29/05/26

Desde el paseo

Un muchacho echó una raba y después de limpiarse la boca salió a dar un paseo por el Litoral. En el camino se encontró con un fantasma. Dicho espectro le contó un secreto. Y cuándo se dió cuenta de la trampa decidió volver a vomitar terroríficamente. En el paseo no había nadie. No hacía ni frío ni calor. Entonces por qué no dejo de pensar en ese paseo. ¿Es que acaso me apetece también ese paseo? ¿Soy un águila que acaba de estrenar su nuevo plumaje? ¿Mi pico sacará ojos o alimentará nueva vida? Gracias.

28/05/26

C a í n

Perfórame el alma
Devórame la sangre
Ábreme las tripas

Sucumbe ante mi voodoh
Siente la maldad esquizofrénica
Saborea mi dulce voz...

Yo te invoco:

Huye de mí
Huye de mí
Huye de mí

Tus ojos como garfios de mármol
tu lengua como un pincel
Y tus manos explorando
la cuenca de mis ojos:
Déjame ciego.

Entre pantanos y cigarrillos de un viejo diccionario
Lento como un acertijo que rompe quijadas
Mandíbulas de la depresión
Dientes malditos

(Me río tímidamente)

Sucumbo ante tu innegable figura
Me derrito en tu voz, como una serpiente alimentándose de un animal
Soy yo el animal y tu lengua la serpiente

Menos mal: estaré encerrado
Menos mal: me quitan la posibilidad
de cruzarme en tu camino

De la saliva de Dios
un hijo arrepentido
De las lágrimas de un espectro
reclamo tu nombre

En el abismo sólo hay espacio para tu voz
Y en el precipicio de la muerte me acompañará tu sombra
Y me sonreirá tu carcajada brillante
como una calavera desnuda

La infame existencia me compromete
a amarte 
la distancia me compromete
a observarte
y la realidad me obliga
a olvidarte

En los campos de las lágrimas negras
los ojos rojos
y el sueño perdido
¿Dónde estoy?
¿Por qué tenías que respirar?

No eres más que un músculo sangrando
por favor
rómpeme el corazón
te lo suplico

El novio de mi madre

Una hermosa caricia en el rostro puro de mi madre, mientras observo cómo su novio se deleita y se enamora cada vez más de ésta señora. Sus ojos verdes y hermosos brillan con la mirada fosforescente de mi madre. Y juntos pueden enfrentar cualquier problema, mientras se van haciendo viejos, y se van amando en cada rincón de la pequeña y humilde casa en la que vive mi madre.

Un hijo psicótico, y una madre bipolar. Un novio muerto y una novia llorando como se solía decir hace mucho tiempo; por culpa (no por otra cosa), digo más bien; por pura inercia. Para que llore mi madre, mejor, que llore la madre muerta de ese puto alemán baboso. No hay odio; no hay rencor;  sólo Sifilismonamor.

De entre los laureles de la bella vida, la playa de Fuerteventura, los andares pijos, y la comida casera caliente me dejaste una manzana podrida en la nevera. Y me emociono cada vez que pienso en el cariño y el aprecio que me tiene el novio de mi madre... es tremendo; por eso, cuándo me dispongo a confesar este crimen sólo puedo sonreír lleno de dicha. Ya que él y ella saben que si actúo así no es por maldad o por estar poseído por alguna suerte de mejunje maligno; sino por puro amor al sexo que tanto los une: a la enorme polla europea de este singular hombrecillo arrugado... y es allí cuándo pienso en semejantes esperpentos, con mucha calma, sí; pero con mucho desprecio, también.

El suizo maricón que quería ponerse el tanga dilatado de mi madre. El tarado con cáncer y con cara de retrasado mental, al más estilo Magiola (también alemán). Los otros pretendientes, como perros sin collar, seduciendo y babeándole el culo gordo y generoso a mi madre; pero no, no iba a permitir semejante sacrificio, y fue por eso que, entre otras cosas, tomé el timón de mi vida y de la vida de Keiner y la nueva señora de Keiner y abrí su secreto para eyacular una esvástica, un hijo muerto y el alimento de Keiner. Mientras él lamiera mi semen yo gritaría Heil Ytchz.

