02/06/26

La familia Ivánovitch

La familia Ivánovitch había atravesado muchos problemas últimamente. Y yo cada día me sentía más extraño y de un buen humor inmejorable. Hace dos semanas que mi novia transexual me había cancelado como novio bajo la excusa de: “te avergüenzas de mí, porque no me dejas ir a tu casa para hacer el amor”. Su trasero era delicioso y su polla pequeña. Sus pechos hormonados me seducían y su rostro era dulce y hermoso. Me llevé una gran decepción. Por eso decidí dejar de tomar el tratamiento.

Mi padre era un homosexual reprimido autoritario y silencioso, pero también terriblemente homófobo y racista. Era europeo. Mi madre era una suelta adúltera con arrugas y tendencias lésbicas no admitidas que le chupó la polla a un pobre sudaca que casi termina muerto por la paliza que le pegó mi padre; y mi hermana estaba confundida respecto a la vida, la propia importancia de los valores familiares y el amor. Mientras que yo sólo era un desequilibrado mental enamorado de la muerte algo resentido con la gente y con mi propia familia. Es cierto que sufrimos malos tratos, y que papá en arrebatos de locura o simplemente sinceridad brutal, había abusado de nosotros; pero nada de eso importaba porque la familia aún se mantenía unida, aunque se tambaleara y pendiera de un hilo. Sólo bastaba alguna catástrofe o que alguien, simplemente perdiera la cabeza –no me miréis a mí, yo todavía pienso en Natalia– . Además los trapos sucios siempre se lavan en privado, o al menos eso me decían en casa. Antes de escuchar la primera y última voz que me indicó el camino hacia la grandeza y, por ende, a la autodestrucción yo era un zombie atiborrado a fármacos mentales. Una voz tan hermosa me hacía llorar de emoción cada vez que blasfemaba, me insultaba o se reía de mí. La voz de una auténtica deidad. No hablo de Dios, hablo de una deidad mucho más poderosa y mucho más generosa. Cuándo uno madura se da cuenta que todo tiene dos caras… Por un lado está la familia y por otro está la aniquilación.

Había tomado varias tazas de café y por eso me resultaba imposible dormir. Además del reciente accidente de tráfico que habían sufrido mi padre y mi hermana. Todo se confabulaba para no dejarme descansar. Yo estaba en casa de mi madre por motivos muy distintos a los de dar apoyo moral. Aunque esas bestias sólo se encargaban de minimizarla, humillarla y gastarse todo su dinero en caprichos. No voy a mentir, mis padres están separados. Mi padre se había estrellado en una curva, y resultó herido de gravedad junto a mi hermana. No soy un hijo ni un hermano despreocupado y egoísta, fui a verlos al hospital. Aunque por dentro me reía de ellos. Mi hermana tenía moretones por toda la cara y al intentar evitar el choque se lesionó las muñecas contra la bolsa salvavidas. Mientras que mi padre sólo presentaba una fractura a la altura de las cervicales. Fractura que con el paso de los días se catalogó como letal. Probablemente no volvería a caminar. Entonces, dado todo esto no tuve más remedio que ir a casa de mi madre a contarle las buenas nuevas. Ella no era rencorosa, sólo se preocupó por su hija y de mi padre no hizo ningún comentario. Eran noticias tristes, pero de igual modo, ¿qué podíamos hacer ante los caprichos de la vida? La mitad de mi familia estaba convaleciente y la otra mitad éramos una señora que encontraba paz en la meditación y alguna que otra tontería supersticiosa como ángeles guardianes, etcétera. El último sano de la familia era yo. ¿Por qué? Porque no me dolía nada. Aunque era un muchacho con trastornos mentales, perturbado, adicto al porno, rencoroso y que se había quedado sin amigos de verdad, salvo uno que, de verdad, no lo digo por mentir, no me conocía al completo cómo para juzgarme.

Mientras que mi hermana curaba y mi padre se acostumbraba a su nueva vida como inválido, yo revisaba en el cajón de mi madre su ropa interior. Seleccioné varias tangas de hilo. No por morbo, ni por provocación, sino por saber si teníamos la misma talla. A fin de cuentas si ella era tan puta cómo para ponerse esas tangas de hilo, yo podía ser el doble de puta cómo para llevar tanga y encima no ir depilada

Mi madre dormía a las 5:30 de la mañana, hora a la que suele despertar. Mientras que yo me fumaba diecisiete cigarrillos juntos (no a la vez, sino uno por uno), ella dormía. Fue entonces cuándo me acerqué a ella, a su cama, y me senté a su lado. Y luego encendí la lámpara y aguardé unos segundos. Inspeccioné la hora, faltaban 30 minutos para que despertara. Y mientras me cuestionaba por qué me había tocado ser un perturbado y por qué estaba enamorado de mi hermana, por qué odiaba a mi padre más de lo que podía amar su recuerdo… me fijé en que mi madre roncaba con las manos juntas como rezando. Sus párpados cerrados y estirados, como dos pétalos blancos y perfectos. Su nariz delicada y hermosa. Sus labios allí tentándome, llamándome, insinuándoseme… Toco la navaja en el bolsillo de mis pantalones. Pronto, me digo, pero hoy no, pronto; pero hoy no. Contente. Me acerqué a su hermoso rostro indefenso: madre paridora de infelices egocéntricos, narcisistas y arrogantes... Para después con mucho cuidado acercar mi boca a su boca y besarla. Separarme después rápidamente para que no despierte con mi rostro encima suyo. Pero no puedo alejarme de ella, se le ve tan perfecta inmóvil, quieta, perpetua. Por eso mismo ansío verla dormir durante toda la eternidad, que el tiempo, los chivatos, vecinos, amigos, novios, perros y parásitos nos permitan. Suspiro y me muerdo la lengua. Luego espero a que su reloj suene, la espero contemplándola. Y luego veo como sus ojos verdes despiertan, se arrugan sus párpados, bosteza, estira los brazos, me sonríe y me pregunta que si he dormido. Le miento, “algo” le respondo. Y durante ese instante perfecto logro ver lo más bello del mundo que no es otra cosa que contemplar cómo despierta del sueño una madre a la que amas. Hasta casi me muerdo la lengua al pensar en arrancarle los ojos con la navaja, cuándo en realidad lo único que quiero es que me deje entrar dentro de ella y esparcir mi savia en su concha experta y madura.

No lo hago siempre pero la espío mientras se cambia de ropa en su cuarto. Con mucho tacto, no quiero asustarla. Quiero que me ame más allá de los límites de la realidad, de la moralidad, de la belleza… más allá que la familia y sus trágicos errores. Quiero que me haga el amor, que me folle, que me sodomice, que me obligue a tragarme mi propia sabia blanca; y deseo que ella mee en mi boca, separar sus nalgas y lubricar su ano hasta que éste rojo y abierto me indique el camino hacia el manjar. Y luego, con mucha ternura indicarle que puje, y que de su culo nazca una hermosa serpiente de mierda que busque mi boca, mis ojos y mi polla. Quiero, como un niño que juega con arena o pasta de plástico... jugar con sus heces para que vea que la acepto más allá de todos los límites morales y humanos. Sólo la perfección que nace del coño y el culo de un madre con su cría pueden hacerle frente a Dios.

Cuándo vivía con mi padre la rutina diaria era cocinar, verle una o dos horas, volver a verle, pero esta vez desaparecer. Salir yo a la plaza a fumar marihuana con dos chiquillas, regresar, evitarnos, ningún comentario. Pero a la vez había algo de ternura en él. Mientras que en el amor de mi vida que es mi hermana sólo había frialdad y descrédito. Con el tiempo empecé a cogerle asco a mi padre. A su rostro, a su voz, a su moralidad, a sus tripas, y a su corazón; y sobre todo, a su polla. Por eso cuándo se estrelló en la curva (yo no estaba con ellos porque me dijeron expresamente que no podía ir) sentí algo nuevo. Por un lado, la oportunidad de salvarlo de ese desastre y por otro la ocasión de vengarme de él. Sobre mi hermana prefiero no hablar, pero dado que esta es una confesión antes de mi suicidio intentaré contaros un poco sobre el romance que mantuvimos mi hermana y yo. Romance que se torció cuándo conoció a un muchacho en su universidad que le eclipsó la cabeza y la volvió, lo que se considera, una completa estúpida. Y pensar, tristemente, que el último recuerdo que tendré de ella es el del abuso a sus agujeros mientras convalece en la cama de la habitación… qué desgracia que todo se acabe tan rápido, qué desgracia que ella ya no me quiera de la misma forma que hace 10 años cuándo sólo éramos niños lamiéndonos nuestros genitales, pero nuestros besos eran tan intensos que no puedo hacer otra cosa que llorar por dentro. Porque Alice, todavía te amo con toda mi alma. Un amor tan intenso que terminará por matarnos.

