No
soy capaz de dirigirme la palabra a mí mismo cuando me doy cuenta de
todo el daño que he causado. Por eso siempre estoy en silencio.
Aunque en mi cabeza sólo haya ruido seco de gritos asfixiados con mi
propio puño. Y cuando pienso en mi madre, cuando realmente pienso en
esa mujer, me entra una angustia tan terrible que me hace desear
matarme. Una angustia que me devora por completo, como si estuvieran
a punto de clavarme un arpón en el estómago, muy despacio, casi
haciéndome el amor. Pero sólo sería una muerte sin más, nada
espectacular. Y cuando pienso en mi padre me dan ganas de cambiar mi
vida por la suya, para que le saque algo más de provecho. Es decir,
matarme.
Escucho
música animada en el salón mientras mi padre duerme asustado por
los gritos y los putos muebles que he roto hace unas horas. En
realidad yo sólo quería bailar. Pero yo no puedo dormir porque soy
culpable. Me fumo un cigarrillo con auténtica soberbia, como si
fuera lo único elegante de mi vida. Fingiendo que lo fumo cara al
público, en un alarde de sobrestimación. Y salgo por las noches en
busca de viejos maricones para que me follen porque no tengo alma,
porque estoy vacío, porque sólo busco saciar mi apetito humano. No
tengo interés en ninguna mujer porque ninguna mujer es como mi
madre. Ni tampoco tengo interés en ninguna muchacha porque ninguna
muchacha es como mi hermana. Y no tengo ningún interés en ningún
muchacho porque ningún muchacho es como Vorj.
Odio
tanto las manchas de mis dientes, las puto odio, son negras,
horribles, como si fueran susurradores de mis vicios. Debería coger
un alicate y arrancarme los dientes malos, como deberían arrancarme
a mí de esta familia. Mi padre ha decidido deprimido irse a dormir a
las 7 de la tarde porque no soporta verme sentado en el sofá
destrozado. Luego he ido a espiarle con la sonrisita típica de
enajenado mental, y lo he visto muy serio y muy triste intentando
quedarse dormido. Entonces he entendido que tenía miedo y que no
podía mirarme a la cara. Me he puesto muy mal, he cogido una
chaqueta y he salido a la calle a gritar y pegarme con las farolas.
Pero con la mano abierta, como si le diera bofetones a mi madre, que
pegarle con los nudillos duele demasiado.
Estoy
en la casa de mi madre, ella con sus buenos deseos me dice que ha
preparado pescado empanado para mí, que hace frío, mucho viento,
que lo vamos a pasar bien. Pero entonces yo decido comportarme como
un cretino, le miro a los ojos con odio y le reprocho mil estupideces
que ha cometido; y sí, es cierto que mi madre me violó la mente con
pocos años, que me pegaba, insultaba y todas esas delicias
maternales; pero tampoco era tan mala madre. Y, sin ningún tipo de
pudor piso y meo encima de sus buenos deseos, pero ella está
cansada, me entran ganas de llorar, me estrangula con la mirada, pero
estoy tan acostumbrado a ser una auténtica mierda que me da igual,
me trago el llanto y miro con rostro serio, con los ojos de un loco.
Enciendo un cigarrillo y le pregunto arrogante si se va a poner a
llorar como la puta maricona que es. Entonces mi madre pone gesto de
incredulidad, curva la boca y empieza a sollozar. Me pregunta que por
qué le hago tanto daño, le digo que uno cosecha lo que siembra. Su
llanto empieza a aumentar, pero no te confundas, yo también estoy
llorando contigo, al menos no estás sola en eso.
De
vez en cuando me da por pensar en mi madre, y es ahí cuando no puedo
más con mi culpa, y me entran ganas de matarme. Justo como ahora.