Yo no sentía aversión por ninguno de los dos, pero sí un sentimiento de desprecio incalculable. Mientras que ella se dedicaba a dar clases en un Instituto de tres al cuarto, luchar contra la mala educación; amar al prójimo... etcétera, yo seguía pensando en ella como lo hace un buen hijo: cuándo el dolor físico no lo es todo, sino que encima te revientan a hostias la cabeza, qué te joden la mente, qué te trastocan, que por esos motivos ahora soy una suerte de marginado medio maricón, medio anarquista, medio folla milfs, medio cabrón, medio hijo de puta, completamente hijo de puta, malnacido hijo de puta. Pero tú, hey, tú, hijo de puta, devuélveme a mi madre, no importa que te la hayas follado bien rico, sólo devuélvemela. A ella, a su trasero ya  su cabeza estúpida rancia y maldita. Y de paso, también, por favor, devuélveme, sólo por ser mi cumpleaños, el lujo de tener una putísima familia.

Gracias por los veinte euros Keiner, me parece estupendo. Gracias, gracias; mil gracias por las cajas de tabaco caro, Keiner. ¿Sabes qué haré un día de estos en cuánto tenga la libertad condicional del psiquiátrico? Ahorraré con la paga de los subnormales unos cuatrocientos euros, y luego a punta de cuchillo le robaré a mamá unos cuatrocientos más y viajaré a Alemania para conocer a tu nieta y a tu hija, y allí, grandísimo hijo de puta, conocerás lo que es que se follen algo sagrado. No me las follaría a la vez; empezaría por la gordita diabética de tu nieta, y luego, torturaría a tu hija. No es un alarde, es una realidad, quizá muy premeditada. No te preocupes, sólo son palabras, se las lleva el viento; pero aquí sólo queda lo importante del asunto, Keiner. El culito sabroso de esa pintoresca mujercita de 22 años. Casi de la misma edad que mi hermana Alice.

Pero no me mires así Keiner..., te dejaré lamer el semen caliente directamente del culo de tu nieta, mientras ella se retuerce de placer y de satisfacción. Mientras tú dices "hallo, danke shön", yo te diré: "Naturlich", o algo parecido, quizá tu nieta pueda traducirnos del inglés al alemán todo lo que te digo. Y no, no es poco, será mucho lo que tendré que decir. Una lástima que hayan muerto tantas mujeres, una lástima que todo sea hipocresía; y una lástima que esté yo a punto de morir. Y después de todo esto, cuándo mi madre yazca satisfecha y tu nieta también, mientras lloras suplicando un poco de amor, jodido vejestorio cabrón, sólo te diré una cosa: "yo amo más a mi madre que tú a ella". Y lo mejor de todo es que sé que ella me ama más a mí que a ti. ¿Te duele?

Después de lograr tragar más de siete pastillas diarias logro convencer a mi madre que mi salud mental está recuperada. Como un dragón satánico que entra en el vientre de una mujer casi estéril, que mea sangre y no menstrua. Y aunque ese coñito sea repugnante para mí, pese a haber nacido de allí... ¿qué le voy a hacer yo ante semejante dejavu? Y sus nalgas blancas y gigantes como los párpados de un Dios estúpido... Me visto con ropa de gente normal y me dispongo a coger un barco lleno de emociones y bellas sensaciones. Me cago en vuestras almas.

Llego a la isla vecina y mi madre llora al verme desembarcar. Le sonrío con una media sonrisa, pero lo que ella no sabe es que en la mochila llevo una navaja y ansiolíticos fuertes que trituraré con dos cucharas para violarlos. Me jode que tenga que ser en estos términos, todo hubiera ido mejor si de buenas a primeras tanto mi madre como su novio se hubieran bajado la ropa interior y separado sus nalgas. Pero eso nunca ocurre, nunca obedecen a las buenas; y a las malas siempre algún policía borracho se acercará a nosotros para detenerme.