Salí a dar un paseo y decidí que a papá le iba a romper el cuello con un martillo. A mi madre la iba a estrangular con las cuerdas del sótano. Y a mi hermana la iba a extorsionar y manipular para que huyera conmigo. Pero huir a dónde, si todo es tan previsible y todo es tan poco anónimo en estas 7 putas islas de mierda. Así que entendí que la única forma de huir con ella era matándola también. Lo cuál me dolía especialmente, pero no del todo. Ya que, en el fondo, todo se reducía satisfacción sexual y poder sobre los demás. Demonios, cualquiera diría que no tengo corazón. Pero sí lo tengo, lo tengo clavado en la pared para poder recordar lo que es que te viole tu propia familia. Sólo quiero sangre para mi cumpleaños. Desde hace meses que las voces me hablaban. Mi hermana había curado bien, aunque todavía padecía dolores en las muñecas y tenía cicatrices por los cristales en el rostro. Cicatrices que lamería con amor y le diría que seguía siendo hermosa. Mi padre tenía una lesión importante y no podía caminar, ni mover los brazos. Me preguntaba entonces cuando la eutanasia se volvía entusiasmo. Mi madre era la que mejor vida llevaba, explorando las playas de Fuerteventura y arrojándose al mar para nutrirse con su magia mística. Por otro lado, yo estaba en casa de mi padre espiando a mi hermana por la rendija del picaporte del baño, viendo sus nalgas blancas y carnosas, y su coño casi virginal. Sus pechos firmes y su cabello mojado... cuándo mi padre me pilló en el asunto y me llamó al orden. Me giré y le pregunté que qué demonios quería, a lo que él me pregunto, casi rogando, que qué hacía. Le dije que simplemente estaba viendo por el cerrojo cómo se masturbaba mi hermana. Su rostro se puso rojo y casi poniéndose de pie y estirando los brazos –claramente sólo fue un espejismo– intentó algo. Pero la verdad es que sólo logró atropellarme con su silla motorizada. Pisándome los pies, a lo que, sujetándole de los hombros y recordando mi infancia feliz le enfundé un cabezazo tan fuerte que lo hizo retroceder. Y gemir de dolor. Después me disculpé, “lo siento papá, había olvidado que eras un deshecho humano tullido y paralítico”, luego le dije que no se metiera en mis asuntos. Él calló por miedo y por puro instinto supe que también lloró por dentro. Lloró porque era una basura en silla de ruedas. Porque mi padre se había vuelto, de ser un arrogante narcisista violador, un trapo de nervios manchado de semen de negro arrojado a una papelera para sidosos.

A menudo me pregunto por qué tengo tanto sexo metido en el cerebro. Será porque a los seis años, un hombre del cuál prefiero no mencionar su nombre, me obligase a seguir el camino hacia su pene, y que con mis dientes de leche sobara su glande rojo y perplejo. La pregunta que me hago desde hace mucho tiempo es, a pesar de ese abuso, ¿la violación repetida en un varón lo vuelve homosexual, o el primer contacto lo hace un pobre maricón sin perdón? Porque pese a amar a Alice, desearla y follarla; hay días que no puedo evitar sentirme tentado por ser sodomizado. Con las piernas abiertas y las plantas de los pies hacia el cielo mirando a ese Dios homosexual que se folla ángeles negros, con el ano húmedo por mi saliva viscosa, y una gran polla hebrea entrando y saliendo por mi agujero, hasta que el dolor sangrante se convierte en vivo placer prohibido y delicioso. Esperando como un perro hambriento que su semen se esparza por dentro de mí recto, preñándome y dejándome con una sonrisa de oreja a oreja. Aunque claro, después de esa mierda, el impulso sería el de cortarle la polla al gitano ese que me tienta y me pervierte sólo por el nacimiento de una terrible equivocación. Yo no quería tener estas inclinaciones. No soy homosexual, sólo feminista.

Le digo a mi hermana que tenemos que salir a hacer la compra, ella asiente con la cabeza algo disgustada, le digo que puede conducir ella el coche de papá, que para cuándo volvamos todo irá mejor. Le digo que me espere en el coche, pero ella me dice que las muñecas todavía le duelen demasiado. Le respondo que entonces conduciré yo. Pero que espere abajo. Ella obedece con gesto de desapruebo. También le digo que coja una chaqueta y algo de ropa. Me mira extrañada, pero le hablo fuerte y claro y ella no tiene más remedio que obedecer. Luego voy a la cocina de gas, y la enciendo, soplo con fuerza para apagar la llama y que el gas siga bailando como la muerte baila para los vivos, por dentro de la cocina. Veo a mi padre ser tan poca cosa que me duele el corazón. Porque aunque ese bastardo me sodomizara lo sigo amando. Lo miro a los ojos, luego le confieso: papá, a los 12 años follé con Alice. Fue nuestra primera vez. Y eyaculé en su boca y ella se lo tragó todo. Y no te confundas no pensó en ti. Sino sólo en mí. En su hermanito. Las siguientes veces nos escondíamos de ustedes, pero siempre lográbamos saborear nuestros líquidos. Papá está rojo de ira, celoso y atormentado. La verdad es que pretendo recuperar su corazón, por más cristalizado que esté. Tú la has vuelto un hielo con tetas, papá.

Mi padre no dice nada, sólo tiene el gesto desencajado, huele el gas, me mira con los ojos rojos y me pregunta si esto es lo que realmente quiero. Luego, me agacho hasta ponerme a su altura y le susurro: “lo que quiero es que no me hubieras vuelto maricón con tu sucia polla de suizo gigante con seis años”, mi padre se pone morado y empieza a llorar. Luego continúo: “y ahora sólo puedo alimentarme de cosas sagradas, aunque alguna polla sí que me como, en honor a ti, puto cobarde maricón”. Silencio. “Quiero que sepas que hoy vas a morir, pero no es nada personal, es que, simplemente estoy harto de ti, así cómo se harta la gente en las orgías o en las reuniones familiares, si tuviera algo de amor propio te mataría yo mismo, pero dejaré que el fuego lo haga, y que tú decidas cuándo” Luego con una expresión de paz y amor hacia Dios le doy a mi padre una caja de cerillas y una botella con alcohol. “Lamento el frío” cojo su cuerpo y lo pateo hacia el suelo, acto seguido lo arrastro hacia la pared de la cocina y lo dejo sentado frente al gas. “Si realmente fuera malo, papá, hace tiempo que te hubiera reventado el culo con mi propio puño, pero fíjate que sólo te reclamo sobre las circunstancias en las que nos conocimos”. Escucho el claxon. Me giro hacia mi padre, me arrodillo y le doy un beso en la boca. Mezclando nuestras salivas, mientras una lágrima cae de mi ojo derecho. Guardo la navaja roja. Hazte un favor y muere rápido. Porque el fuego es insoportable, como lo es el lugar al que irás. Luego, con algo de rabia y algo de desconcertante amor le digo, casi deleitándome y elevando mi alma, casi perdonándolo: “nos veremos en el infierno, papá, yo tampoco estoy limpio”.

En cierto kilómetro y a cierta hora, una casa en gran canaria explotaría por una fuga de gas, sólo se encontró un cuerpo, el de un hombre de unos sesenta años carbonizado que, entre lo que pudo rescatar el equipo de bomberos como prueba, en sus bolsillos había un reloj medalla que tenía grabado en metal: “Sólo Dios puede juzgarnos”. Un regalo que su propia madre inmigrante de mierda le había hecho al cumplir la mayoría de edad. La foto que guardaba dicho reloj estaba negra por el fuego. Pero era la de su difunta y suicida hermana. También se descubrió que el fallecido no tenía lengua. La interrogante que tenía la policía era por las habitaciones que había en la casa, tres en total, y también, sobre todo, el hecho de que la silla especial para inválidos estuviera en el salón, en lugar de servir de reposo del anciano carbonizado. También, según las investigaciones, y después de apagar el fuego, comprobaron el buzón del 2A. Comprobaron los nombres allí aparecian, y que pertenecían a esa casa. Sergei Ivánovitch hijo. Junto a Alice Ivánovitch hija; y también Alekséi Ivánovitch Padre y otro cuarto nombre, pero esta vez tachado a rotulador con bastante énfasis: Almira de Ivánovitch Madre. Todo esto hizo sospechar a la policía que no se trataba de un accidente. Pero para cuándo llegó dicha policía yo y mi hermana estábamos de camino al puerto. La idea era viajar a Lanzarote y empezar una nueva vida en una casa blanca y poder tener un perro y criar algún hijo, pero por puro capricho mío nos desviamos del camino. Las horas del reloj cuentan una historia, y los dedos y dientes que tengo necesitan tu piel, Alice.

Aparqué en un hostal de mala muerte y le dije que teníamos que quedarnos unos pocos días allí. Mi hermana no entendía nada, me dijo que eso no iba a pasar, que quién iba a cuidar de papá. ¿Y tu madre? –le pregunté. Ella es una puta y no quiero saber nada de ella. –bueno –le dije. Tú también eres bastante puta, lechera. Se giró hacia mí y con los ojos llenos de furia y vergüenza me respondió que todo aquello era cosa del pasado. Entonces con delicadeza y firmeza la cogí del cuello y la empujé contra la pared. Luego le susurré que su papá estaba muerto. Que se ha suicidado el muy maricón. Alice abrió los ojos como si fueran a explotar o a hincharse y evaporarse por los cielos, luego empezó a sollozar. Me cabreé muchísimo. Porque no soportaba verla llorar. La cogí del cuello, pero esta vez haciéndole daño. Y mientras lloraba no pude sentir nada más que auténtico amor por ella. Luego le susurré que no llore. Pero ella seguía llorando. Tengo un plan, le dije. Además, por mucho que quisiéramos a papá sabes de sobra las porquerías que nos hizo. Lo de tu aborto. Lo de los moretones. Lo de mojar la cama aún cuándo tenías 17 años. Después, entre risas, no te prometo bragas limpias, pero si una lengua áspera. Muy áspera. Alice se secaba las lágrimas, mientras en su rostro se dibujaba la expresión más hermosa que había visto en mucho tiempo: una expresión de temor pero de confianza en que todo iría bien. Luego, la llevé a mi pecho, y mientras ella me miraba a los ojos, yo sellaba mis labios con los suyos. Recuperando así, algo que nos había arrebatado la propia vida: el libre albedrío y la seguridad de acompañarnos toda la vida. Porque no había nada más sagrado que una hermana y un hermano juntos en una misma cama. Abrí las piernas de mi hermana, separé sus bragas y empecé a lamer como un gato. Ella todavía sollozaba, pero me sujetaba del pelo mientras que su flujo me recordaba al néctar de los dioses. Una voz en mi cabeza, pero no hice caso, y seguí lamiendo hasta que ella se corrió en mi boca y yo limpié todo el almíbar ácido de su hermoso coño.

