Un loco, un psicópata y un esquizofrénico entran en una tienda de antigüedades.
El primero se enamora de la dependienta y convence al esquizo de que ella también escucha voces y que, en realidad, es su novia.
El psicópata observa y después de darse una vuelta por la tienda y ojear unas cosas decide robarle la novia al loco.
El loco se da cuenta y se enfurece y empieza a destrozar la tienda con las manos abiertas.
El esquizo se queda inmóvil, perplejo, acojonado.
Mientras las voces de su cabeza le hacen dudar de todo, termina pegándose con el psicópata.
La dependienta aterrada por ese cóctel molotov sale corriendo de su propio establecimiento y entre gritos de auxilio suplica ayuda.
Unos vecinos ven la escena y rápidamente llaman a la policía que no tarda ni 20 minutos en llegar.
Unos colegas de barrio que fuman hierba se quedan de piedra al ver tanta violencia junta, pero están demasiado de chill y no deciden intervenir.
Por allí hay otro psicópata que observa la escena y al ver que la sangre de su sangre corre peligro se acerca sigiloso hacia los tres amigos y saca una navaja.
Acuchilla al esquizo en la espalda tres veces seguidas y al loco le quita un ojo.
El amigo psicópata observa a su hermano y entre carcajadas le guiña el ojo, después le susurra:
–mira qué cosa tan rica, cómo corre.
Entonces los dos se echan a reír y mientras la policía llega a la escena del crimen, los dos al unísono juegan con la sangre derramada, a fin de cuentas era sangre de su propia sangre.
Luego entre risitas tontas y algo autistas, se miran a los ojos con cierto deseo, y se morrean guarramente.
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