¿Estoy enfermo? No me importa, puedo blasfemar y hacer todo lo que yo quiera, soy eterno para odiar; estoy demasiado muerto cómo para amar. No tengo sueño, llevo dos días sin dormir y ya me siento otra vez conectado con la maldad del mundo, que se esparce por todo el universo maltrecho y nauseabundo. Yo nunca jugué con el vudú, pero esa mujer cree que vivo en un dejavú perpetuo. O acaso soy yo que confunde las cosas. No me hagáis demasiado caso, mi mente no es poderosa.

El novio de mi madre pone música de los años 70-80, el típico rock clásico, se afeita guapo, se pone perfume, me mira a los ojos y me dice: Ja. Es lo único que sabe decir el pobre imbécil "Ja". Y yo le contesto lo mismo: "Ja". Y así para que no sospeche que en realidad le estoy odiando por dentro todo lo más sagrado e imposible que puede existir. Lo odio porque él es feliz al lado de una enferma mental como mi madre. Me pregunto si también le habrás contagiado clamidia a este pobre don pollón maricón. Qué el muy enfermo hace nudismo, que exhibes a mi madre como una perra, un mono o un trofeo. Mientras que tus amigos alemanes te saludan y te dan un beso en las manos.

Eres inofensivo, no te preocupes, no sólo tu hijo meará en tu lápida, yo estaré allí con él, y los dos sacaremos nuestras diferentes pollas y mearemos encima de tu lápida y si queda orina rancia química dentro de mí... si queda todavía maldita y sangrante orina cólico renal en mí, hasta en la tumba de mi madre tendré que mear. Hasta que los guardias alemanes digan algo así como que, pero en su idioma natal claramente, eso está prohibido y lleva multa. ¿Qué clase de gobierno policial de mierda es ese dónde no le dejan a uno despedirse de un muerto de esta manera? ¿Por qué un puto alemán, o dos putos alemanes en la casa de los tullidos espirituales no me dejan mear en paz sobre la lápida de mi madre, esa inmigrante tarada y traicionera como un vil judío? ¿Ahora hablamos el mismo idioma, Keiner?

Mi madre me dice que me vista guapo, que vamos a ir a comer a un restaurante que le gusta mucho a Keiner, que es de unos amigos suyos. Trituro las pastillas y las guardo en un sobre. Sin que me vean. Luego obedezco, me afeito, me pongo guapo y salgo con ellos a comer al restaurante, aunque no me hace mucha gracia, al final termino tragándome las pastillas molidas yo sólo y entre retortijones me desplomo en medio de la comida. Ellos consideran que es un intento de suicidio, pero yo sé, con tanta exactitud, que sólo es un teatro. Pretender.

Una ambulancia, una madre llorando y un novio escupiendo cada vez que abre la boca hasta para respirar. Yo desnudo naciendo una y otra vez, mientras mi madre aborta a mis hermanos y mi auténtico padre llora de emoción al hacer el amor con la mujer de su vida. Sus ojos enamorados, su sensibilidad, su aroma a limpio, su cabellera poblada, sus manos firmes y llenas de amor. Su nuez perfecta. El limbo de la belleza no es un transexual hormonado, sino mi padre joven y enamorado. De sus ojos caen lágrimas y de su boca una mueca insoportable para mí: angustia, desesperación y dolor.

Y entre lágrimas despierto en el hospital. Luego trago saliva y sé lo que voy a hacer. Lo sé con tanta exactitud que me estremezco. Después trago lágrimas y encadenado a una camilla intento liberarme, pero me ataca una carcajada y empiezo a reír histérico. Se me acerca una enfermera y me pregunta que qué me ocurre, le digo que confundí mis valores, que creí demasiado en ella, que todo era una farsa, que mi tío Saúl tenía razón, que mi madre era una mujer mala, una perra, vamos. Me pregunta si me refiero a mi madre, que si no me parece que está mal decir eso de una mujer que me dio la vida. Rompo en llanto y luego empiezo a convulsionar.