Yo había llegado a gran canaria justo dos días después de asesinar a mi madre. La contemplé durmiendo varios días seguidos, le hice el café, preparé el desayuno y hasta completamos una sopa de letras muy especial que me había obsequiado. Pero el peso de la perversión, de la enfermedad y de la carne es demasiado fuerte. Nadie lo sabe pero he dejado de ir al psiquiatra desde hace 6 meses. Ya no me pinchan los malditos antipsicóticos, y por fin puedo conversar libremente con las voces del abismo. No tomo el antiepilépitco tampoco y desde que dejé de inflarme a mierda química mis deseos de suicidarme son cada vez más ligeros, casi como un enamoramiento por convicción sobre la muerte y los autores malditos. Porque en realidad más que enamorarme de la carne humana, la piel, los pies, y los culos; de la primavera; y las perversiones, yo estaba enamorado de las larvas, los enemigos y sobre todo, de la muerte. La perspectiva de la vida adquiere otro matiz cuándo no estás muy ocupado pensando en cómo matarte. Luego recuerdo las veces que mi madre intentó suicidarse. Y las ves que papá intentó huir de nuestra familia. También recuerdo muy bien el linchamiento que le propinó al amante peruano de mi madre. No somos perfectos. Pero somos familia. Aunque todavía a día de hoy sigo sin entender por qué mi madre sentía tanta atracción por un sudaca marrón de dientes podridos, mal aliento y de polla ridículamente pequeña. ¿Quizás sería por la sencillez con la que la trataba o porque, entre otras cosas, le ofrecía algo que nadie más podía ofrecerle: la seguridad de que nunca sería abandonada? Cómo sea, cuándo descubrí la casita del peruano llevaba una botella con gasolina y un pañuelo y pude, aunque sea, quemarle el coche. Luego salí corriendo mientras pensaba en nazis, ukranianos, y perros de caza. ¿La guerra? Un enamoramiento peligroso, sodomitas y soldados llorando.

Mientras mi madre dormía, yo me relamía. Trituré 6 ansiolíticos diferentes y los mezclé con el café de media tarde. Y se lo di a beber, me dijo que le sentó mal algo y que tenía mucho sueño. Le dije que estaría bien que durmiera pronto para que así pudiera ir a dar clases tranquila y llena de energías, que yo me encargaba de barrer el salón y mantener la casa en orden. Ella me lo agradeció. Me dio un beso en la mejilla y se fue a dormir. Lo siento tanto, pero ya es pronto. Eres la mujer más especial de mi vida, pero no estoy enamorado de ti, sólo estoy ansioso por probarte, corromperte y destrozarte. Cogí unas cuerdas que encontré en el garaje y suavemente fui creando un cúmulo de cuerdas que desembocaban en una terrible cuerda gorda que le impedía separar los brazos. Apresuradamente, con el resto de la cuerda até cada uno de sus pies a la cama, dejando su coño en bragas a mi merced. Me acerqué a su boca y empecé a besarla con el amor de un hijo desviado. Pero ella despertó y aterrada empezó a gritar y a revolcarse sobre la cama, hasta intentó arrancarme un trozo de labio. Pero yo no podía dejar de mirar a sus ojos. También pensaba en mi hermana, que si este era el camino de la redención, del perdón de Dios, de la malicia humana, que si las bombas explotan, que si mi padre está completamente muerto. Que si Alice me está esperando. El amor de un hijo es inexplicablemente sacrilégico. Saco de mi bolsillo una navaja y rasgo sus bragas, que están meadas por el miedo. También noto que le cuesta respirar y que llora agitada desesperada y que empieza a rezar como si Dios fuera a ir contra la propia naturaleza de un depredador. Luego empieza a gritar como loca pidiendo auxilio, pero le digo que se relaje, que se lo haré con el mismo amor con el que me reventaba los labios a bofetones, con el mismo amor con el que me torturaba en mi adolescencia. Me acerco a su coño podrido de sesentona y empiezo a lamerlo hasta que la noto húmeda. Saboreando la acidez de su orina y de su coño materno. ¿Por qué Dios nos hace nacer del coño de una mujer y no nos permite volver a ese mismo coño una vez adultos? Suspiro. ¿Dios será retrasado mental? Meto mis dedos dentro del coño adúltero de mi madre. Y luego meto dos, tres, cuatro, cinco, todo el puño. ¡Quiero que des a luz a mi puño derecho, mamá! Chupo una de sus tetas y le digo: “ya soy todo un adulto mamá: vamos a entendernos”. Pero mi madre no hace más que gritar y maldecirme como se maldice a un hijo infame. También era cierto que le guardaba rencor porque nunca me protegió de las inclinaciones de papá. Pero no estoy triste, sé que ella también sufre, y como hijo de Dios, me encargaría de parar su sufrimiento. Pero lejos de desagradarme sus gritos sólo puedo aliviarme: me encanta verla tan indefensa. Meto mis dos manos dentro de su coño. Y grito excitado y salvaje, morado y brutal: “¡Pariste a un hijo enfermo! ¡Te exijo que me dejes volver a dentro de tu coño y me abortes una y otra vez hasta que aprendas a parir a un hijo sano!”

De súbito me entra una gran tristeza, miro sus hermosos ojos verdes por última vez y clavo mi navaja en ellos, derritiendo sus pupilas y licuando en círculos por completo sus ojos. Que caen como las lágrimas de un santo maldito por Dios. Porque eso era mi madre, una santa maldecida por Dios, o raptada por Dios; es decir, por mí mismo. Pero la maldición continúa porque grita con más fuerza, pide ayuda, me condena al infierno y sigue gritando de puro dolor y agonía. Así que saco mis puños de su coño y voy al sótano, busco unos alicates y subo a su cama, y justo antes de sujetar su lengua con los alicates me grita llorando ojos y lágrimas: “por qué haces todo esto, si sabes que te amo, eres mi hijo, estás enfermo, estás loco, eres un demonio, que Dios me mate todos los nervios del cuerpo y no sienta nada de lo que voy a vivir, que Dios se apiade de mí, y de ti, y que Dios me lleve con él...¡Maldito hijo de puta, psicópata, satanás!” –sonriendo, “soy el ángel Gabriel mamá y vamos a concebir un hijo juntos”.

Pero no puedo dejar de sentirme sorprendido con tal discurso que le arranqué la lengua lo más rápido que pude. Y después me bajé los pantalones, el tanga roja de mi madre que yo mismo llevaba, y con delicadeza, mientras esa mujer se desangraba, penetré en su cuerpo maltrecho. Seguí el ritmo hasta que no pude más y al eyacular me di cuenta que mi madre, por el agobio, la desesperación y las heridas, había muerto por un paro cardíaco. “Al menos murió follando” me dije. La adúltera. “Al menos murió acompañada por la persona que más la amó en este mundo: su propio hijo”… pero todo eso eran excusas y no eran suficientes como para calmar mis aspiraciones y verdaderos intereses. Fui a la ducha. Mientras me secaba en el baño llamé a Alice, le pregunté que cómo estaba, me dijo que bien y punto. Le dejé caer que iría a visitar a papá dentro de dos días. Ella me respondió que okey. Luego me puse la ropa de mi madre: su sujetador, su tanga, su vestido y sus tacones. Me pinté los labios y los ojos y salí a la calle hecho todo un transexual. Es aquí cuándo me pregunto de verdad si lo hice por vicio, por arrogancia, por tener un sentido del humor excelente; o simplemente a modo de homenaje. A fin de cuentas nada de eso importaba, porque estaba tan hermosa como mi madre, de hecho, yo era mi madre. Rebusqué en el bolso de mi difunta madre, y cogí dinero y fui a una ferretería. Compré una sierra y abono para árboles. El dependiente me preguntó si quería llevarme de paso spray antiparásitos. Pero le respondí que no creía en nada que dañara la capa de ozono. Que era una transexual feminista vegana y por lo tanto subnormal. Tampoco creía ni si quiera en las vacas. El hombre se rió, luego le deseé un buen día; pero el tipo me dijo que me acercara al desván a tomar una cerveza. Accedí, y mientras se acercaba a mí, no podía quitarme de la cabeza a Natalia, después el viejo empezó a comerme el cuello y sobar mi polla mientras me preguntaba si podía chupármela. Le dije que sólo con una condición. Hambriento y salvaje me preguntó que qué condición. Me subí el vestido me puse el tanga a un lado y le susurré suavemente, que me comiera el culo, pero que lo hiciera suavemente como si fuera fruta fresca, como si fuera una sandía. Me arrodillé en el suelo, puse el culo en pompa y el señor empezó a lamer mi ano, luego mi esfinter y no pudo contener las ganas de meter uno o varios dedos. Mientras me relamía de placer escuché cómo se desabrochaba el cinturón y sacaba su pene. Me giré y vi un pene largo y gordo. Me pregunté por el sentido de la vida, me pregunté por qué algunas personas tienen tanta mala suerte, por qué hay injusticias en el mundo, por qué nadie encuentra paz en sus ridículas vidas. Después sentí una presión anal que me hizo estremecerme. El viejo empezó a embestirme mientras yo pensaba en que si Dios existía sólo era una broma de mal gusto, una chica o un maricón muy vicioso. Le dije al viejo que me follara más fuerte y éste lo intentó pero no pudo aumentar mucho el ritmo... me dijo que le dijera que era su puta. Me empecé a reír a carcajadas, la puta eres tú le dije, y haciendo un esfuerzo estomacal expulsé su polla llena de mierda verduzca y mal oliente. Me puse de pie, y le pegué dos o tres puñetazos bien fuertes en la cara que lo desorientaron. Todavía con la nariz sangrando seguía sonriendo torpemente. Le mandé un beso volado. Me acomodé el tanga y el vestido, mientras a él le sangraba la nariz a chorros y el labio partido le hacia tragar su propia sangre. Tengo que irme, le dije. Y lejos de enfurecerse, los viejos son gente tranquila, cerró los ojos y me suplicó que lo dejara en paz, por favor. Que era suficiente violencia por hoy... Luego, sólo por hacer una broma, le dije, recuerde señor sodomita, tengo un sierra, no querrá perder esa hermosa polla de caballo que tiene. Pero luego cambié de parecer, y me sentí ofendida mi hombría, así que me abalancé sobre el y empecé a estrangularlo hasta que perdió el conocimiento. Él forcejeó, pero yo era más fuerte y más joven. Y una vez hubo caído al suelo me dediqué a patearle la cabeza hasta que sólo quedó un amasijo de carne, piel y sangre roja. Pensé para mis adentros que no volvería a follar con sesentones que me recuerden a mi padre.

