fría, los nudillos calientes y el pecho casi descubierto. Lo único que le separa de las bestias es su voz y su mirada: noble pero afilada: nada que no se pueda torcer a base de más sufrimiento. (***) Un gesto de mal gusto y de asco se le asoma en el rostro: la maldita sustancia entre los dedos, entre los labios, entre los pulmones, entre los ojos; lagrimeando –como un cocodrilo– de tanto tabaco. Una burla grotesca de la sociedad. Con la reputación destruida por tantos delirios rosas y tristes necesidades humanas: calor, afecto, miradas, soliloquios; y al final de la tragedia: una lúgubre tristeza. Todavía roto por dentro, sin expectativas sobre la vida, con un destino crudamente arrebatador, decidir si ser hombre y morir, o si ser niño y huir. Necesidades no cubiertas ligadas al tedio y al desprecio hacia todo el mundo. Porque no nos confundamos, la gente noble lo odia todo. (***) Silencio, guarda silencio. Callado, guarda sangre en los nudillos de sus manos. ¡Callaos la puta boca! (***) De entre la muchedumbre gris y aletargada, un espectro oscuro humanizando personas y afinando esquizofrenias. Una ciudad podrida en droga y retorcidos juegos de poder y sumisión. Gente que no respeta nada, ni siquiera la calma, la paciencia o el amor... Gente infantil que no aguanta nada, ni una mirada, ni una afrenta familiar. ¡Y de súbito toda la paz se convierte en guerra! Si se va a la guerra, espérate con calma a no volver. Si la guerra va a ser larga, ¿quién se follará a tu sucia puta hermana cuándo esté medio muerta de tanto follar por el culo por la gracia de mil hombres nobles? Y si esto último te afecta, minúscula cucaracha de dientes carcomidos por las caries. ¿Quién te hará cabrear genuinamente, de verdad me has perdonado la vida, o te la estoy perdonando yo a ti? No te preocupes, no tiene importancia, las cosas son más livianas... Para que lloren las madres, prefiero que lloren los hombres. (***) De la decepción nace la desidia, de la desidia el aburrimiento: y del aburrimiento querer matarlo todo. (Eso implica matarte a ti también, dulzura). De la belleza nace el amor, y del amor un hijo. Tu hijo sin nombre, bastardo, inmundo, sucio, aborrecible, minúsculo, bobo, sin cabeza, tonto, fofo, lerdo, estúpido y completamente mamador de las pollas de sus queridos tíos sanguíneos. (***) De mi pecho una rosa delicada de color amarillo… En mis labios veneno y en mis nudillos marcados los labios de los árboles. (***) El muchacho se encuentra en medio de un conflicto que no tiene ganas de enfrentar. No por miedo ni por pérdida numérica; sino porque la venganza es un comienzo, y la guerra nunca acaba a menos que sea por puñaladas. Un beso en la mejilla o en los labios mientras me apuñalas. Unos labios sonriendo mientras me dices buenas noches y te apuñalo con la mirada. De entre los escombros humanos y la putrefacción drogadictica humana un niño que quiere hacerse respetar. Eso no está bien, es patético. Yo estoy loco, pero tú sólo drogado. Todos guardan silencio, ninguno se levanta: ni si quiera yo: que me mantengo en pie. Miro sus ojos, mira a los míos; no hay belleza sólo adrenalina y rabia contenida –suya– , mientras me amenazas que vas a romper la cara mía. No me confío, no me retracto, sigo con lo mismo: no es un juego de poder, es un malentendido. Dos no se van a poner a matarse por una estupidez como esta –pienso, luego callo–. Podría acabar mal el asunto, todos son callejeros, todo es una trampa. Aborrezco tanto la calle. Tanto desprecio y asco, en la calle cada uno a lo suyo, silencioso y sucumbiendo a la droga rica. ¡Estás rica, como la droga, jodidísima guarra de tres al cuarto! (***) Te amo, sí; pero también me importa poco... Te odio, no; pero tampoco me importa mucho. Me sonrío, asiento con la cabeza. Todo son halagos, reproches, adrenalina caliente bombeándose al corazón. Luego veo bien esos ojos, no es que esté entrenado, no es que haya peleado en la calle; ¿es que es necesario quitarse la chaqueta