Ahora mismo es un momento increíble para matarse. Porque no puedo
con la culpa. Después pienso con terrible dolor en un niño de
cuatro años siendo abofeteado, gritado, insultado tanto hasta que su
mente no es suya. En mí con cuatro años encerrado como castigo
improvisado en el salón, vomitándome encima del pánico que me daba
estar solo, y a mi madre regresando, de su paseo espiritual,
dejándose llevar por su amor gritándome que me trague mi propio
vómito. Me veo a mí mismo y me entran aún más ganas de llorar. No
me lo creo, pero qué marica soy. Y mientras le mantengo la mirada a
ese niño él me mira todavía con más firmeza e intento apartar la
mirada, pero me persigue. Me arrancaría los ojos. Pienso un poco más
en mi madre, en su cansancio, en sus te quiero
agónicos, casi desmayándose por
su propia culpa, y me entran
muchísimas ganas de fumar.
Me pregunto casi derrotado, ¿por qué le doy guerra a una anciana
cuando lo único que suplica es paz?
Después
estoy en el coche de mi padre rumbo a casa llorando porque mi madre
me ha usado otra vez, quejándome mientras él me tranquiliza, sin
dormir tres días, aprovecho
para pedirle perdón por gritarle y montar un escándalo el otro día,
pone gesto de auténtico asco al verme la cara, al verme pronunciar
esas palabras: –ya hablaremos de eso Sergio. Me quedo frío, soy
asqueroso.
Le
digo a mi hermana que tenemos que hablar que es hora de que volvamos
a hablarnos, que ha pasado mucho tiempo y me dice que no tiene nada
qué decirme, que soy su hermano pero que tampoco lo soy tanto. Le
pido, casi suplicando, si puedo, con las pocas monedas que me quedan
de un trabajo que conseguí invitarla a tomar algo y me mira a los
ojos, a los ojos de su hermano, y dice que no lo cree. Siento rabia
dolor y tristeza. Le miro
a los ojos, le pregunto si habla en serio, dice que sí, que no
quiere saber nada de mí. Le
digo que se lo piense, por favor… Entonces
voy a mi cuarto y me muerdo un nudillo para
no armar escándalo mordiéndome a mí mismo el puto cuello como un
depredador, me desvisto cojo
una toalla y me ducho. Me pongo guapo, le digo que estoy listo, que
si se lo ha pensando mejor que si vamos a tomar algo… Me mira con
la misma mirada con la que miro a mi madre. Y finalmente me dice que
va a salir con papá, que van a salir ellos dos solos, que no estoy
invitado.
Luego
pienso que en realidad le debo haber hecho mucho daño para que me
odie de esa manera. Le digo que muy bien, con delicadeza, que lo
pasen bien. Mi padre no dice nada, en el fondo sabe que me lo
merezco. Le digo a mi padre
que se acerque y le susurro: lárgate de una puta vez de mi puta
casa. Cierran la puerta y
empiezo a chillar histérico, a llorar rabioso a reventar la nevera a
cabezazos a patalear, a escupir a maldecir, a llorar solo en la casa
hasta que las cosas se calmen. Yo no quería ser así, mi
madre me ama, mi padre no
puede mirarme a la cara, mi hermana no quiere saber nada de mí. Me
llama por teléfono un pobre infeliz para salir a fumar porros. Le
digo que sí, que nos vemos en la plaza, llego, me pregunta cómo
estoy y le digo que bien. Fumamos hasta que nos entra hambre, le digo
que vayamos a mi casa a comer. Abro la puerta y mi padre y mi hermana
están allí, no los saludo, vamos directos a la cocina, preparo algo
para comer y engullimos. Después
le digo que simplemente se vaya. Más tarde,
varias horas más tarde recibo un mensaje de un desconocido, le digo
que sí, que voy
a su casa, y mientras me folla pienso en mi madre, el tipo jadea,
gime y se vuelve rojo e inmenso, mientras
mi madre llora. Su
polla gorda destroza mi culo
y pienso que me merezco todo
eso. Tengo
ganas de matarme mientras me
dejo violar, pero con
indiferencia le pregunto si se va a correr dentro o en mi cara. Luego
le digo que necesito quince pavos para el taxi, me da un billete de
diez y me largo.
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