Durante el viaje en Ferry me aseguré de atar cabos. Cogí el teléfono de mi madre y envié mensajes de vacaciones, “peleas” con gente cercana. Indicios de vacaciones, etcétera. No me preocupaba mucho porque sabía cómo terminaría todo. Cómo suele terminar todo. Porque todo siempre termina sin avisar. Porque todo es finito y decadente. Porque el final de la gente perversa suele ser puntiagudo y terriblemente solitario. No os confundáis con mi enfermedad y mi perversión... la familia Ivánovitch tuvo sus buenos momentos, aunque estaba podrida. Yo siempre quise a mis padres y a mi propia hermana. Mucho más de lo que se quiere a una esclava sexual.

Vuelvo al hostal con comida caliente. Le digo a mi hermana que debemos comer. Ella aún está resentida conmigo por la nimiedad de mi padre y su funeral apresurado. Miro los ojos de mi hermana. Miro sus labios. Miro su cuello. Miro sus clavículas. Miro sus brazos. Su cintura. Sus muslos. Y sus piernas. Sujeto su cabeza con mis manos y ella se estremece. Luego le digo al oído: “he hecho algo terrible”. Y ella levanta la vista y me eclipsa la mirada con sus pupilas… trago saliva, estoy nervioso. Me lamo los labios. La observo, le pregunto: ¿puedo? Y ella asiente con la cabeza, sello mis labios en su boca. Mordisqueo sus labios, saboreo su saliva y me retuerzo de felicidad, estoy enamorado. Ella me sujeta del rostro, me acaricia la cabeza y me sujeta luego, de imprevisto, del cuello. Me empuja contra la cama del hostal. “¿Qué has hecho?” me pregunta algo tímida. Con mi mano derecha dibujo un camino hacia su coño natural y puro. Jugueteo con sus cabellera púbica y luego con sus labios mayores. Y mientras ella me besa y deja caer su saliva dulce como las lágrimas de Cristo en mi boca yo introduzco los dedos dentro de su flor casi extraviada entre intelectuales indigentes de alma. “¿Qué has hecho?” me vuelve a preguntar. La miro a los ojos, le bajo los pantalones y las bragas. La coloco en posición, con el trasero hacia mi rostro y su cara contra la cama, me humedezco el pene con saliva, lamo un poco de su coño y empiezo a penetrarla con suavidad hasta que la intensidad propia del amor nos hace follar con dureza y firmeza mientras lloro de felicidad. Y mientras eyaculo dentro suyo y ella gime mi nombre y sus piernas tiemblan yo no dejo de pensar en lo mucho que cansa cortarle con un serrucho la cabeza a una madre psicótica y católica. Entre tanto, le susurro al oído: “te voy a preñar y será el bebé más hermoso de la familia Ivánovitch”. Después mi hermana se queda dormida a mi lado y mientras ella sueña y se queda indefensa saco la navaja, y entre retortijones pienso en un engendro de hijo, en Dios follándose a una cabra, en mil espectros y una voz que me dice: “su corazón está maldito”, luego, sin hacer mucho escándalo clavo con decisión y fuerza mi navaja en su corazón para que en otro mundo se reencuentre con las personas que amó y cuidaron de ella. O al menos, por desgracia, viva la condena de la soledad en el cielo. La sangre se esparce por la cama, y yo, movido por el amor que aún le tengo empiezo a lamer esa misma sangre azul. Hasta que no puedo tragar más y empiezo a vomitarla. Contemplo los dedos de sus pies romanos, y corto su dedo meñique para que me acompañe allá a dónde vaya. Me doy una ducha rápida, cojo los billetes, la navaja, un frasco con droga y salgo de la habitación.

Más tarde, al caer la noche, me doy cuenta de lo terriblemente solo que me encuentro. Entonces me digo que si Dios existe es un auténtico perverso como yo, eso me acerca más a él que cualquier persona del mundo entero. Los teléfonos suenan, por un lado en la casa de gran canaria buscan familiares del señor Alekséi Ivánovitch Padre. Los bomberos hacen una labor impecable. Por otro lado, el novio sudaca de mi madre se comunica con a autoridades porque desde hace horas que no sabe nada de ella. La policía rompe la puerta de su casa y se encuentran con la escena. El novio de mi madre desesperado no sabe cómo encajar todo lo sucedido y termina emborrachándose tanto que… pero el dolor que le he causado es tan grande que no desaparece, y termina colgándose en el sótano de su casa. Babeándose todo el pecho con saliva hedionda a alcohol. El hostal está lleno de policías también. Hay una muchacha con una herida de arma blanca en el corazón, completamente fría y muerta y con un dedo cortado. Pero del hermano mayor no se sabe nada. Se inicia una búsqueda y captura para el hijo mayor, con antecedentes psiquiátricos llamado Sergei Ivánovitch. Ojos negros, cabello corto, metro setenta, 80 kilos. No lleva tatuajes. Sin embargo, para cuándo la policía se acerca peligrosamente hacia mi paradero recuerdo la conversación con el ruso, 3 gramos de cocaína diluida en agua te mata, 4 gramos si quieres asegurarte de morir bien rapidito.

Miro al cielo, blasfemo, me cago en Dios y en todo lo que significa la belleza y la bondad del mundo. Me cago en los psiquiatras y también en mi propia vida. Voy a una tienda y compro una gorra y una camiseta negra de manga larga. También un par de zapatos nuevos por si haya dejado huellas. Cojo la droga, la mezclo con una bebida energética y camino por la avenida principal, muy tranquilo. Me encuentro entonces con mis dos amigas. Me dicen que han pillado porros, que si quiero fumar con ellas –la vida me sonríe. ¿Acaso esto no demuestra que Dios no existe? ¿O acaso Dios está orgulloso de mí?– fumamos juntos, les doy un abrazo a cada una y me despido de ellas. Sujeto cada una de sus manos y les digo que será la última vez que nos veamos. Me preguntan por qué, y lo único que se me ocurre decirles es que estoy enfermo y que probablemente en pocos días muera de una enfermedad desconocida, que hablé con el doctor esta mañana y que es inminente. Las pobres muchachas se emocionan y una de ellas se ella a llorar. Luego, para calmarlas, les digo que su amistad fue lo que me hizo feliz los últimos meses de mi vida. Y tentado por sus labios me abalanzo hacia ellas para besarlas, pero me contengo. Lo último que hago antes de irme es decirles: “Cuándo la noche cae las cucarachas y las ratas salen, pero también la luna”.

Al anochecer me acerco al instituto dónde estudié el bachillerato, trepo por una de las paredes, me la suda la orden de alejamiento que me puso una directora chupapollas y su compinche una profesora acomplejada y estúpida, mil veces maldita y de coño con halitosis, rompo una ventana, logro abrir la puerta y entro. Busco el aula de bachillerato dónde cursé filosofía y ética. ¿Quién me iba a decir que el estudiante más brillante de mi promoción terminaría siendo un asesino con una ética dudosa y una filosofía de vida tan terriblemente apabullante que le inclina, sin Dios quererlo –no creo que a estas alturas a Dios le importe un carajo nada de esto–, al mal? Al final, todos tenían razón. Menos la directora y la perra esa chupa polla de niños con síndrome de down. Estoy enfermo y soy un monstruo. No tengo límites, no tengo escrúpulos, no tengo alma... Me siento en el pupitre del profesor, dejo la bebida con la dosis letal en la mesa y con una tiza que encontré en el borde del pizarrón me puse a escribir mi mensaje hacia la humanidad:


"Dios es un simio para el hombre"


Luego, con algo de temor burla y una sonrisa sórdida hermosa rota y acojonada cojo la bebida y me la llevo a la boca; pienso en todo lo bueno que dejo atrás y en todo lo malo que queda delante de mi lápida. A fin de cuentas sólo soy un muchacho enamorado de la muerte. Luego, de golpe, trago un sorbo; y después toda la dosis letal, y mientras siento el pulso de mi corazón acelerarse, la boca química ardiendo, euforia, llego a rozar con los dedos los pies de Dios y de su divinidad… pero con los ojos desorbitados sólo puedo rogar, aterrado por mi propio final, que el mal y los ángeles negros del abismo me den la bienvenida que merezco… al ocaso de los infames, de igual manera que se le da la bienvenida a los muertos de hambre, asesinos, miserables y enamorados. Y antes de caer en el sueño eterno de las llamas del Infierno esbozo una sonrisa porque esa familia estaba podrida y yo fui su salvador.

El frasco cae al suelo, me desplomo en el pupitre mientras sale espuma de mi boca y con el último gesto de mi alma, antes de expirar tres veces seguidas levanto la mano hacia el techo buscando a Dios; y Dios estira su mano hacia mí. Pero no logro tocar sus dedos y él impávido contempla cómo el ser humano fue su peor creación. Luego le entra una carcajada y mientras de sus ojos celestiales caen lágrimas sublimes unos niños encuentran el cadáver de un psicótico en el aula de bachillerato.



"Exodum"

-Un demonio recorriendo mi piel muerta mientras el Ytchz se retuerce al lado oído mío. Un ángel con alas rojas que... con sus dientes de no muerto me sonríe y me dice: "soy viejo, muchacho". Del súbito orbe, de la torre infernal más alta, de la nada más ciega, de la decepción más grotesca, del odio más puro: "te voy a matar", me susurra el Ytchz.

    Y de su boca nacen mariposas muertas y de su vientre larvas abortadas y de sus pechos caen gotas de orina roja. Del vicio, la aceleración, de las pastillas, del abismo, del tiempo, de la inclemencia del tiempo, del cansancio, del aborto primero. ¿Por qué a mí?-


Welcome Home Sanatarium

1- No ones on no day, no day on no Nought

2- Some day on some rain, no day on no Nought

3- Crazy mad and twat, what do you say, King Rat

4- In love of that girl, on fire on that "guy" maybe later bitchez

5- My friends are not toxic, there are NO ONE?