de cinco kilos, la camiseta, y todo lo que lleve encima sólo para demostrar algo?, me digo. Nada de esto tiene sentido. Luego la frialdad de mi madre que me hace agotar. Mediadores por la paz, ¡mendigos de la guerra! Me cago en la leche que mamaron vuestras hermanas. Me cago en los dioses a los que rezáis llorando... (***) Si por relatar me van a matar; mejor muerto relatado que vivo mal follado. (***) Los ángeles lloran mi muerte porque un muchacho me ha buscado de noche hasta las cuatro de la madrugada me ha seguido y me ha clavado un puñal en el lateral del cuerpo: y ha penetrado esquivando músculo y grasa. Estoy caminando casi ciego, muy despacio mientras sujeto la herida y pienso en lo último que le diré a mi padre. (***) Un mensaje de despedida; también es la excusa perfecta, yo no quería vivir más. La sangre chorrea por mi cuerpo, la piel de la chaqueta se empapa de sangre, la camiseta interior se tiñe de una sangre púrpura espesa llena de humo de tabaco, mientras que mis pantalones rojos no demuestran nada de lo que acontece. Y entre pasos torpes me voy despidiendo de él... Sé que no llego a Urgencias, sé que no le guardaré rencor a ese dulce mierdecilla mequetrefe atontado gilipollas por haberme apuñalado, ni si quiera guardaré su nombre en mi memoria –breve, pero memoria–, ni tampoco viviré un día más para salvarme de la ciudad –podrida, pero mía– que todo lo corrompe. Y entre lentos y pesados pasos morbosos de vida y muerte me digo: Si tan sólo hubiera sido menos sabio. Si tan sólo hubiera sido un imbécil más. Si tan sólo hubiera amado a falsedad a esa muchacha con diez años menos, y me hubiera quedado a su lado toda la vida, quizá ahora no estaría tan, irremediablemente, muerto… (***) La noche se precipita negra y sin luna. No hay demonios que me acompañen en este último trayecto de vida. La ciudad se hace inmensa y larga, no agonizo ni me quejo, tengo una mueca de satisfacción y en el culmen de mi desgracia recuerdo tus ojos Zarza. (***) Y tus labios besando mi cuello, y tus ojos mirando a mis ojos, y tu lengua, y tu piel, y tus dientes, y tus uñas, y tus estrías; y toda tu maldita belleza humana. Y tu terror, tu confusión, tu pánico, tu tristeza, tu deleite, tu placer, tus infortunios y me regocijo lleno de felicidad porque sé que te amo. Caigo al suelo de rodillas en el portal de casa. Y antes de pulsar el botón de la casa para que salga alguien a salvarme –siendo niño–, antes de intentar abrir la puerta y subir por el ascensor tirándome escaleras abajo, antes de todo eso los ángeles me hacen despertar. Y despierto, vivo, y cerca de un muchacho muy alterado. (***) Me mira a los ojos y yo a él. Me sonrío, me encorvo un poco, ¿quieres de verdad romperme la boca? No te has dado cuenta que soy un perro gordo y grande. Más grande que tú. –Te voy a partir la puta boca esa que llevas, puto imbécil. –Muy bien. –Te lo juro por mi madre que te voy a partir la puta boca. –Muy bien. –¡Por mis muertos que te voy a matar! –Muy bien. –¡Ven aquí cabrón! (gritando) –Aquí estoy (de pie, sin moverme). (***) Los ángeles del inframundo celebran una misa abierta, dónde todos los demonios están invitados y de las deidades más sutiles los innombrables tartamudean y los santos hacen bukkakes con las vírgenes que se han suicidado. De entre los ángeles unos contemplan la escena, hacen apuestas por ver quién ganará la pelea. No hay mucho por lo que apostar, algunos apuestan por mí; otros por la sangre de su sangre y dicen: ¡De eso no hay duda, se le acabó la vida a este pobre muchacho! –Dejad de hacer esas cosas, por favor, criaturas, ya está bien. –No... (vacilando) –De verdad, un poco de cabeza y buen gusto, no veis que están a punto de romperle la boca, con suerte; y con mala suerte de ser asesinado pronto… ¿No lo veis? –Te lo creaste demasiado sangrante, papá (entre risas). –Era lo que había en su semilla… (***) Mis puños hieden a sangre y a dientes rotos. Mi rostro está morado y agrietado, pero sigo de pie