En la sala de espera está Keiner, su hija que vino de viaje; y la nieta. También está mi mamá. Y me pregunta la enfermera si deseo ver a algún familiar. Le digo que sólo veré a la nieta de K, si ese kukuxklan es capaz de tener cojones y no ser el mismo perro viejo sin huevos que es para soportar a mi madre. Luego veo el funeral de Keiner, a mi madre llorando y luego la veo follándose lo primero que encuentra. Es una gran profesora, le enseña a la gente cómo cagar ladrillos. Y a sus hijos cómo cagar cuchillas. Más tarde, días después me dan el alta, y la navaja que enterré en el árbol sagrado de la avenida secundaria que da hacia las puertas de la ridícula casa de mi madre sigue allí.

Pienso, luego, muero. Así de fácil. Cada vez que pienso en ti, muero por dentro un poco. Y poco a poco me llevarás a la tumba, y espero por tu bien, que al menos, escupas en mi lápida, mamá. Entre latigazos en la boca tengo 8 años. Y tus ojos se inundan del mismo odio con el que separo las nalgas de tu amado vejestorio y entro en él. 8 veces lo penetro. Y 8 veces eyacularé dentro de él, mientras él llora y jadea y se odia por dentro. Beso sus manos huesudas y le muerdo la oreja derecha, la muerdo tanto que no puedo evitar destrozarla y tragarme un trozo de cartílago. Y mientras tú yaces desmayada por las pastillas él me dirá: danke shön, porque de lo contrario, le clavaré el filo de la navaja en la nuca.