6- My dad singing on the rain, my mom on the pain

7- My soul on ur asshole, mi soul on ur dramatic sex role

make me cum, little cunt

***

8- Di que siempre estarás allí, aún cuándo desapareces de Sicilia, maldito Sífilis Mon Amour, bendito Siiderius el camaleón... no te echo de menos, no sé nada de ti, no quiero verte. Deseo tocar tu espalda alada. Si sabes que por ti pierdo la cabeza...

9- Valcour que te refugias entre las piernas del cielo y tragas lefa femenina como un titán enamorado: como el coño rata tóxico negro de mi madre rancia y triste, con su fibra sucia te digo... ¿Por qué no me amas como yo te amo a ti? Si sabes que soy medio maricón...

10- El que no nace

      no mata,

      por eso,

      va por ti,

      Rey Rata.

Deseo fumarme tus colillas

01/06/26

Ultra venganza, ultra violencia y ultra amor = Extrema Venganza

(I)

VENENO LENTO o ULTRA VENGANZA es un relato sobre un fatboy bad ass que con la ayuda de sus demonios personales y la mirada de soslayo de Dios encuentra lo más valioso de su vida: el amor de una muchacha que le haría perder la cabeza por completo y lo convertiría en una suerte de baba mojada. Un pecado que lo acompañaría toda la vida y le haría retorcerse de dolor por las madrugadas cuándo el recuerdo de esa persona asome por el agujero que dejaron sus ojos en su propia frente. Aunque claramente no es nada personal, siempre seré un personal Jesus.

(II)

Sinopsis:

[xxx]

Darko --- Odio: Vorj, Valcour, Larva. ?

[Ultra-amor]

(Cour) <--- Zoon

Zarza --- Amor

[Ultra-odio] Amor suicidio

[xxx]

Firmado a pulso sangre y a tinta imposible: Antivorj, no excuse no mercy

Deseo de navidad: Joderle la comida a (?), que cague su propio vómito y trague sus propias heces.


* V * O * R * J *

ULTRAVENGANZA

Meine mutter is a selfish motherfucker, vamos, que es un poco perra egoísta... ¿Qué le voy a hacer yo?
"Yo lo siento mucho, te quiero un montón; pero... parece que sólo eres feliz cuándo bebes vino, mamá".

Tenía 17 años cuándo mi Sensei de 71 me violó la mente: Poco después, tras 5 años de abusos hice un pacto con un demonio socarrón llamado El Ytchz. Más tarde tras otros cinco años más de desgracias, vómitos diarreas suicidios mentales y podredumbre muerte en colchón sucio conocí la bondad y el amor de una criatura, mitad demonio, mitad ángel... llamado Exodum. Pero lo que es realmente importante es cuándo conocí a Zarza. Vorj y Zarza compartieron momentos increíbles y momentos muy desagradables también.


(III)

Teorías del buen gusto:

Blindarse

Equiparse

Armarse

(***)

¿Quién es Vorj y quién es Antivorj? Breve explicación de cada individuo, desde su primera juventud hasta su segunda juventud o edad adulta. ¿Siguen existiendo problemas en la vida cotidiana que Vorj o Antivorj no puedan solucionar con un mazo de bastos?

¿Vorj?

Perturbado (18) -> Psicópata salvaje

Excuse me; please, mercy; married me

¿Antivorj?

Imperturbable (28) -> Psicópata integrado

No excuse, No mercy; baby

Lista de suministros para la creación del relato:

Rivotril 1 mg

Tabaco a cd

Dk= infame

Ntt= Reinita

Teoría profana del éxito susurrada por el demonio El Ytchz:

2 Poder 2

1 Dinero 3

3 Salud 6

5 Venganza 1

6 Redención 5

4 Adrenalina 4

Bitchez selling her assholes for fun
Solrax.

Cuándo el amor de tu vida es en realidad una personal slut o personal jesus todo se trastoca hasta el punto en el que ves cómo todo se corrompe a tu alrededor, porque todas las personas están corrompidas desde el interior hasta el final de sus días: nadie se salva, todos se mueren del asco, nadie puede hacer nada al respecto para mejorar el rumbo del destino rojo.

Vocabulario kamikaze: 

SLUT, WHORE, BITCH, PUSSY, CUNT, SCUMBAG, TWISTED PERV

1. cc dmg

2. stealth

3. Malmsteen

Ode to hypnotise
By Soad

Entrar en la mente de alguien tiene
c o n s e c u e n c i a s

PODER

-Mafia-
tabaco
droga
alcohol
sexo

<venganza redención>

FUMAR MATA

Dignidad
Autoestima
Silencio
Muerte
Seriedad
Poder
Revancha
Venganza
Letalidad
Humo:
Chulería

Down hand
Las madres son sagradas

Oportunidad
sorpresa
ambush
distraer bait

Mi madre es un poco imbécil, pobrecita, =(

Juego con las cartas que me han tocado y es risky, pero gordito me como los rizis

(***)

Cazadores de asesinos:

Vorj --> Asesino

Larva --> La muerte

Zoon --> Arquero

Valcour --> Realidad o Future

? --> Ninfómano magia negra

Ninfas:

Zarza --> Hiperrealidad

Dk--> Hipersexualidad, casi Nymphomaniac

P e r s p e c t i v a   I s o m é t r i c a

<<Sífilis Mon Amour>>

V W L Z (T)

piano piano

Extrema Venganza

Revenge

Duel - Duelo

ÁNGELES Y DEMONIOS, NACIMIENTO DE VISEK

Visek (Tipo de deidad: ángel): Zoon

Nekrus (Tipo de deidad: demonio) Valcour

Ytchz (Tipo de deidad: demonio): Vorj

Exodum (Tipo de deidad: híbrido ángel demonio) Vorj

Hiroxima (Tipo de deidad: híbrido ángel demonio) Larva

VLZW

Dedicado a mi paisano Faraón Love Shady

Clanes enemigos y aliados

T R A U M A

A F T E R M A T H S

N O T S O R R Y

T E A P A R T Y

***

What

Who

Where (?) te estoy buscando

How

Why


Personalidades de Sífilis Mon Amour segunda década...

Antivorj

Valcour

Notcour

Notcorj

Cour

Vorj

CVUJ

JUVC

Trick or Trade

Truco o trato

trick and deal

N I C O T I N A

Soundtrack

Amy Whinehouse

Radiohead

Mr Robot

Chat encriptado
***

Psicópatas - Piedad - Crueldad

Valcour -> Berseker

Vorj -> Mirada Asesinato

Larva -> Inevitable o Muerte

Zoon ->Magia Blanca o angelical

Zarza -> Hiperrealidad / Dk-> Ninfómana

? -> Ninfómano clown black magic

N O T vorj

N O T cour


Tres amigos y un psicópata

Un loco, un psicópata y un esquizofrénico entran en una tienda de antigüedades.
El primero se enamora de la dependienta y convence al esquizo de que ella también escucha voces y que, en realidad, es su novia.
El psicópata observa y después de darse una vuelta por la tienda y ojear unas cosas decide robarle la novia al loco.
El loco se da cuenta y se enfurece y empieza a destrozar la tienda con las manos abiertas.
El esquizo se queda inmóvil, perplejo, acojonado.
Mientras las voces de su cabeza le hacen dudar de todo, termina pegándose con el psicópata.
La dependienta aterrada por ese cóctel molotov sale corriendo de su propio establecimiento y entre gritos de auxilio suplica ayuda.
Unos vecinos ven la escena y rápidamente llaman a la policía que no tarda ni 20 minutos en llegar.
Unos colegas de barrio que fuman hierba se quedan de piedra al ver tanta violencia junta, pero están demasiado de chill y no deciden intervenir.
Por allí hay otro psicópata que observa la escena y al ver que la sangre de su sangre corre peligro se acerca sigiloso hacia los tres amigos y saca una navaja.
Acuchilla al esquizo en la espalda tres veces seguidas y al loco le quita un ojo.
El amigo psicópata observa a su hermano y entre carcajadas le guiña el ojo, después le susurra:
mira qué cosa tan rica, cómo corre.
Entonces los dos se echan a reír y mientras la policía llega a la escena del crimen, los dos al unísono juegan con la sangre derramada, a fin de cuentas era sangre de su propia sangre.
Luego entre risitas tontas y algo autistas, se miran a los ojos con cierto deseo, y se morrean guarramente.