y el otro muchacho está en el suelo. No quería nada de esto. Luego la gente de allí llama a la policía para que venga a recogernos a los dos. Uno para Urgencias y otro para Psiquiatría. Uno para recuperarse y el otro para sanarse. Mientras que los dos saltarán positivo en el uso de drogas recreativas de estilo cannabinoide, mal asunto, criatura mía. Más tarde un hombre y un muchacho extraño me seguirían de noche. No le daría demasiada importancia porque a lo hecho pecho, y al puñal mejor darle la espalda para que entre limpio. También es que soy un suicida empedernido. (***) El desayuno muy bien, gracias. Tostadas y café negro. Nada durante el día, después una manzana y en la plaza comí otra manzana. Entre nauseas sudor frío y cansancio. Sin novedades ni auxiliares para dementes. De la basura de casa recojo una cuchillo de metal oxidado y lo guardo en los pantalones. Algo me dice que la noche albergará horrores. De la más infame de las necesidades humanas: el contacto físico, ergo el covid humano. Como el beso de Judas, los dos besos de los hipócritas: muak muak, sabandijas. (***) La vida es hermosísima y llena de los más increíbles horrores nocturnos, hoy será mi funeral, ¿o la próxima semana? ¿Se podrán enterrar a los muertos un fin de año? (***) Fumando droga para no despertar del letargo humano, el romanticismo de la decadencia y el fin de los acuerdos, ¿por qué España necesita un cambio? Porque me acaban de matar, hermano... (***) De la nada grotesca y cínica un mártir al que un desquiciado enfermo separa sus nalgas y sodomiza. De su boca nacen palabras inconexas y aturdidas llenas de deshecho porros babas deseo y profana ansiedad: –Chúpamela, bésame. –Lame mi ano, maricón. –No… –¡Lámelo puto maricón de mierda! –No… no, no, no… –Puto maricón. (me río). (***) Un muchacho acompañado cruza toda la ciudad sólo para ver a su padre; sin nada en los bolsillos salvo una navaja oxidada. Destruido por dentro, horrorizado y sangrando. Un hombre calmado que camina con la mirada fría, pero con los nudillos reventados y el pecho congestionado de tanto tabaco. Lo único que le separa de las bestias es una herida supurante que no tiene arreglo. Un mal gesto que le trastoca la expresión. Es lo último que tendrá en la memoria si la venganza y la salvación o si el amor y la redención… (***) La Zarza entre los dedos juveniles, entre los labios adultos, entre los pulmones encharcados, entre los ojos blancos; lagrimeando de tanto sublime sentimiento... Una burla grotesca hacia la propia humanidad. Con la reputación destrozada, te amo mamá, siempre me diste calor, afecto, atención...; y al final de la comedia: una lúgubre llamada de teléfono que nunca tuvo respuesta. Todavía sangrante, sin expectativas sobre la muerte, con un destino crudamente obvio, decidir si ser hombre y morir, o si ser un niño y pedir ayuda. Para los vivos la muerte; y para los muertos, la gloria. (***) Entre lágrimas de desesperación, tristeza y amor; entre sollozos por el funeral próximo la lápida en piedra barata y la despedida inconclusa, alcanzo a dibujar en la puerta del portal con sangre todavía fresca: “te amo papá, lo siento”. Y mientras cierro los ojos para terminar de morir cerca de casa, muy cerca, entiendo que lo único que me separa de las bestias es que los dos morimos dónde sentimos hogar, y que cuándo un animal es herido de muerte no sigue luchando contra la propia naturaleza de la letalidad: acepta los obsequios de la carne, las larvas y la putrefacción del músculo, corrupción de la grasa y el calcio lejano del hueso… (***) La mañana despierta fría y hermosa, y un padre de familia al salir a trabajar abre la puerta del portal dónde encuentra un cadáver frío y tieso con el rostro magullado y lágrimas en los ojos todavía cristalizadas; pero con una expresión de sabiduría paz y amor tan grande que, al ver a su propio hijo muerto, entendió de inmediato que murió por amor a la vida, y no por miedo a la muerte. (***) –Adiós, papá...