Diarios de invierno, Lapsus, y Escombros

*Diarios de Invierno
Un fantasma epidural penetrando por mi espalda mientras me quedo petrificado en medio de la soledad de una habitación desordenada y polvorienta. Mil espectros forcejeando por mi completa atención: pastillas antes de dormir... un desastroso rastro de químicos. Una desconexión completa con la atmósfera, negándoseme la propia flor de la vida, el progreso y la belleza de un nuevo día. El nunca despertar de la nube gris invernal y devoradora de ocasos y de niños. Noches enteras en un pesado insomnio y una levísima necesidad de ser protegido por algo superior. ¿La fe restaurada sólo por miedo a la soledad? La existencia convertida en pesadumbre y la propia vida en rutina biológica: dormir, comer, mear y cagar. De los laureles del descanso perfecto llega el largo sonambulismo y el letargo del nunca despertar. Horas y horas abrazados al edredón mientras te refugias en un mundo imaginario y de aparente poder y calma… pero que no es más que un maldito descanso letal. Entre risas burdas y nerviosas, una serpiente se mece entre las sábanas e intenta devorar mi carne, con sus cuernos raspa mi piel, pero yo estoy dormido y no puedo negarme. Tampoco me río, ni lloro, ni me quejo. Pero sé que está allí. Un insecto busca la piel para inyectarme veneno y succionar mi sangre rojiza y deliciosamente química. No hago promesas que no puedo cumplir porque no cumplo nada de lo que digo… De la catástrofe de nacer el maldito hastío de sobrevivir a duras largas noches y penas. Tristeza asomándose por la ventana de la habitación. Como un ángel se asoma un rostro por la ventana. El agua sabe amarga y el pan está rancio y mohoso. La leche materna caducada entre mis labios mientras lloro de pura agonía. Y la papilla de mis padres está mezclada con cianuro. Porque la inteligencia les ha hecho saber que soy un bebé que se desea a sí mismo muerto. La cabeza me duele de tanta telepatía con Dios. Los ojos están descansados, pero la mirada la tengo cansada de tanta repetición: de tanto bucle: de tanta rueda: de tanta inercia: de tanta… No hay libertad excelente y sublime deleitosa en nada de lo que acontece y de la propia existencia en la que participo no hay belleza, no hay perfección, no hay confianza ni compañía. La soledad lo consume todo en medio de bodrios bordes y calles paralelas. Por suerte sólo estoy dormido mientras no me quejo de toda esta improbable malicia humana. ¿Quién diseñó las calles dónde caminan los sonámbulos? Qué asco me dan las calles. Las palomas caen muertas por el frío, mientras me acerco a ellas y las veo convalecer pienso que al menos han muerto cerca de la Iglesia de la ciudad. Muchas víboras cerca, muchos desviados mentales en la capital. No hay nada reconfortante en la cueva de la que nació la serpiente de mi cama. La serpiente infame que busca la carne de mi manzana. Y de entre los dolorosos sentimientos que poseo en mi alma el único que me perturba es el de caer cabizbajo y no volver a hablar con nadie, ni siquiera conmigo mismo. Luego las mismas baratijas de siempre: dinero, tabaco, alcohol, drogas; y a lo lejos una silueta hermosa e increíble. Una mujer que te contempla más allá de todas las desgracias que vive tu propia condición humana. De la boca de un payaso la lengua verde y putrefacta de un beso lejano. De los ojos de un demonio el color amarillo que nunca se olvida y te deja mudo dos o tres meses. Y de los labios de una madre cínica y cruda sólo los latigazos en tu propia boca. De las palabras de un padre sabio sólo la culpa y el dolor de no ser lo suficientemente *** cómo para quitarte la vida. Y no hay calma en sus palabras, ni paz para los adultos que no pueden hacer otra cosa que ver rostros siluetas y fantasmas aproximándose, como fichas de ajedrez en horda y salvajes, buscando el apetitoso sabor de la sangre. Oxidado y carcomido tengo el corazón de tanto odio y soslayo. Mancillado y jodido tengo el pecho de tanto inhalar la respiración de mil espectros verdes rojos y tullidos. De la cuerda asfixiante, de los ojos hinchados por la sangre; del cóctel de pastillas, del ardor imposible de soportar en el estómago; del filo de un cuchillo de cocina, al calor de la sangre… de los besos de una madre ferviente y maravillosa al desprecio de su mueca y sus ojos crudos y cínicos… en el borde de la desesperación nace un sentimiento aborrecible y teñido de oscuridad. Yo no te odio por lo que somos ahora, sino por lo que me has hecho ser… nunca un nacimiento fue tan crudamente despreciado. Ni los ojos de un recién nacido, ni sus pequeñas manos podrían salvarte de todo el veneno que llevo conmigo. Ni tus palabras de calma, ni tu vejez, ni tus buenos sentimientos nada de eso. Todo está lleno de la más abominable necesidad de ser escuchado por tu corazón negro. Reina de la inmundicia, yo heredero de toda esa inmundicia. Ni los cuchillos de tu madre frenética y psicótica, ni los maltratos de tu padre. Nada de eso me importa. Me duele a lo lejos tu silueta llorando mientras te acribillan a insultos y a maltratos físicos, sí; pero ¿qué es peor la flor o la semilla? No lo sé, pero tampoco tiene sentido diluirse en todo ello... Estoy sucumbiendo como un insecto que revolotea encima de un cadáver fresco a punto de convertirse en comida para larvas. Una mosca hedionda y maldita que busca inocular sus huevos en mis poros y luego devorar mi carne, la grasa y dejar los huesos intactos para que erosionen con el tiempo, la calima, el frío, el calor, el sudor muerto o la triste ruptura de la fantasía: un familiar preocupado. Detesto tanto este sentimiento que...

*Lapsus
Del nudo de un cuello formidablemente fuerte la tristeza ya la depresión asoma por la yugular palpitante y asfixiada por el grosor de la cuerda. El mundo se precipita sobre su propio vómito viscoso y nada refleja luces sanadoras, no hay palabras para describir el cansancio vital y el desánimo humano. Ese letargo infame y confuso que todo lo consume entre gemidos burdos y tristes lamentaciones me digo: estás tardando...