Zengendros




 V       En una fiesta de drogadictos en un barranco se acerca a mí una chica extraña. Y se sienta a mi lado. Empieza a contarme paranoias sobre su vida, y que está muy borracha: la carta que le libra de cualquier responsabilidad. Quiere que le lie un peta. Le sonrío, a unos metros de mí un colega está pasando por un buen viaje; aunque eso luego se torcería y me reprocharía sonámbulo que dónde estaba que por qué le dejé solo que lo último que recordaba era a mí hablando con una chica. Me río interiormente, ese hijoputa estaba tan pasado que no se dio cuenta que no era una chica, sino una puta con bigote. Se acerca a mí. Busca mi boca y cedo mis labios. Me besa, me besa con fuerza, buscando mi lengua. Me carcajeo por dentro, me dice que le gusto, que soy un gran tipo. Lloro interiormente, es mentira, me quiere usar, quiere mi savia, quiere mi sudor, quiere mi polla. Le sonrío, le acaricio el pelo, me dice que es una chica, aunque nació chico. Ya me lo imaginaba, eres un pobre adefesio creado por Dios, una criatura repugnante y ambigua que vaga por las ravez de la isla buscando un revolcón. Yo soy puro, soy un buda puro. Soy un brujo. Veo en ella cierto destello, me doy cuenta que es un ángel. Me compadezco de ella. Es un ángel que quiere ser follada.
         Seguimos liándonos mientras la noto caliente y excitada. Le digo de ir más allá a liarnos con intensidad. Dice que sí, se pone de pie y empezamos a caminar montaña arriba. Me dice que allí está su coche. Una patética caravana de muerto de hambre que no tiene dónde caerse muerto. Pienso en todas las pollas que se ha comido, pienso en lo duro que ha sido su vida, en su educación católica, en el colegio, en su puta madre; pienso en todo. No me da ni pena ni lástima, sólo un poco de asco: sólo quiere un poco de sexo.
        Entro en su coche, y se desviste mientras estoy sentado. Se pone unas medias de mayas. Un regalo de putas maricas. Para sentirse sexy. Al acabar de correrme una esvástica me dice que si puede salir así de nuevo a la rave, le digo que sí. Le guardo mis bóxers en su bolso como recuerdo, sera lo único que tendrá de mí; porque no pienso volver a darle el gusto a Dios de follarme a sus criaturas mal nacidas. Le empiezo a comer la boca y el cuello, luego se pone a cuatro y le como el culo, se lo masturbo y veo que tiene una polla enorme. Me asusto un poco pensando que probablemente le de hambre de follar y me reviente todo el intestino. Masajeo su polla con delicadeza. Está muy cachonda, lamo sus huevos y la pongo en posición. Saca un frasco de lubricante y le embadurno el culo como si fuera una cicatriz profunda abierta y seca. Luego me pongo un condón y la penetro.
       Mientras jadea y yo empujo pienso en lo absurdo de la vida, del sexo vacío, que amo a una chica, que amo a otra chica, que mi madre no me habla, que mi hermana me detesta, que mi padre está deprimido, que no me pagan a tiempo en el trabajo, que me gusta ir en bus, que he perdido mis gafas de sol, que su puta madre como arde su culo. Salgo de allí y llevo mi polla a su boca y ella mama. No lo hace mal, pero las mejores mamadas me las hizo una chica hace unos años. Estas mamadas no están a la altura, me deprimo un poco, tampoco me importa mucho.
        Una mamada es una mamada. Cambio de condón y vuelvo a penetrarla. Se muerde los labios y jadea, sigo empujando mientras intento olvidarme del absurdo de la vida, del culo de mi madre y de las tetas de mi hermana. Un olor a mierda húmeda inunda el ambiente. Pienso que es el aroma de los maricas. Me entra una risa dura, me carcajeo un poco mientras llevo mi polla a su boca y le digo que me voy a correr. Me dice que me corra y le digo que dónde y me dice que dónde quiera así que me corro en su cara, en su frente, y canto un en nombre del padre, del hijo y del espíritu santo, amén –en nombre de Dios.
       Después, mientras me visto, la contemplo desnuda y bien follada en el asiento cama de su camioneta. Y me doy cuenta, con tristeza, de que en realidad sí es una chica. Una pobre y miserable chica atrapada en el cuerpo de un macho brasileño. Suspiro inexpresivo, me dice que qué hago, le digo que me tengo que ir, se pone un poco triste, querría repetir, pero era suficiente para mí. Follarse suficiente a un pobre ángel maricón. Me subo los pantalones, me pongo la camiseta le digo que adiós, y cierro la puerta. Regreso dónde mi amigo que está jodidísimo en el suelo mientras algunas personas se acercan a ver cómo está, pero él está hecho mierda, mi polla late y se detiene, se duerme y apesta a sexo de maricas. Luego otro puto marica se me acerca, me habla de no sé qué mierda con faltas de autoestima y me pongo de pie, a hablarle al oído, mientras le como la oreja con mi voz y noto que su polla se pone dura, luego cambiando de oreja a oreja rozo mi nariz con la suya, excitándolo aún más, hasta que busca mi boca y cedo, entonces me doy cuenta de que es un demonio. Un puto demonio y un ángel el mismo día. Niego con la cabeza, es que hoy me va a follar todo el universo o qué coño pasa, pienso. Suspiro cansado y amargamente, correrme otra vez.
       Mientras mi amigo está hablando con un extraño empiezo a liarme con semejante engendro repugnante. Mi amigo y el extraño se sonríen y me miran cuando le como la boca al transexual aquel. Los veo de reojo, le digo al maricón de irnos a algún lado a liarnos intensamente. Me dice que sí, subimos por la cuesta y veo la caravana de la puta de antes, me asusto un poco, no vaya a ser que abra la puerta y me reclame. Lo llevo un poco más lejos, cerca de unos arbustos en plena soledad, con la noche escondiéndonos como dos putos maricones degenerados. Me odio tanto a mí mismo por caer tan bajo: pero no tengo dudas de que es un demonio poseyendo a un pobre transexual. Lo noto en su mirada y en que cuándo me corrí dijo que había liberado mucha energía, mucha deliciosa energía, mucha deliciosa energía que él deseaba tener de mí. Una paranoia espiritual; que lo que en realidad está buscando es un novio, que me daría lo mío que me tendría feliz, que tenemos que quedar para follar, que tenga su número, que le llame, que nos veamos otro día, que se vaya a la puta mierda, marica repugnante.
       Arriba descubro que el puto asqueroso se había sacado la polla por debajo de la falda dejando a un lado su braga de guarra. Veo su polla blanca depilada y cachonda, así que poso mi mano en su hombro y lo pongo de rodillas y le ordeno que mame. Y el marica mama, mama, y mama. Cojo su cabeza como si fuera el cadáver de un pollo muerto y empujo con crueldad mi polla en su boca, atragantándolo y provocándole varias arcadas. Ni siquiera saber asfixiarse bien.Y mientras me la chupa pienso en Daphne, en sus ojos, en sus labios, sus mejillas, en su barbilla, en su frente, en su piel; en su cabello, en su figura delgada y alargada, en su adicción a las drogas, en la ropa que no es suya, en sus zapatos, en sus tetas famélicas, en su coño mojado, y en su culo en pompa para que me lo coma yo. Me pongo muy triste, follándome mierdas en vez de follarme diosas. ¿Es esto una especie de prueba divina para ver si soy lo suficientemente hombre como para follarme a dos maricones que juran en nombre de Dios que son mujeres? ¿De verdad son mujeres? ¿Debería cortarles la polla con una navaja y cumplir el deseo de Dios?
       Se pone de pie, se baja las bragas y se abre el culo para mí. Me pongo en posición y empiezo a comerle el culo. Luego pienso que su culo huele a culo y me da asco. Sólo me comería un culo que huele a culo si fuera de una chica, no de un puto degenerado. Paro y empieza a masturbarme mientras miro las estrellas y pienso que debería hacer lo mismo. Entonces cojo su polla y empiezo a masturbarla mientras él hace lo mismo. Chilla y jadea que le encanta esto. Que estoy buenísimo, que soy guapo, que soy increíble, que busca un novio, que podría ser su novio, que me daría todo, absolutamente todo lo que quisiera; luego le pregunto si me comería el culo, y me responde rotundamente que sí; entonces me doy cuenta de que ese pobre diablo no es una chica, sino un puto maricón confundido. Y mirándole a los ojos le digo que si le gustaría follarme el culo y me dice hipnotizado relamiéndose y babeándose que sí.
       Me carcajeo por dentro, le digo que tengo que irme que un amigo está muy mal cuesta abajo, que tengo que ir a verlo; pero el marica no me deja irme y aumenta la intensidad de la paja hasta que logra que me corra. Me corro en su mano como si un bebé estornudara en la mano de su madre. Después exprime mi polla con la mano para sacar la última gota y me suelta esa paja mental de que he liberado mucha energía, que quería toda esa energía, que llevaba mucho tiempo esperándome, que deseaba mi energía, que le debía esa energía, que esa energía era suya. Lleva su mano con mi corrida a sus labios, saca la lengua y la lame como un perro lamiendo un meado en la calle. Arqueo las cejas. Tengo que irme. Cierro mi bragueta y lo dejo solo. Camino colina abajo para ver a mi amigo. Me dice que está muy mal, que tenemos que irnos. Que había perdido sus cosas, que la gente se había bebido su sangría de 8 litros, que le robaron el tabaco, el dinero, sus cervezas; y casi llorando, que se habían bebido su tequila.
        Una sensación de asco y decepción me acompaña toda la madrugada. Luego levanto a mi amigo del suelo y le digo que nos vayamos a casa. Caminamos cuesta arriba hasta llegar a un poblado, cogemos el bus que va a San Telmo. En el bus me voy quedando dormido, y una señora desde detrás me da golpes en la cabeza para que no me hostíe contra el asiento de al lado. Me causa gracia, muchas gracias señora y me vuelvo a quedar dormido, hasta que la señora vuelve a despertarme de la misma forma. Unas cinco veces seguidas, hasta que deciden dejarme ser yo mismo y me despierto con mi cabeza golpeada contra el palo de metal de los buses. Me hace gracia y me duele a partes iguales. Llegamos a la estación, mi amigo se lleva las gafas de sol puestas porque la luz le arde y los colores del tripi le estallan la cabeza. Me sonrío y carcajeo un poco, soy un chico que se ríe mucho.
        Después llego a casa, me quito los pantalones y aún apestando a sexo homosexual me echo a dormir una hora, le digo a mi padre que entro en dos horas que si me puede llevar. Me despierto, me ducho y mi padre me lleva al trabajo. Y después de 10 horas de trabajo siguen las quejas y lamentos de mi amigo que por qué lo dejé solo, que estaba en urgencias con un lavado de estómago, que se lo contó a su padre, que estaba muy cansado. Luego fui a casa a dormir unas 6 horas y me preparé para ir a trabajar, mientras mi amigo dormía dos días seguidos. Me dijo que dejaría de tomar drogas que todo le daba miedo. Luego le di la razón de los tontos y me sudó la polla su decisión, porque sabía que al final, volvería a meterse mierdas extrañas en el cuerpo.
Y ahora yo.
Estoy muy cansando
y todavía me siento sucio.
        Pero qué se le puede hacer, soy un fiel servidor de Dios, y si Dios me pide que me folle a sus engendros, no tengo otra opción que obedecerle. A fin de cuentas, el Dios al que rezo, es un Dios extraño, casi demoníaco, completamente sublime. Que Ytchz descanse en paz.