Tengo frío


Derretido en medio de un vómito feliz
Veo a mi padre hacerse mayor
De la nada una sórdida mueca del pasado
Estoy tan harto de todo el ritmo inhumano
Vivir es un tedio y morir no es ni siquiera una opción
Entre tantos fantasmas y medicaciones extrañas
¿Dónde estoy, acaso estoy de pie y no suplicando?
Recuerdos absurdos 
Mentiras letales
Criando malvas
Lloriqueando
Monstruos

Siento el aire más liviano
quizá esté muriendo
no puedo esbozar un llanto

Lo he hecho todo mal
Nada tiene sentido

A quién le hablo
Si mi reflejo ya no existe
Si mis amores ya no laten
Si mis brazos son extremidades
por compasión

Tinieblas y abortos
debí haber sido el bebé muerto de mi madre
que con compasión sujete a la luz del farol
Que me llore durante dos tres meses 
Y luego haga un funeral

Y a ti falso,
te quiero ver muerto
te quiero matar
te quiero ver muerto
te quiero matar
te quiero ver muerto
Te quiero lejos de mí.

Mi alma se ha endurecido como un cartílago
Mi amor se ha vuelto púrpura sangre
y a dónde huir de mí, o de ti...

Guardo escondida una carcajada para cuándo todo se haya perdido
Una aguja con insulina letal para dormir
Una pérfida agujita
Carajo, me da risa,
creo que 
voy
a
reír

Si hasta en eso miento,
estoy más cerca del llanto
que de la tos

estoy más cerca del llanto
que de la carcajada asfixiante

A quién le dejo en herencia mi vida
mis desgracias y mis turbulentas noches

No hay gracia en todo esto
Alguien se olvidó
del amor.

Maldita la hora en la que tuve que tragar aire
Mamá, te maldigo, por qué tanto silencio

Ninguna noche 
Todas las noches
Frío
y más frío.


Vorj

 Vengo con un fusil cargado en la mano. Y estoy dispuesto a hacernos perforar a los dos si hace falta. Voy a acabar con mi enemigo. Y no me importará morir en el acto. Yo no sentiré arrepentimiento. Porque estaré rojo pensándote. A fin de cuentas, sucio niñato. Te amo. Como aman los locos. Con toda la sangre rebozando ácido y cianuro. No os confundáis. No estaba muerto. Estaba en coma. Y un susurro me despertó de súbito. Ahora no pienso en derrotas ni en ingresos. Sólo en la dicha y en la trampa. Porque yo nací para hacer trampas, por eso puedo tragarme dos caramelos y volver a mi antigua alma. Estoy poseído. Vamos a hacer un pacto, Ytchz. Soy tuyo. Pero devuélveme lo que me otorgaste. Si este pacto se concreta. Sólo quiero ver rojo. Y no me importará quedar ciego. Me muerdo los labios, y empieza el festín. Voy habitación por habitación reventando a la gente con una metralleta o con un mazo. Voy por allí matando bebés negros. Me cago en la leche de los blancos que mamaron cuando eran niños. Yo lo odio todo. No hay punto de comparación. No voy a refinar mi arma. Tengo una daga y pienso clavarlo en el centro de tu puto cerebro. Te amo, sí. Pero sólo a ti. Los odio a todos. No lo niego, estoy eufórico, inundado en una blasfemia. Pero no te asustes, tú tocaste a mi puerta. Esto soy yo, esto es mi alma elevada y rebosante. No estoy loco, estoy poseído. Y deseo saborear tu sangre. No me importará mancharme la cara. Aquí viene Vorj de nuevo, con su estilo impecable. Cargando entre los dedos las orejas de todos los que juraron joderlo. Cada acto se pagará con su vida. Yo no iré a la cárcel, porque soy inmortal.


II

¿Dónde has estado?


iii

Por fin un aliado. Mística y ambición.


VI


Sobran las palabras.

Parnaso derretido

 Me aburrí de estar muerto en vida:

              Desde el infierno escribo con sangre mis últimas letras. Desde el purgatorio narro cómo encontré un ángel suicida. Y desde el cielo me meo en la boca de todos aquellos cretinos hijos de su puta madre y en las suegras también. Y por ello no podría llorar de la más profunda felicidad. Llorar como si estuviera atravesando un pase de pastillas antidepresivas. Quizá me he tomado dos o tres cápsulas de 20 miligramos, ¿67?

Me río en la cara de la muerte y me follo a su Jesucristo confundido. ¿Quién me va a parar ahora que he conocido a mi alma gemela? ¿Quién me va a clavar una daga en el estómago? Estoy gordo, cabrón, no podrías atravesar la grasa de mi abdomen místico.

¿Me muerdo la lengua o me muerdes la lengua, sí, tú, Dios creador? ¿Me vas a hacer callar después de todo lo que he visto en mis 32 años de vida? No lo voy a narrar, tengo suficiente amor propio cómo para caer de nuevo. Me da vergüenza la venganza. Me causa risa el llanto y la desesperación. ¿Qué?




Soy Vorj.