*Escombros
Me despierto de madrugada ansioso y desequilibrado, son las cuatro y no he tomado las pastillas, cojo un vaso con agua y trago las píldoras. Después me sumerjo en una atmósfera fría y nostálgica de sentimientos abrumadores y cansancios repetitivos. Como una sanguijuela que va chupando mi sangre, una sanguijuela gigante y monstruosa depositada al lado derecho de mi cama, allí me enchufo y vuelvo a dormir para no querer despertar nunca. Las horas se hacen interminables entre la primera papilla hasta la última cena. Y de entre la basura rebusco colillas de tabaco medio muertas como yo para fumármelas en sagrada misa con Dios. De mis estímulos: los días haciéndose y naciendo muertos. De mis deseos: el último desprecio hacia la vida. Y entre los escombros que es mi vida la última verdad de todas: estoy envejeciendo a un ritmo grotesco, hasta siento las arrugas palpitando por mi rostro y las canas seduciendo mis cabellos para que de su negro se perturben a blancas. En mis barbas unas veinte manos, con dedos blancos. En mi cuello una tos sucia y húmeda. De mi aseo personal no queda nada, salvo la ropa sucia del suelo, y entre lamentos me recuesto sobre la cama verde y duermo entre moho, suciedad y la silueta de un demonio amarillo. En la silueta de la madrugada me reconozco cansado y aturdido. Como un zancudo que acaba de ingerir sangre química. En las fotos personales de un recién nacido no encuentro nada que me compare con lo que algún día fui: una criatura pura, ligera, y llena de vitalidad. Sólo soy una flor sujeta al suelo por una única y miserable raíz biológica. Me pregunto entonces, ¿cuándo vendrá algún niño bobo a arrancarme por completo de este mundo y hacerme el favor de llevarme al otro lado? ¿Quién fuera una flor en una maceta, muriendo mientras el tiempo no se detiene para nadie? En baja forma, en pésima condición mental, y en un triste estupor y sueño crónico… Entre estornudos y miradas infames hacia la calle por la ventana, sin exponerme demasiado, ¿por qué el sol me pone de tan mal humor? Son las doce de la mañana y mi único impulso es intentar dormir hasta que se haga de noche. Y los días que logro recorrer el asesinato de mi dignidad me digo que no debería dudarlo ni un instante más, que hay que dormir al medio día para no perder la costumbre. No me quejo, no me sorprendo, sólo, en lo más íntimo de mi corazón, lamento encontrarme así. De todos los callejones oscuros negros y tétricos del mundo, el único que me sé de memoria es mi habitación, un largo pasillo hacia ella, como un sarcófago, como unas manos sacudiendo a un recién nacido que adormece su alma moribundo. Y entre lágrimas me digo si soy todo esto que estoy viviendo, si no soy más que carne enlatada a punto de caducar. Del amor trágico a unos padres trágicos, del enamoramiento a una hermandad muda… de los deseos de una amistad eterna; y del dolor de la pérdida de un buen amigo. ¿Cuándo se acostumbrará uno a toda la desdicha del mundo que no sea una exageración cuándo en realidad no existe nada que pueda perturbar la mente de un hombre enfermo salvo la expectativa del bienestar? ¿Es que no os habéis dado cuenta que lo único que puede matar a un hombre muerto es el olor de la salud? Pero hasta en el abismo de mi propia existencia, en las horas muertas más horribles del aburrimiento, y en los cánticos más hermosos que la humanidad hubiera podido imaginar, aún en los momentos más luminosos de una infancia protegida siempre habrá un atisbo de soledad. No niego la existencia de Dios, ni la existencia de las sanguijuelas gigantes. Porque aunque ambas las sienta constantemente y no las pueda tocar, ambas me acompañan allá a dónde voy. Dónde me refugio en la oscuridad de la noche es dónde cae la sombra de los árboles milenarios de islas carcomidas por la droga y la delincuencia. No tengo esperanzas en un mundo mejor, y aunque se diga que todo mejora, cambia y se reinventa, no tengo el más mínimo apetito en nada que no sea desaparecer como un insecto desaparece del cosmos. Estoy solo y no me quedan flechas en el corazón. Estoy podrido en una atmósfera extraña que me abraza con sus largas manos infames y me lleva a dormir. Me relamo por puro instinto, soy una criatura llena de cicatrices que no se pueden tocar. Un espíritu desganado y miserable que no encuentra redención en nada de lo que hace. ¿Y todos mis deseos y todo lo que quise ser? ¿Por qué tengo que vivir este tormento? ¿Merezco todo esto? ¿Soy culpable de algo que no haya sido ser libre? Y mientras me sonrojo solitariamente y siento el olor de la salud me retuerzo sobre mi asiento y me pongo a llorar. Porque sé que esa salud que se evapora diluye embadurna y asoma hacia mí no es más que otra mentira más. Porque sé que lo único que puede quebrarme es la esperanza de un ritmo diferente, y no lo tolero. No dejaré que me engañen más, por eso mismo, sujeto con firmeza una cuerda y me despido del mundo, anudo una tosca línea salvadora mientras me deleito en el mundo que se ha creado, me despido de los amores que he conocido, hago las paces conmigo mismo y aunque no lo crean, después de la mugre, la piel muerta, y las larvas siempre estará el gesto de asco que tuve los últimos años de mi vida. No soporto más esta mierda. No soporto más esta cárcel psicológica, estas murallas de fuego infernal, esta cama sagrada que sólo debería verme de noche… y la gran sanguijuela que sigue mamando de mi cuello, el gran demonio sobándose sobre mí, y el miedo, la angustia, la soledad, la maldad, las moscas por todas partes, ollas podridas con restos de proteínas putrefactas, fruta muriéndose sobre la mesa, verdes, soltando un vapor grisáceo verdusco… un verdugo que venga a poner orden y fin a todo esto. De entre los escombros que es mi vida, de lo único que me arrepiento es el de no haber sido lo suficientemente fuerte cómo para no caer en el vicio de la desidia, la pereza y en definitiva, de la patética condición de ser un parásito en vida. Si los parásitos hablasen, si las puertas rotas hablasen, si los ojos tuvieran alma, los míos estarían ciegos o inundados de un rojo tan fuerte que al mirarlos arderían.