Carta de suicidio

Antes de irme quiero dejar constancia de una única cosa inapelable: el amor hacia mi padre fue lo único que me mantuvo con vida los últimos tres años de mi vida. Después de eso entendí que mi presencia no era importante en su vida y que podría soportar la pérdida de un hijo. Entendido esto sólo queda homenajearle de la mejor manera que supe durante toda mi vida y es otorgándole todo mi amor y mis mejores deseos para su día a día, el cuidado y cariño hacia mi hermana Alice y su dedicación y pasión sublime hacia la música y en sí mismo, hacia la vida misma. Te deseo lo mejor papá, y espero que me recuerdes como el adolescente que siempre fui: un muchacho lleno de vida y hermosura que lloraba por las noches porque la gente era demasiado cruel con todos y no porque en los últimos días de mi vida en Vecindario me volviera un monstruo destructivo, cínico, cruel y arrogante. Te quiero mucho papá, y siempre te acompañaré. Allá dónde esté, que probablemente sea la habitación final de la casa, frente al tanatorio municipal de Santa Lucía. Por favor, quema mis restos, que nadie vaya a mi funeral y si puedes dile a mamá que, aunque no tuve palabras especiales para ella, siempre la tuve en cuenta. Mis mejores deseos para ella con su novio alemán. Mis más sincera disculpa hacia mi hermana, confío que con el paso de los años y mi auténtica desaparición de este mundo pueda hallar en su grandeza perdón para las ocasiones en las que le hice daño. Quiero que lo último que recuerdes de mí sea el gesto de regalarte una coca cola y una compota de mermelada de fresa y en mi lápida escribas: Mejor padre, mal hijo, buen ciudadano.

Cuándo me descubrí a mí mismo comprando una cuerda sólida supe que estaba jodido. Ya nada era salvable, con el dinero que me mandó mi madre por mi cumpleaños compré una cuerda, tres botellas de vino y una caja de cigarrillos rústica. No tendría tiempo de despedirme de nadie, ni de Daphne, ni de mis conocidos de El Canario. Y como me voy a ir pronto entiendo que podré dar un largo paseo de madrugada antes de ir a la barra de hacer dominadas a colgar la soga y estrangularme hasta morir. Este escenario no me gusta para nada para mi final, pero es lo más cercano de casa que tendré nunca, y la idea de ir a morir a Pozo Izquierdo es demasiado distante de lo que considero mi hogar. Lamento el estropicio que te ocasionaré, pero descuida papá, voy a cerrar con llave la puerta y he conseguido desinfectante y lejía para mojar por completo el suelo. También he puesto toallas en el borde de la puerta. Además te he dicho que estaré fuera de casa una semana entera y que bajo ningún concepto quiero que entres en la habitación mía, que si eso ocurre te iba a cortar el cuello con el cuchillo de cortar carne. Y aunque la despedida haya sido así de violenta sé que por tu inteligencia y tu gran sentido de la deducción sabrás que no iba de farol, además, para cuándo le pidas ayuda a Domingo para abrir la cerradura porque nunca has sido de pedir ayuda a un cerrajero, mi cuerpo ya estará bastante muerto y podrás verme como lo que soy: un amasijo de carne muerta fría y algo hinchada, siempre fui gordo de niño y terminaré uniéndome a Dios como un feto enamorado de la vida.

No estarás solo en esta nueva etapa de tu vida, con suerte podrás hacer las paces con mamá y notificarle la mala noticia. Pero eso no es lo importante de todo esto, sino que, vosotros dos, unidos por la desgracia viviréis una nueva vida, en la que me recordaréis con amor y nostalgia. Lamento las lágrimas que derramarás, pero sinceramente, no pienso soportar la desgracia de una vejez temprana.

He comprado una caja de tabaco especial para este desenlace final. Unos Latino Heritage, un tabaco híbrido entre el negro y el rubio. Una delicia, la verdad. Y mientras escribo esto, fumando gozoso y feliz, también bebo vino, así que supongo que podrás leer estas líneas. Creo, con total convicción, que leer esto te tranquilizará porque verás que en todo momento estuve en calma y disfruté mis últimos instantes con bastante dignidad. No creo que haya nada más salvador para tu mente que entender que me tenía que ir de esta forma. Ni siquiera te pido disculpas por todo esto, porque gracias al cielo existe el libre albedrío y la fascinante noción de la libertad humana en todas sus facetas. Y, aunque suene doloroso, me fui porque nunca estuviste a la altura de un hijo enfermo. No obstante, si me voy ahora no es por ti, ni por mamá, ni siquiera por la subnormal de M que, con sus patéticas neuronas, caviló una demanda judicial contra mí para desprestigiarme por el relato de Kramer; y ni siquiera porque los efectos judiciales de la guardia civil hayan sido graves. Quiero que entiendas que esa perra racista no tuvo nada que ver con este final, sino que en el fondo, muy profundo, todavía seguía enamorado de Albertito de la Mancha. Algo que la estúpida de E nunca entenderá. Porque yo lo sé, perra sucia, tú junto con B os dedicasteis a acosarlo y cuchichear sobre él. Humillarlo y burlarte de él. Pero descuida E, no te guardo rencor porque sé que, entre otras cosas, eres una niñata estúpida y no mereces mis últimas horas de vida. Así que te daré un consejo: cuida a tu puto perro y esmérate porque no le de una jodidísima miasis, jodida puta retrasada. Y pensar que nos queríamos en la adolescencia, que me suplicabas atención y que estabas derretida por mí, acariciándome con tu mirada, y tu deseo de ser adulta, y ahora con tu vida primaria y patética, tu novio de turno, y toda tu estupidez, tu sexualidad, en fin, que me das asco porque eres una perra mala y yo siempre fui un ciervo elegante y noble que nunca retrocedió ante todo el acoso y crueldad que recibía por parte de todos vosotros, perros arrogantes, sumisas de los gordos.

Bebo tres tragos, fumo una calada de cigarrillo. Veo el entorno hacerse polvo a mi al rededor, ¿me vengaré de todos ustedes u os perdonaré la vida sólo porque sé que la partida de ajedrez seguirá hasta que os mate la vejez? Voy a mear en una botella, porque en estos momentos ando demasiado ocupado escribiendo esto, putos parásitos arrogantes. Yo siempre he sido un emperador callado y silencioso. No sabéis cómo de grande es el espectro de mi odio y de mi maldad hacia vosotros. Si yo pudiera, os asesinaría a todos sin ningún tipo de pudor, porque para mí siempre habréis sido inferiores. Y no lo digo porque sea de otro país, sino porque nunca habéis llorado por la sensibilidad de una niña de instituto. En cambio, yo lloraba por cosas astrales y abstractas que nunca en vuestra miserable existencia podréis imaginar. Siempre he sido yo el auténtico escritor de toda esta puta y sucia isla. Y mientras que tenía esperanzas y amor hacia vosotros, siempre me disteis la espalda y me dedicasteis la peor de las miradas. No os odio, simplemente es que, de alguna manera, no sé cómo, me meo en vuestras abuelas muertas.

Un muchacho solitario

Un muchacho solitario cruzará toda la ciudad sólo para ver gente conocida; sin esperanzas ni buen humor, sin siquiera deseos de un encuentro memorable… Alguien completamente destruido por dentro, lobotomizado hasta al hartazgo y reventado de tanto dolor psicológico, tristeza y fármacos de nueva generación. Un hombre calmado que camina con la mirada fría, los nudillos calientes y el pecho casi descubierto. Lo único que le separa de las bestias es su voz y su mirada: noble pero afilada: nada que no se pueda torcer a base de más sufrimiento. (***) Un gesto de mal gusto y de asco se le asoma en el rostro: la maldita sustancia entre los dedos, entre los labios, entre los pulmones, entre los ojos; lagrimeando –como un cocodrilo– de tanto tabaco. Una burla grotesca de la sociedad. Con la reputación destruida por tantos delirios rosas y tristes necesidades humanas: calor, afecto, miradas, soliloquios; y al final de la tragedia: una lúgubre tristeza. Todavía roto por dentro, sin expectativas sobre la vida, con un destino crudamente arrebatador, decidir si ser hombre y morir, o si ser niño y huir. Necesidades no cubiertas ligadas al tedio y al desprecio hacia todo el mundo. Porque no nos confundamos, la gente noble lo odia todo. (***) Silencio, guarda silencio. Callado, guarda sangre en los nudillos de sus manos. ¡Callaos la puta boca! (***) De entre la muchedumbre gris y aletargada, un espectro oscuro humanizando personas y afinando esquizofrenias. Una ciudad podrida en droga y retorcidos juegos de poder y sumisión. Gente que no respeta nada, ni siquiera la calma, la paciencia o el amor... Gente infantil que no aguanta nada, ni una mirada, ni una afrenta familiar. ¡Y de súbito toda la paz se convierte en guerra! Si se va a la guerra, espérate con calma a no volver. Si la guerra va a ser larga, ¿quién se follará a tu sucia puta hermana cuándo esté medio muerta de tanto follar por el culo por la gracia de mil hombres nobles? Y si esto último te afecta, minúscula cucaracha de dientes carcomidos por las caries. ¿Quién te hará cabrear genuinamente, de verdad me has perdonado la vida, o te la estoy perdonando yo a ti? No te preocupes, no tiene importancia, las cosas son más livianas... Para que lloren las madres, prefiero que lloren los hombres. (***) De la decepción nace la desidia, de la desidia el aburrimiento: y del aburrimiento querer matarlo todo. (Eso implica matarte a ti también, dulzura). De la belleza nace el amor, y del amor un hijo. Tu hijo sin nombre, bastardo, inmundo, sucio, aborrecible, minúsculo, bobo, sin cabeza, tonto, fofo, lerdo, estúpido y completamente mamador de las pollas de sus queridos tíos sanguíneos. (***) De mi pecho una rosa delicada de color amarillo… En mis labios veneno y en mis nudillos marcados los labios de los árboles. (***) El muchacho se encuentra en medio de un conflicto que no tiene ganas de enfrentar. No por miedo ni por pérdida numérica; sino porque la venganza es un comienzo, y la guerra nunca acaba a menos que sea por puñaladas. Un beso en la mejilla o en los labios mientras me apuñalas. Unos labios sonriendo mientras me dices buenas noches y te apuñalo con la mirada. De entre los escombros humanos y la putrefacción drogadictica humana un niño que quiere hacerse respetar. Eso no está bien, es patético. Yo estoy loco, pero tú sólo drogado. Todos guardan silencio, ninguno se levanta: ni si quiera yo: que me mantengo en pie. Miro sus ojos, mira a los míos; no hay belleza sólo adrenalina y rabia contenida –suya– , mientras me amenazas que vas a romper la cara mía. No me confío, no me retracto, sigo con lo mismo: no es un juego de poder, es un malentendido. Dos no se van a poner a matarse por una estupidez como esta –pienso, luego callo–. Podría acabar mal el asunto, todos son callejeros, todo es una trampa. Aborrezco tanto la calle. Tanto desprecio y asco, en la calle cada uno a lo suyo, silencioso y sucumbiendo a la droga rica. ¡Estás rica, como la droga, jodidísima guarra de tres al cuarto! (***) Te amo, sí; pero también me importa poco... Te odio, no; pero tampoco me importa mucho. Me sonrío, asiento con la cabeza. Todo son halagos, reproches, adrenalina caliente bombeándose al corazón. Luego veo bien esos ojos, no es que esté entrenado, no es que haya peleado en la calle; ¿es que es necesario quitarse la chaqueta de cinco kilos, la camiseta, y todo lo que lleve encima sólo para demostrar algo?, me digo. Nada de esto tiene sentido. Luego la frialdad de mi madre que me hace agotar. Mediadores por la paz, ¡mendigos de la guerra! Me cago en la leche que mamaron vuestras hermanas. Me cago en los dioses a los que rezáis llorando... (***) Si por relatar me van a matar; mejor muerto relatado que vivo mal follado. (***) Los ángeles lloran mi muerte porque un muchacho me ha buscado de noche hasta las cuatro de la madrugada me ha seguido y me ha clavado un puñal en el lateral del cuerpo: y ha penetrado esquivando músculo y grasa. Estoy caminando casi ciego, muy despacio mientras sujeto la herida y pienso en lo último que le diré a mi padre. (***) Un mensaje de despedida; también es la excusa perfecta, yo no quería vivir más. La sangre chorrea por mi cuerpo, la piel de la chaqueta se empapa de sangre, la camiseta interior se tiñe de una sangre púrpura espesa llena de humo de tabaco, mientras que mis pantalones rojos no demuestran nada de lo que acontece. Y entre pasos torpes me voy despidiendo de él... Sé que no llego a Urgencias, sé que no le guardaré rencor a ese dulce mierdecilla mequetrefe atontado gilipollas por haberme apuñalado, ni si quiera guardaré su nombre en mi memoria –breve, pero memoria–, ni tampoco viviré un día más para salvarme de la ciudad –podrida, pero mía– que todo lo corrompe. Y entre lentos y pesados pasos morbosos de vida y muerte me digo: Si tan sólo hubiera sido menos sabio. Si tan sólo hubiera sido un imbécil más. Si tan sólo hubiera amado a falsedad a esa muchacha con diez años menos, y me hubiera quedado a su lado toda la vida, quizá ahora no estaría tan, irremediablemente, muerto… (***) La noche se precipita negra y sin luna. No hay demonios que me acompañen en este último trayecto de vida. La ciudad se hace inmensa y larga, no agonizo ni me quejo, tengo una mueca de satisfacción y en el culmen de mi desgracia recuerdo tus ojos Zarza. (***) Y tus labios besando mi cuello, y tus ojos mirando a mis ojos, y tu lengua, y tu piel, y tus dientes, y tus uñas, y tus estrías; y toda tu maldita belleza humana. Y tu terror, tu confusión, tu pánico, tu tristeza, tu deleite, tu placer, tus infortunios y me regocijo lleno de felicidad porque sé que te amo. Caigo al suelo de rodillas en el portal de casa. Y antes de pulsar el botón de la casa para que salga alguien a salvarme –siendo niño–, antes de intentar abrir la puerta y subir por el ascensor tirándome escaleras abajo, antes de todo eso los ángeles me hacen despertar. Y despierto, vivo, y cerca de un muchacho muy alterado. (***) Me mira a los ojos y yo a él. Me sonrío, me encorvo un poco, ¿quieres de verdad romperme la boca? No te has dado cuenta que soy un perro gordo y grande. Más grande que tú. –Te voy a partir la puta boca esa que llevas, puto imbécil. –Muy bien. –Te lo juro por mi madre que te voy a partir la puta boca. –Muy bien. –¡Por mis muertos que te voy a matar! –Muy bien. –¡Ven aquí cabrón! (gritando) –Aquí estoy (de pie, sin moverme). (***) Los ángeles del inframundo celebran una misa abierta, dónde todos los demonios están invitados y de las deidades más sutiles los innombrables tartamudean y los santos hacen bukkakes con las vírgenes que se han suicidado. De entre los ángeles unos contemplan la escena, hacen apuestas por ver quién ganará la pelea. No hay mucho por lo que apostar, algunos apuestan por mí; otros por la sangre de su sangre y dicen: ¡De eso no hay duda, se le acabó la vida a este pobre muchacho! –Dejad de hacer esas cosas, por favor, criaturas, ya está bien. –No... (vacilando) –De verdad, un poco de cabeza y buen gusto, no veis que están a punto de romperle la boca, con suerte; y con mala suerte de ser asesinado pronto… ¿No lo veis? –Te lo creaste demasiado sangrante, papá (entre risas). –Era lo que había en su semilla… (***) Mis puños hieden a sangre y a dientes rotos. Mi rostro está morado y agrietado, pero sigo de pie y el otro muchacho está en el suelo. No quería nada de esto. Luego la gente de allí llama a la policía para que venga a recogernos a los dos. Uno para Urgencias y otro para Psiquiatría. Uno para recuperarse y el otro para sanarse. Mientras que los dos saltarán positivo en el uso de drogas recreativas de estilo cannabinoide, mal asunto, criatura mía. Más tarde un hombre y un muchacho extraño me seguirían de noche. No le daría demasiada importancia porque a lo hecho pecho, y al puñal mejor darle la espalda para que entre limpio. También es que soy un suicida empedernido. (***) El desayuno muy bien, gracias. Tostadas y café negro. Nada durante el día, después una manzana y en la plaza comí otra manzana. Entre nauseas sudor frío y cansancio. Sin novedades ni auxiliares para dementes. De la basura de casa recojo una cuchillo de metal oxidado y lo guardo en los pantalones. Algo me dice que la noche albergará horrores. De la más infame de las necesidades humanas: el contacto físico, ergo el covid humano. Como el beso de Judas, los dos besos de los hipócritas: muak muak, sabandijas. (***) La vida es hermosísima y llena de los más increíbles horrores nocturnos, hoy será mi funeral, ¿o la próxima semana? ¿Se podrán enterrar a los muertos un fin de año? (***) Fumando droga para no despertar del letargo humano, el romanticismo de la decadencia y el fin de los acuerdos, ¿por qué España necesita un cambio? Porque me acaban de matar, hermano... (***) De la nada grotesca y cínica un mártir al que un desquiciado enfermo separa sus nalgas y sodomiza. De su boca nacen palabras inconexas y aturdidas llenas de deshecho porros babas deseo y profana ansiedad: –Chúpamela, bésame. –Lame mi ano, maricón. –No… –¡Lámelo puto maricón de mierda! –No… no, no, no… –Puto maricón. (me río). (***) Un muchacho acompañado cruza toda la ciudad sólo para ver a su padre; sin nada en los bolsillos salvo una navaja oxidada. Destruido por dentro, horrorizado y sangrando. Un hombre calmado que camina con la mirada fría, pero con los nudillos reventados y el pecho congestionado de tanto tabaco. Lo único que le separa de las bestias es una herida supurante que no tiene arreglo. Un mal gesto que le trastoca la expresión. Es lo último que tendrá en la memoria si la venganza y la salvación o si el amor y la redención… (***) La Zarza entre los dedos juveniles, entre los labios adultos, entre los pulmones encharcados, entre los ojos blancos; lagrimeando de tanto sublime sentimiento... Una burla grotesca hacia la propia humanidad. Con la reputación destrozada, te amo mamá, siempre me diste calor, afecto, atención...; y al final de la comedia: una lúgubre llamada de teléfono que nunca tuvo respuesta. Todavía sangrante, sin expectativas sobre la muerte, con un destino crudamente obvio, decidir si ser hombre y morir, o si ser un niño y pedir ayuda. Para los vivos la muerte; y para los muertos, la gloria. (***) Entre lágrimas de desesperación, tristeza y amor; entre sollozos por el funeral próximo la lápida en piedra barata y la despedida inconclusa, alcanzo a dibujar en la puerta del portal con sangre todavía fresca: “te amo papá, lo siento”. Y mientras cierro los ojos para terminar de morir cerca de casa, muy cerca, entiendo que lo único que me separa de las bestias es que los dos morimos dónde sentimos hogar, y que cuándo un animal es herido de muerte no sigue luchando contra la propia naturaleza de la letalidad: acepta los obsequios de la carne, las larvas y la putrefacción del músculo, corrupción de la grasa y el calcio lejano del hueso… (***) La mañana despierta fría y hermosa, y un padre de familia al salir a trabajar abre la puerta del portal dónde encuentra un cadáver frío y tieso con el rostro magullado y lágrimas en los ojos todavía cristalizadas; pero con una expresión de sabiduría paz y amor tan grande que, al ver a su propio hijo muerto, entendió de inmediato que murió por amor a la vida, y no por miedo a la muerte. (***) –Adiós, papá...