Boca sucia

 Cuánta mierda debo tragar para admitir que todo va fatal. Los días suceden uno tras otro y nada me alivia. Lleno de miseria, ausencia y decepción. Si hago un ejercicio de reflexión estoy lejos de cualquier virtud o de cualquier victoria personal. Todo se ha vuelto un barro ponzoñoso y asfixiante. Tengo un hongo en la piel, en el rostro, que me hace parecer abominable, lleno de esta costra blanca que parece lepra. Estoy obeso, diabético y cada vez más maricón. Quiero pensar que mis desvíos homosexuales son más una respuesta a mi estado físico y mi falta de pulcritud espiritual. Mi madre no quiere saber nada de mí. Mi padre me aborrece. Y tengo la sospecha de que mi hermana ha fallecido. Me siento en un vaivén de mierda, una cadera follándome mientras agonizo hasta la médula muerte púrpura. Mis días son un asco, mis noches son eternas. Dormir y dormir. Me voy a ingresar en el manicomio. Pasaré allí varios meses, con suerte dos años. ¿Saldré de allí renovado o perturbado? Odio tanto mi vida que me parece hasta gracioso que todo esto me esté pasando a mí. Estoy tan arrepentido. Nunca debí conocer a nadie. Nunca debí dejarme conocer. Quiero morir ya, estoy harto. Dejaré para el olvido todo lo que nunca pude ser, y todo lo que siempre fui: un farsante arrogante. Tengo los ojos inundados en odio rancio y agrio. La boca completamente destrozada. Los rastros de una juventud hermosa completamente derretidas a base de inhalar pérdidas, abandonos y decepciones. No podría ser más patético. No podría estar más equivocado. La aparente normalidad me tiene podrido. Imaginar una limpieza espiritual. Estoy tan aburrido de todo esto. Necesito huir de mi refugio nauseabundo. Una muerte hermosa, ya no sé qué hacer. Probablemente deba olvidar todo lo que sé. Estoy cansando de esta mugre humana. Me pesa la piel, me pesan los huesos: ¿Cuándo podré ser un cadáver? Se me podrá permitir la vieja gloria de la deshonra. La libre salvación de la vida humana... Estoy tan harto que pienso que me voy a volver loco. No quiero pensar en nada. No quiero estar despierto. Ellos han ganado, y no yo. Provocarme un brote psicótico. Fingir depresión o un insomnio persistente.  Me despido de todo lo que conocí. ¿Por qué me siento tan mal?